Subasta 29 Noviembre 2018

Subasta especial de la colección de Joyas Bereberes de Jorge Dezcallar.

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Raquel Moreno - raquel@alcalasubastas.es

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Exposición:
Del 22 al 28 de Noviembre de 2018
De lunes a viernes de 10:30 a 14:00h y de 16:30 a 20:00h
Sábado 23 de noviembre de 10:30 a 14:00h

Subasta 29 octubre a las 18:30h

Viewing days
From November 22 to 28
From Monday to Friday: 10.30 to 14.00h and 16.30 to 20.00h
Saturdays, November 23: From 10.30 to 14.00h

Sale: November 29 at 18.30h




LAS JOYAS BEREBERES DE LA COLECCIÓN DE Jorge Dezcallar.
Las joyas bereberes son las que usan las mujeres de las regiones rurales del Magreb, una enorme extensión de unos 4 millones de kilómetros cuadr5ados encajonados entre el Sahara y los confines mediterráneos y atlánticos del noroeste africano, un territorio sobre el que hoy se asientan Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Mauritania, aunque a los efectos 1que aquí nos ocupan cabe considerar que también se extiende algo mas allá para cubrir las zonas del Sahel donde nomadean los tuareg.
Los bereberes son la población autóctona de África del norte y la verdad es que no se sabe demasiado de sus orígenes. Las primeras noticias sobre ellos nos las dan los extranjeros: Herodoto cuenta que proceden de la dispersión que se produjo tras la derrota de los troyanos y Salustio opina que descienden de los restos del ejército de Hércules derrotado en Hispania. Con may6or rigor científico el historiador marroquí Abdallah Lasroui cree se trata de una mezcla estabilizada en el Neolítico de una raza paleomediterránea antigua y de dos grupos llegados p9osteriormente de Asia por dos rutas diferentes: Uno que viajó por el norte y otro que dio un largo rodeo por África meridional donde “se mestizó con negros”. El primero aportó mayor contribución cultural mientras que el segundo habría sido más numeroso.
También su idioma es un misterio. Sabemos que ya en la antigüedad hablaban una lengua rara, diferente, que los fenicios y griegos no entendían y ese es, precisamente, el origen de su nombre pues bereber procede del bárbaro que es como los griegos llamaban a quienes no comprendían. Hay inscripciones bereberes muy antiguas escritas en alfabeto tifinar que no han podido aun ser totalmente descifradas. Este alfabeto se usa todavía hoy entre los tuareg para hacer amuletos y talismanes de valor cabalístico pues nada mejor que un buen amuleto para parir un hijo varón, evitar la mordedura de una serpiente o escapar de las acechanzas de los genios maléficos.
La región magrebí ha sufrido invasiones desde el albor de los tiempos: primero llegaron los fenicios y cartagineses, luego los griegos, los romanos, los bizantinos, los vándalos, los árabes y finalmente los europeos. Contra todos ellos lucharon los bereberes en defensa de su independencia y de todos ellos recibieron influencias que han dejado huella en su cultura. En eso su pasado no difiere mucho del nuestro. Su gran heroína nacional es la reina Kahena, derrotada por los árabes cuando batallaba al frente de sus tropas en el año 668 y convertida en el símbolo de la identidad nacional bereber. Ibn Jaldún nos cuenta que la conversión de los bereberes al Islam no debió ser fácil y afirma que “entre Trípoli y Tánger apostaron doce veces”.
Fueron bereberes norteafricanos quienes, ya islamizados, constituyeron el grueso de las fuerzas que cruzaron en 711 el estrecho de Gibraltar bajo el mando de Muza y de Tarik, que daría su nombre al Peñón (Gib-al-Tariq). También eran bereberes esos o relámpagos históricos que fueron los almorávides y los almohades. Los primeros vencieron a Alfonso VI en Zalaca (1086) y los segundos nos dejaron la Giralda antes de ser derrotados en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212). Ambos eran fanáticos religiosos, rigoristas e intransigentes que llegaron a pretender prohibir el baile y el cante en Al Ándalus y naturalmente aquello no pudo durar demasiado. En todo caso, los bereberes permanecieron con nosotros 800 años, se hicieron español y solo volvieron a cruzar el Estrecho cuando los Reyes Católicos echaron de la península al último rey nazarí de Granada en 1492. Los que todavía quedaban sin cristianizar fueron expulsados por Felipe III en 1609 tras la rebelión de las Alpujarras, por temor a qu3e ayudaran a un desembarco turco en un país donde todavía estaba muy vivo el recuerdo de Lepanto (1571). Los expulsados no lo pasaron nada bien pues bebían vino, tocaban la guitarra y bailaban flamenco, lo que no les hacía ser bien vistos entre las poblaciones más puritanas del norte de África. Vivieron así un gran drama pues España les consideraba malos cristiano y el Magreb los veía como musulmanes sospechosos. Ola historia de un grupo de ellos que fundaron una república corsaria en Salé (actual Rabat) ha sido estudiada con cariño por Gonzálbes del Busto. Los descendientes de los que a pesar de todo lograron quedarse en la península siguen hoy entre nosotros y han contribuido, como tantos otros, a ese esplendido mosaico de culturas que llamamos España.
