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465. FRANCISCO RIZI (1614-1685)La flagelación de San Jerónimo.
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PINTURA ANTIGUA

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FRANCISCO RIZI (1614-1685)La flagelación de San Jerónimo.

Óleo sobre lienzo. 170 x 130 cm. Inscrito en el reverso: “D. Alonso Venegas”. Francisco Rizi, amigo de composiciones plenas de movimiento e inestabilidad, pinta a san Jerónimo (Dalmacia, c. 340- Belén, 420), uno de los doctores de la Iglesia de Occidente, en su retiro en el desierto casi tumbado en el suelo, y semidesnudo. Por haberse complacido en la lectura de libros de Cicerón es azotado por tres enviados seráficos, uno de los cuales pisa uno de los libros; otro libro parece que es arrebatado de las manos del santo por un ángel menor. En la parte inferior de la composición, aparecen sus símbolos tradicionales: el capelo cardenalicio y la calavera, el león y su traducción de la Biblia del hebreo y del griego al latín, encargo del papa Dámaso I, llamada Vulgata (vulgata editio, edición divulgada). INTRODUCCIÓN: Francisco Rizi es, sin duda, uno de los grandes maestros del barroco español. Hijo de Antonio -venido al Escorial con Federico Zúcaro- y hermano de Fray Juan Andrés, se educó con Vicente Carducho, de quien llegó a ser uno de los más aventajados discípulos. Colaborador con Cano, Arias, Leonardo o Polo, sus primeras obras muestran la lógica deuda con los modelos naturalistas de su maestro, para ir poco a poco despegándose de ellos y buscando un lenguaje propio, de pleno barroco, cargado con un movimiento y expresión nuevos, siguiendo de cerca los ejemplos directos de Rubens y de Tintoretto, fundamentalmente. Nombrado pintor del Rey en 1656, para darnos cuenta de la talla de su pintura, quedaría mencionar algunos de sus discípulos: Antolínez, Escalante y Claudio Coello. Los lienzos que presentamos, probablemente realizados en la década de 1670, son verdaderamente excepcionales no sólo por el tamaño y composición de los mismos sino sobre todo por la libertad, soltura y vibración de su pincelada, y un refinamiento verdaderamente sorprendente de colores, que muestra a las claras su filiación. Teniendo las mismas medidas y la misma procedencia, si hacemos caso a la inscripción en el reverso que habla de que “D. Alonso Venegas redifico esta Yglesia y dio estos quadros año de 1749”, debemos pensar que pertenecerían a un mismo retablo probablemente. La conexión entre los santos representados, Jerónimo y Antonio, no está clara salvo que ambos se retiraron al desierto y ambos sufrieron pacientemente. En 1650, Rizzi pintó el retablo del Convento de la Paciencia de los Capuchinos de Madrid, para cuyo altar pintó el conocido e impresionante Expolio (1651) y una Inmaculada, entre otras obras. Quizá formaran parte del retablo de la Capuchinas de Plasencia, firmado en 1678, o de otro cuya existencia ignoramos.