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1017. ESCUELA MEXICANA, H. 1700
Virgen de Guadalupe con flores y ángeles y una vista la ciudad de México con la Basílica Guadalupe en el Cerro de Tepeyac
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PINTURA ANTIGUA

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ESCUELA MEXICANA, H. 1700
Virgen de Guadalupe con flores y ángeles y una vista la ciudad de México con la Basílica Guadalupe en el Cerro de Tepeyac

Óleo sobre lienzo (en su tela original). 125,5 x 93,5 cm.
Con marco romano de finales del siglo XVII.
 
PROCEDENCIA:
Aquirido por Joan Bennassar Fontiroig por herencia de su abuela, Catalina Fontirroig Costa. Catalina, lo recibió en herencia de un pariente dominico, que lo recuperó cuando se destruyó el Convento de los Dominicos de Palma.
 
Tanto Bennasser como los Fontirroig fueron dos de las familias nobles de Mallorca durante siglos. En ambas, se encontramos figuras de alcanzaron importantes puestos militares como eclesiásticos en la Orden de los Dominicos.
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
 
Gran enciclopedia de Mallorca. 1914, pág. 76-78 y 201-202.
José María Bover. Nobiliario mallorquín.
Francisco Montes González, "Sevilla guadalupana. Arte, historia y devoción", 2019, pág. 90-91, 147, 200-209.
María Pilar Sastre Alzamora.El desaparecido convento de Santo Domingo de Palma. Ensayo de sistematización de su patrimonio histórico-artístico.
 
La devoción de la Virgen de Guadalupe, surgió en el momento que se conoció el relato de su milagrosa aparición en la colina de Tepeyac al campesino Juan Diego. Es un potente símbolo cultural y religioso, no sólo en México sino en toda América Latina y Filipinas, convirtiéndose en un instrumento devoción, fuente de inspiración para artistas, poetas y escritores a lo largo de los siglos.
En el centro de la composición, La Virgen de Guadalupe con las manos juntas en oración, cabeza inclinada, ojos bajos y tez oscura. Viste un manto azul tachonado de estrellas con los bordes dorados y túnica con adornos dorados, se alza sobre una media luna, símbolo de castidad. Un ángel con los brazos abiertos la mantiene en lo alto. La rodean un halo dorado y una cascada de flores, completan la composición un conjunto de ángeles danzantes. Las flores, hacen referencia, al milagro de la tilma de Juan Diego. En la parte inferior, inserto en una cartela en rocalla, la vista del cerro de Tepeyac y sus alrededores donde tuvo lugar la aparición de la Virgen a Juan Diego.
La tipología de esta Guadalupana, responde a la composición clásica que el pintor Juan de Correa, que proliferó de forma abundante en el comercio artístico transatlántico durante el segundo tercio del siglo XVII.
A relacionar con la Virgen de Guadalupe, atribuida a Manuel de Arellano, conservada en la Iglesia de San Felipe Neri de Palma, con la que se aprecian varias variantes, y que conserva el mismo marco que la obra que presentamos. En la misma iglesia, otra pintura de la Virgen de Guadalupe firmada por Miguel Correa, h. 1714. Manuel de Arellano, estuvo al frente de un importante taller en colaboración con su padre Antonio, entre los años 1692 y 1721. Aportó, nuevas soluciones estéticas al prototipo de Guadalupana creada por Correa, como los ojos almendrados y entreabiertos de la Virgen, su sonrisa simulada, los angelotes danzantes con tipos anatómicos algo grotescos, así como el abundante entorno floral, limítrofe a la mandorla de nubes. No descartamos la posibilidad que la obra pudiera estar pintada por uno de los aprendices del taller de Arellano, Antonio de Santillan o Juan Antonio Tamayo y Santoyo.