Valldemossa es un topónimo árabe, Wadi Mussa, el valle de Moisés, y con seguridad fue poblada por esos norteafricanos conquistadores que trabajarían y cultivarían nuestros campos con las más avanzadas técnicas de irrigación de la época traídas de las estribaciones del Atlas. En su libro “Valldemossa: Historia, Mitos y Tradiciones”, Trías, Muntaner y Lladó afirman que “el sistema hidráulico mallorquín fue introducido por las comunidades árabes que ocupaban la isla”. Con el levante peninsular y también con las costas de Berbería mantendría estrechos contactos la Madina Mayurqa bajo el dominio de los Beni Ganiya, que eran almorávides, y es muy probable que en aquellos tiempos las mallorquinas de los siglos X al XIII se adornaran con joyas muy p0arecidas, si no iguales, alas que todavía hoy llevan las mujeres bereberes. La influencia cultural de los musulmanes en nuestras tierras se prolongaría en el tiempo y baste recordad que fue junto a Valldemossa, en Miramar, donde nuestro Ramón Llull instalaría su famosa escuela de estudios orientales. La relación continuaría aun después, aunque de mala manera, debido a las incursiones de los piratas berberiscos sobre poblaciones costeras de nuestra isla que tan bien ha estudiado Gonçal López Nadal hasta el punto de que lugares como Andratx, Pollença y la propia Valldemossa fueran asaltadas y pilladas en el siglo XVI. La misma peripecia personal de la valldemossina Catalina Thomás no sería ajena a estos sobresaltos. Como recuerdo de esas incursiones nos quedan hoy esas torres de vigilancia sobre las que ha publicado un documentado estudio Juan González de Chaves Alemany. Claro que los baleares tampoco eran mancos y Antonio Barceló, gran marino mallorquín fue el azote de estos piratas ya en el siglo XVIII. En Ibiza hay uno monumento al corsario, lo que es bastante singular.
El otro elemento de relación de estas joyas con la tierra mallorquina viendo del hecho de que sus autores eran siempre orfebres judíos porque en la mentalidad bereber al trabajo de los metales se vinculaba y se sigue vinculando hoy con las fuerzas que desde el centro de la tierra rigen el fuego y las tinieblas y por esos los buenos musulmanes consideraban ese trabajo impuro ya que se creía que para dominarlo era preciso un pacto con el diablo o, al menos, con los genios que dominan el mundo subterráneo (yenún). Aun hoy en día el oficio de herrero es infamante en muchos países árabes. La consecuencia es que los orfebres eran y han seguido siendo hasta la fecha casis siempre judíos, gentes humildes con un pequeño taller trashumante que iban por esos montes y oasis de Dios a lomos de asno o un ratito a pie y otro andando, ofreciendo su mercancía de aldea en aldea. Así ha sido hasta hace muy pocos años cuando los judíos norteafricanos han emigrado en masa hacia el estado de Israel como consecuencia de una atractiva política de inmigración puesta en marcha por las autoridades del Tel Aviv. Al no haber ya quien los fabrique, su marcha es otra de las causas de la desaparición de estos adornos étnicos cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos.
Los bereberes eran y son aún hoy campesinos pobres en su mayoría y por eso sus joyas casi nunca son de oro sino de plata, que tiene un color lanco que ellos asocian con la pureza y que afirman que ayuda a evitar el reumatismo, aunque no parece que esa deba ser una enfermedad muy común en las zonas desérticas o montañosas. Más probable es la asociación con el reflejo lunar portador de buena suerte. Pero todo esos suena un poco como la fábula de la zorra y las uvas y cabría concluir que, en todo caso, los bereberes tienen joyas de plata porque son pobres y el oro esta fuera de su alcance. El oro solo aparece en algunas diademas de Rissani porque allí llegaban las caravanas que lo traían de Tombuctú a través del desierto y en unos colgant4es en forma de disco que usa una comunidad bereber que quedó aislada en el lejano oasis de Siwa, en Egipto, famoso por un oráculo que se empeñó en visitar el mismo Alejandro Magno. Pero pobreza no quiere decir que no haya sofisticación y simbología en los diseños, antes al contrario.
Mi interés por estos adornos étnicos bereberes comenzó cuando pasé unos años en Marruecos como embajador de España. Allí me encontré con fíbulas que incorporaban como elemento esencial de su decoración “duros” españoles con las efigies de Isabel II, la Primera República, Amadeo de Saboya, Alfonso XII y Alfonso XIII e, incluso, algunas anteriores de Carlos III y Carlos IV. Aquello despertó mi interés y me descubrió un nuevo elemento de vinculación entre España y Marruecos profundamente enraizado en la tradición popular. Y fue así como comencé mi colección, que me llevó a descubrir rincones inéditos en un país de gran personalidad. De las fíbulas pasé poco a poco, a otras joyas, al tiempo que también extendía mi campo de acción a geografías más amplias aunque siempre dentro del mundo rural bereber y de su cultura.
En todo el mundo las joyas cumples varias funciones y lo mismo ocurre con las que usan los bereberes:
