Subasta nº 87: Lote 314 - Un importante retrato de Gutiérrez de la Vega

Si en el panorama de la pintura española de finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX no hubiera existido la obra de Goya, la figura del sevillano José Gutiérrez de la Vega - comparable aquí a Vicente López y con la lección del maestro de Fuendetodos bien aprendida- habría sido, sin duda, uno de los más celebrados pintores, no sólo del panorama español, sino también europeo. Pintor recordado por sus interpretaciones del estilo de Murillo y conocido sobre todo por sus obras religiosas, suaves y agradables en su corrección, se revela también como un excelente retratista, lo que le abrió las puertas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En este campo, Alcalá Subastas presenta una obra de indiscutible calidad, donde el pintor muestra su habilidad técnica y su capacidad para ahondar en la figura del personaje representado, que asimismo reviste particular interés, pues en ese rostro de mirar profundo y labios decididos se percibe una sutileza muy alejada de emociones primarias. Sobre un fondo casi oscuro, destaca la luminosidad de la cabeza y la banda de la Orden de Carlos III (otorgada en 1815) que cruza el pecho, así como los bordados y ribetes del vistoso uniforme de Mayordomo Mayor interino (por fallecimiento de su antecesor) de Fernando VII, animado por las condecoraciones, el Toisón de Oro (recibido en 1816 e investido en 1819) y la orden de Malta. Apenas visible, asoma parte de una llave en la zona trasera de la cintura, distintivo del cargo palaciego.
El cuadro está fechado en 1832 y representa al marqués D. Joaquín de Samaniego Urbina Pizarro y Velandia (1769-1844).
De hecho, el personaje representado no es cualquiera, sino alguien que, en su tiempo, tuvo la llave, no sólo de Palacio, sino también, y simbólicamente, de muchos aspectos de la política de su tiempo, influyendo en el devenir de los acontecimientos. Había contraído matrimonio en 1790 con Doña Teresa de Godoy y Carvajal, miembro asimismo de la alta nobleza.
Un año antes de su muerte, Fernando VII vuelve a interesarse por los liberales, los únicos capaces de defender los derechos de su hija y sucesora Isabel. Al fallecer, su viuda María Cristina de Borbón asume la gobernación y regencia del reino, El marqués, bien introducido en palacio, se gana la confianza de la reina y apoya decididamente a los liberales, siendo confirmado como Mayordomo Mayor, ya de Isabel II, en 1833, momento en que es, “de iure”, máximo responsable del cuidado de Palacio pues, en definitiva, es el custodio de la casa del Rey, cargo que aprovecha para apoyar a la reina, conteniendo a varios elementos carlistas de la Corte y también desde su puesto como Consejero de Estado

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Lote 1

Broche Isabelino a modo de flor con perla entre círculos de cintas onduladas de oro y esmalte con diamantes.

Precio de salida 850€