En primer lugar las joyas se llevan porque afirman la identidad de su portadora al señalar su pertenencia a una tribu o aun clan determinado, al igual que ocurre con el vestido o los tatuajes, estos ultimo cada día mas infrecuentes. Las joyas y la forma de llevarlas dicen mucho sobre el origen geográfico, el estatus social y el estado civil (casada, soltera o viuda) de su portadora. Incluso algunas, como el adwir de las caviles, pueden dar información sobre el hecho de ser o no madre de un hijo varón según el lugar donde se luzca. Las joyas tienen así un fuerte sentido identitario y de pertenencia tribal. Los hombres no las usan, salvo en forma de anillo es incrustaciones sobre sus gumías (puñales), las empuñaduras de sus sables y las culatas de las espingardas. Los tuareg usan también brazaletes de piedra y la llamada cruz de Butilimit o cruz del sur, que los padres entregan a los hijos cuando llegan a la mayoría de edad mientras les dicen con bonita jaculatoria: “Hijo mío, te doy las cuatro direcciones”.
En segundo lugar, las joyas sirven para embellecer. Los artesanos judíos son los que fabrican las joyas y también son hombres quienes las compran, peor las mujeres pueden intervenir en su diseño dando instrucciones sobre la manera en la que desean combinar los corales, las conchas, las monedas de plata y las bolas de ámbar en los collares o diademas. En ocasiones las joyas incorporan colgantes que tintinean al caminar atrayendo la mirada y la atención de los hombres a la vez que asustan a los malos espíritus (algo que ya conocían el tintinabulum de los romanos) y otras veces llevan receptáculos en los que se meten algodones perfumados con esencias como clavo, áloe o almizcle. En zonas de Túnez, Argelia y Libia es frecuente que las campesinas usen collares hechos enteramente con pastas perfumadas que sólo pueden llevar las mujeres casadas y siempre en presencia de sus maridos, estando terminantemente prohibida su utilización a viudas y a vírgenes porque se cree que su penetrante aroma podría hacerles perder el juicio.
Es curioso que las mujeres bereberes no valoren la antigüedad de las joyas, hasta el punto de que estas se vendían en algunos casos a peso sin tener para nada en cuenta edad, su diseño o el trabajo manual y artístico que llevan incorporado. A las campesinas les gusta más una joya nueva, reluciente y al estilo de lo que ven en televisión, que otra bruñida por el uso y la televisión se encuentra se encuentra hoy en los más apartados duares de las montañas o del desierto, donde a falta de corriente eléctrica funciona con la ayuda de pequeños generadores. Por esos no dudan en llevar al artesano sus joyas antiguas para que las funda en el crisol y haga con sus restos otras nuevas y a ser posibles muy brillantes, para lo que suelen añadir un poco de azufre a la plata. Esta destrucción voluntaria es otra razón para la desaparición de estos adornos cuyos diseños se pierden en la noche de los tiempos y para que cada vez sea más difícil encontrar piezas antiguas.
En tercer lugar, las joyas b3ereberes tienen una clara función utilitaria pues sirven para sujetar los vestidos y paños con los que las mujeres se cubren en una tierra que desconocía botones, velcros y cremalleras. Se usa así el sistema tradicional que tiene siglos de antigüedad y que no es otra que la forma con la que los griegos sujetaban sus clámides y los romanos sus togas. O los bizantinos y los godos sus capas. Así, por ejemplo, las fíbulas se usan para fijar el haïk o manto mientras que las diademas y pesados pendientes sostienen el rebozo en su lugar. Ocioso resulta afirmar que con la difusión de los trajes de corte occidental y con la desaparición de los tocados, estas joyas pierden su razón de ser y caen en el olvido, se venden o se guardan en el fondo del arcón familiar de donde solo salen para engalanar ceremonias pintorescas y tradicionales como las bodas.
En cuarto lugar, las joyas son una autentica inversión económica pues se compran en años de bonanza y pueden venderse en años de escasez, como cuando la cosecha es mala, para ayudar a la familia a salir de apuros. Para la mujer son una garantía de futuro en caso de viudedad o de repudio por el marido, no difícil de obtener con arreglo a la ley islámica. Para ella sus joyas son como llevar los ahorros encima y no es extraño ver por montes apartados a mujeres pastoreando el ganado y ataviadas con gruesas cadenas de plata o pulseras del mismo metal pues procuran no separarse nunca de su patrimonio. Robar a una mujer sus joyas es como robarles sus futuro y por eso es algo que está muy castigado en la sociedad bereber, aunque desgraciadamente a veces sucede y por eso en ocasiones las mujeres tienen brazaletes de diseño claramente defensivo, como los cargados de pesadas y agresivas puntas en boga entre las mujeres de la tribu Akka, en el sur profundo de Marruecos, ya al borde de la estribaciones saharianas. De todas formas en caso de divorcio no es extraño que el marido se quiera quedar con las joyas por lo que hoy en día muchas mujeres estipulan en el contrato matrimonial que serán para ellas en caso de separación conyugal.

En quinto lugar las joyas se usan porque tienen un valor mágico de carácter tanto profiláctico como apotropaico y protegen contra los yenún, una especie de diablillos maléficos que fueron creados por Dios a l igual que los ángeles y los humanos, aunque en su caso se usó para ello “fuego ardiente”. Son invisibles y pueden adoptar figura humana o de animales, lo que hace difícil reconocerles. Su tarea principal es complicar la vida de las personas, en particular la de los más débiles, como los niños y las mujeres, que necesitan protegerse de ellos en todo momento y en particular en nacimientos y bodas. Contra ellos todas las precauciones son pocas y las joyas proporcionan buena seguridad debido al simbolismo mágico que incorporan en muchos casos. Estos diablos pueblan un universo mental animista muy primitivo que ha sobrevivido a la islamización y son tan malos y dañinos que los bereberes no se atreven a pronunciar sus nombres (que los tienen) y se refieren a ellos como “esos otros”. Se pueden aparecer bajo forma de seres humanos o como animales, vientos, aguas o fuegos y viven en preferencia en ruinas, grutas o manantiales aunque tampoco desprecian los grifos y los desagües caseros. El espíritu más temido es el de Aicha Kandicha, que se presenta bajo apariencia de una bella mujer y que tienta a los hombres para luego destruirlos. Afortunadamente es posible descubrirla si uno no pierda antes la cabeza y mantienen un mínimo de capacidad de observación porque tiene pies de camella…
Las joyas son de gran utilidad para proteger contra estas amenazas tan difusas como ciertas y en ocasiones incluso se especializan, como es el caso de la que muestra el dibujo de un alacrán, que se considera que protege contra la mordedura de ese animal, mientras que se cree que el coral, de color rojo de la sangre, evita las hemorragias. Otras joyas con dibujos de ranas o peces se asocian a la idea de fertilidad, al igual que sucede con las que incorporan cauríes, especies de pequeños caracoles marinos, de gran uso en los adornos de muchos países africanos hasta el punto de que en algunos se utilizaban como monedas.
Las joyas también protegen contra el mal de ojo, que proviene de la envidia y puede penetrar por los orificios del cuerpo y los bereberes creen que los extranjeros, y en particular los de ojos azules, son sus portadores privilegiados. Por eso con frecuencia las mujeres se cubren el rostro al toparse con un forastero, en parte por modestia pero también por precaución. Las joyas con cabujones centrales, al estilo de uno ojo, o que incorporan de alguna manera el numero 5 son las armas más eficaces contra este mal. Sobre el poder mágico de los números volveré más adelante.
La variedad de estas joyas es asombrosa: Desde fíbulas para sujetarte los vestidos, hasta diademas, pendientes, collares, adornos o para trenzas, pectorales, pulseras, anillos, cinturones y ajorcas. También son variados los materiales empleados: Plata, ámbar, coral, copal, perlas, pastas aromáticas, caracoles marinos, malaquita, granate, calcedonia, bolas de pasta de vidrio o ebonita y piedras semipreciosas sin desde4ñar otros materiales en las más humildes como plástico, botones, imperdibles, llaves etc. el limite lo marca la imaginación del orfebre, aunque hay una tendencia a usar diseños repetidos en cada tribu como signo de identidad.
Su factura es también muy variada y va desde la elegante austeridad de la plata moldeada en el Rif que en muchos casos incorpora monedas españolas del siglo9 XIX o anteriores, hasta llegar a la abigarrada profusión de los adornos de los haratín (descendientes de antiguos esclavos negros) del valle del Draa, en el sur de Marruecos, que usan con prodigalidad coral, ámbar, conchas y bolas de vidrio o de plata en un conjunto colorista que parece querer mostrar al mundo el gozo de su recuperada libertad. La plata calada es la especialidad del Aurès argelino mientras que las piezas muy pesadas, macizas y más toscas son propias del oeste tunecino en contraste con la finura y riqueza de las diademas de la costa oriental de este mimo país. En Essouria se usan las técnicas de la filigrana y el granulado mientras que el esmalte solo se hace en el sur de Marruecos (Tiznit), la Cabilia (Argelia) y Yerba (Túnez) y procede de la península Ibérica, donde tanto visigodos como árabes dominaron con soltura la difícil técnica de su ejecución.
El esmalte llegó al Magreb con los judíos expulsados de España y aunque en su origen fue una técnica ciudadana, pronto se extendió también a las zonas rurales. Seguramente las joyas más refinadas las llevan los Ait Ouaouzguit, del Alto Atlas, mientras que los Ait Segrouchen utilizan la técnica hoy casi abandonada del nielado, que es una especie de esmalte negro muy elegante hecho con sulfuro de plomo.
Una característica particularmente interesante de estas joyas es su rico simbolismo, desgraciadamente muy poco estudiado y menos conocido ya que en buena medida es ignorado por sus propias portadores, que asocian una joya con un efecto determinado por tradición pero sin saber realmente la razón que en muchos casos se pierde en la noche de los tiempos. ¿Quién sabe hoy en día que la figura del triángulo, tan frecuente en numerosas fíbulas, es una estilización del pubis femenino y por tanto incorpora la idea de fecundidad y fertilidad desde que los fenicios llevaron a Cartago (en la actual Túnez) el culto a la diosa-madre Tanit, así representada?
Este simbolismo ha sido reforzado por el hecho de que el Islam no favorece las representaciones figurativas, aunque en el mundo bereber sea frecuente la utilización de animales como fuente de inspiración, al igual que se hace con el mar, el sol, la luna, las estrellas y la misma lluvia, que son objeto de abstracciones muy imaginativas. Loa animales son muy importantes en el imaginario bereber, que cree que el alma escapa del cuerpo en forma de abeja que soñar con un águila presagia un incendio, que la lechuza es la metamorfosis de una mujer celosa, que una piel de serpiente sobre el vientre facilita el parto, que un baño con anguilas –símbolo fálico por excelencia- cura la esterilidad y así hasta el infinito. De igual manera, la imagen de la serpiente se porta para evitar su mordedura, los peces se asocian con la porque ponen muchos huevos, la paloma representa el amor de la pareja, la tortuga protege a su portadora al igual que se defiende de las inundaciones con su caparazón y el lagarto que se calienta al sol representa el alma humana en busca de la luz y la verdad. Son solo algunos ejemplos de una rica tradición, por más que no exista un diccionario aceptado por todos y para todos los casos. La tradición y la propia intuición tienen un papel importante en este mundo.
También las plantas tienen su significado, que se asocia con la imagen del paraíso con frutos y aguas abundantes en contraste con la dureza de la vida diaria entre arenales y pedregales. La palmera vincula su verticalidad con el deseo de inmortalidad mientras frutos como la granada transmiten la idea de la germinación y de la vida. En ocasiones la palmera se representa invertida con sus raíces sorbiendo la sabiduría celeste.
Los colores tienen un papel importante en esta simbología: El rojo del coral se asocia con la sangre que vivifica, con el hombre y la vitalidad, mientras que el amarillo del ámbar representa el sol y el fuego, se vincula con el poder y la riqueza y, más prosaicamente, se cree que cura los resfriados. El verde de los esmaltes es el color de la paz y del Islam en la mística sufí mientras que el azul tiene menos aplicaciones porque se relaciona con la mirada de algunos extranjeros que trae mal de ojo. El negro se vincula, como en todos sitios, al mal y las tinieblas: El Tlemcen se aseguraba un buen parto manteniendo una gallina negra en la casa a partir del séptimo mes cuando nacía la criatura la mujer más vieja de la casa cogía la gallina y la soltaba en el mellah (barrio judío) porque se creía que con ella se iban todos los genios malos que pudiera haber en el hogar… que quedaban sueltos entre los pobres hebreos para hacer de las suyas. El blanco es mucho más atractivo pues es un color considerado benéfico y así blancas son las cúpulas de los morabitos donde están enterrados los hombres santos y blancas las chilabas de los viernes. Al igual que en Andalucía, existe en el Magreb la costumbre de enjalbegar las casas todos los años con blanca cal. El blanco aleja a los demonios, cura el reumatismo, desvía la mirada dañina de la envidia y favorece la descendencia. Al loco se le cubre con una tela blanca para protegerle del espíritu que se ha apoderado de él. Los Cohen son unos santos judíos junto a cuya tumba, próxima a Marrakech, hay un estanque con tortugas: Las personas estériles matan un cordero o un gallo blanco y lo arrojan al estanque y luego se untan los dedos de los pies con pasta de harina y los meten en el agua. Se afirma que si las tortugas los lamen tendrán hijos. Por cierto que su tumba es venerada por judíos y musulmanes por igual y en esto nos parecemos los españoles a los magrebíes, en que ambos tenemos multitud de intermediarios entre Dios y el hombre en forma de santos, santones y morabitos a los que pedir las cosas más variadas, desde salud a lluvias, desde una buena cosecha a muchos hijos o un buen novio, en lo que constituye una diferencia importante con el Islam Wahabita de Arabia Saudita y su radical interpretación de la unicidad divina.
Pero sigamos con el color blanco presente en la plata de casi todas las joyas: La novia debe dar una moneda de plata para colocar debajo del molinillo de triturar los granos de sémola del cus-cús, que queda así bendecido. Otras veces se mete una moneda en la babucha derecha de la desposada al final de la fiesta de la henna, con el objeto de asegurar la descendencia gracias al contacto de su pie con el blanco purificador de la plata. También existe la costumbre de introducir la pulsera de plata en una jarra de leche que beben los novios para garantizar un matrimonio feliz.
Se cuenta que en la tribu de los Ida Ou Kensouss, en pleno Anti Atlas marroquí, se celebraba en tiempos pretéritos la llegada de la primavera con una antigua ceremonia de tipo orgiástico en la que una joven totalmente vestida de blanco, montada sobre una burra blanca y con una gallina también blanca en las manos se unía tras un simulacro de pelea con un joven que vestía de blanco, llegaba a la fiesta a lomos de un asno blanco y portaba en la mano un gallo también blanco. Luego el resto de los convecinos se añadían a la fiesta con el jolgorio fácil de imaginar.
También se relaciona el color blanco con la luna, que en las joyas se representa con mucha frecuencia en la forma de un creciente. La luna tiene mucho que ver en todas las culturas con los ritos de fecundidad que propicia el sol blanco de la noche, tan vinculado a los propios ciclos femeninos.
Los números y la geometría también tienen un papel muy importante tanto en la vida como en la joyería bereber: El triángulo o un simple círculo representa a la mujer, mientras que el hombre se dibuja con un tridente invertido como símbolo fálico. Una línea quebrada puede significar montañas o una serpiente, mientras que una línea ondulada representa un rio o el mar y múltiples puntos recuerdan las gotas de la lluvia vivificadora o los innumerables huevos de un pez en clara referencia a la fecundidad. El cuadro es la tierra con sus cuatro puntos cardinales y el cinco es el número mágico por antonomasia pues recuerda a los deberes de todo buen musulmán: La profesión de fe, la plegaria, la limosna, el ayuno y la peregrinación a la Meca. Se representa habitualmente en forma de Jamsa (literalmente, cinco) o Mano de Fátima que muchas mujeres cuelgan del cuello a modo de medalla que conjura y detiene la mala suerte. A veces esta toscamente pintada en la entrada de chozas humildes y otras veces tiene dimensiones descomunales y pende de las grandes lámparas de las mezquitas. Admite formas muy estilizadas y tanto puede representarse como dos pulgares como con cuatro dedos o con seis. También se abstrae en un simple rectángulo o en forma de trébol de cuatro hoyas y entonces recibe el nombre de Fulet Jamsa, muy utilizado en la joyería marroquí. En todo caso parece que la mano es un símbolo muy primitivo y común a muchas culturas del que se habría apropiado el Islam. Por ejemplo en el Tassili argelino se han encontrado grabados rupestres con perfiles de manos conseguidos espolvoreando pigmentos en derredor, en una de las representaciones más frecuentes y universales del arte prehistórico.
Otros números con gran fuerza simbólica son el 9, que representa los meses de la gestación humana y que aparece con frecuencia en los pendientes “tizadad”, muy populares en la zona costera entre Essouira y Agadir, y el número 40, que desde la más remota antigüedad se vincula con los ritos de duelo y germinación. Los israelitas vagaron 40 años en busca de la Tierra Prometida y el mismo Cristo se retiró 40 días a orar al desierto. También los chiitas de Kerbala celebran un duelo de 40 días por la muerte de Hussein, nieto de Mahoma. El caso es que el número 40 aparece con frecuencia en los adornos bereberes, como ocurre con las diademas de Tinerhir compuestas por dos segmentos de 20 anillas de plata montados en crin o cuero y con un adorno central de coral o ámbar. También aparece en el número de bolas de granalla que bordean los broches “tabzimt” de la Gran Cabilia.
La variedad de las joyas bereberes es asombrosa y es una pena que el mundo moderno esté a punto de acabar con ellas con lógica irrefutable. Ni quedan ya artesanos judíos ni las mujeres parecen hoy apreciar unos diseños antiguos adaptados a vestuarios y necesidades que ya no existen. A mayor abundamiento, las campesinas asocian estas joyas con la pobreza ancestral en que han vivido y prefieran las modas y los diseños importados desde las grandes ciudades que conocer por vía de la emigración y de la televisión.
Por eso vale la pena rescatar y conservar estas joyas con mimo, porque en su modestia y rusticidad son testigos mudos de un mundo y de unas ricas tradiciones a punto de desaparecer por la marcha imparable de la Historia que hace que, afortunadamente, al otro lado del Estrecho de Gibraltar ya no exista hoy el “país inmóvil y cerrado donde la vida sigue hoy igual que hace mil años” que describía Pierre Loti hace un siglo, sino un espacio dinámico y abocado a un mayor bienestar para sus ciudadanos que tratan de conciliar, no sin dificultades, tradición y modernidad.

Jorge Dezcallar



BERBER JEWELS
This collection of Berber Jewels is a manifestation of admiration
and respect for a country that I love and where I have spent
some years of my life.
Berbers are the native people of the Maghreb, a vast territory of
about 4 million square miles covering from the confines of the
Sahara to the coasts of the Mediterranean Sea and the Atlantic
Ocean, in the North Western tip of Africa.
Fiercely independent, Berbers have always fought against
Phoenician, Roman, Byzantine, Vandal and Arab invaders who
nonetheless left traces in their culture. Later on, Berbers
embraced Islam and served as warriors in the Aran conquest of
the Iberian Peninsula.
Nowadays Berbers represent 40% of the population in Morocco
and 25% in Algeria, with smaller percentages in Tunisia, Libya
and Mauritania. Trough centuries, Berbers have preserved their
language and traditions. The jewels in this collection are part of
their ancient and sophisticated culture.
Jewels were worn by Berber women for four main reasons:
-Aesthetical and practical value: As everywhere in the world,
jewels help to highlight the beauty of those who wear them. In
the Berber society they are also useful to fasten dresses (fibulae)
or head ornaments.
-Magical value: jewels protect. They bring good luck and keep
away bad spirits in a society where animism is always present. In
order to do so jewels incorporate a rich symbolism associated to
colors, numbers, shapes and drawings whose origin has often
been lost in the mists of time.
-Identity value: in Berber culture, as in other traditional societies,
clothing, hairstyles, tattoos and jewels provide a great deal of
information on the tribe, clan, social class and marital status of
women wearing them.
-Pecuniary value: Jewels are brought by men in times of
prosperity but are owned by women and can be sold when there
is a bad harvest. Jewels represent a life insurance for women
should they become widows or be rejected by their husbands
and this is why in Berber societies it is considered a particularly
grave crime to steal these jewels.
Nowadays modernization, migration to cities and the influence of
foreign fashions are ending with this rich heritage.

Jorge Dezcallar


LES BERBÈRES
Cette colléction est une manifestation d’admiration et de respet
pour un pays que j’aime et où j’ai passé plusieurs années.
Les Berbères don’t les habitants originels du Maghreb, un
immense espace d’à prueba près 4 millions de kilomètres Carré
quizás s’étend entre les limites du désert du Sahara Etiopía les
côtes méditerranéenne et atlantique de l’extrème nord-occidental
de l’Afrique.
Les Berbères song férocementr indépendants et se don’t
toujours batts Contreras les envahisseurs phéniciens, romans,
Byzantine, vándalos et Árabes, bien que crux-ci siento laissé des
empreintes dans leer culture. Aprés l’islamisation, is devinrent la
force de choc des árabes dans la conquête de la péninsule
ibérique l’année 711.
Aujord’hui les Berbères constituent un 40% de la population du
Marco, un 25% de calle de l’Algerir et des pourcentages
inférieurs pour laTunisie, la Libye et la Mauritanie.
Tout su long des siècles et depuis le haut de leur montagnes, les
berbères ont conservé leur langue et leurs traditions. Les bijoux
offerts à présent montrent cette histoire et font partie de cette
culture ancienne tandis que leurs designs se perdent dans la nuit
du temps.
Les femmes Berbères Sontag fières de ces bijoux qu’elles
portent pour les raisons suivantes:
- Valeur Esthétique: Comme partout ailleurs, les femmes
berbères veulent s’embellir
- Valeur Pratique: Quelques bijoux ont un sens éminenment
pratique et c’est ainsi que les fibules, déjá connues par les
grecs et les romains, continuent à être utilisées dans les zones
rurales pour soutenir les vêtements.
- Valeur Magique: C’est très important dans un monde où
l’animisme est toujors très fort. Les bijoux ont ainsi un valeur
prophylactic et apotropaïque dans le sens que tantôt ils
attirent la fortune pour celles qui les portent tantôt ils eloignent
les mauvais esprits porteurs de maladies, de malheurs et
d’ensorcellements. Dans ce sens-là, ils incorporent dans leurs
designs un riche symbolisme associé á des couleurs,
nombres, formes,et dessins dont l’origine se perd dans la unit
des temps et qui est á présent méconnu.
- Valeur Identitaire: Dans le monde berbère, Tel que se passé
dans d’autres societés traditionnelles, les vêtements, la
coiffure, les tatouages, et les bijoux donnent beaucoup
d’information sur l’appartenance au clan ou á la tribu, sur le
niveau social et même sur le statut personnel de la femme qui
les porte et sa qualité de mariée, celibataire ou veuve.
- Valeur Pécunaire: Les hommes achétent les bijoux pendant les
périodes d’abondance et peuvent ainsi les vendre dans les
occasions difficiles, telles que les années de mauvaise récolte.
Mais les bijoux appartiennent aux femmes et deviendront leur
assurance de vie en situation de veuvage ou de répudiation
par leur mari. Voilà pourquoi dans la societé berbère Le vol des
bijoux d’une femme se considère un délit particulièrement
sérieux et il est sévèrement puni.
Malhereusement, ces bijoux extraordinaries sont aujord’hui en
train de disparaître devant la modernisation, les migrations vers
les villes et l’influence de modes étrangères.

Jorge Dezcallar

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Lote 1

Broche Isabelino a modo de flor con perla entre círculos de cintas onduladas de oro y esmalte con diamantes.

Precio de salida 850€