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785. ACISCLO ANTONIO PALOMINO Y VELASCO (Bujalance, Córdoba, 1655-Madrid, 1726)
La Rendición de Córdoba ante Fernando III y La Aparición de San Rafael al venerable Roelas
Dos bocetos en grisalla para la capilla de Santa Teresa de la Catedral de Córdoba, también conocida como capilla del Cardenal Salazar
H. 1712- 1713
Categorías
PINTURA ANTIGUA

Precio salida

40.000 €

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Descripción del lote


ACISCLO ANTONIO PALOMINO Y VELASCO (Bujalance, Córdoba, 1655-Madrid, 1726)
La Rendición de Córdoba ante Fernando III y La Aparición de San Rafael al venerable Roelas
Dos bocetos en grisalla para la capilla de Santa Teresa de la Catedral de Córdoba, también conocida como capilla del Cardenal Salazar
H. 1712- 1713

Dos óleos sobre lienzo pintados en grisalla. 73 x 39 cm y 72,5 x 40 cm.
 
Procedencia:
Antigua colección particular de Buenos Aires.
Adquiridos por el propietario actual.
 
Exposiciones:
De los primitivos a Goya. Museo Nacional de Bellas Artes, 1966.
 
Bibliografía:
MAYER, A. L. Cuadros españoles en el mercado internacional. Dos bocetos de Cabezalero, Arte Español, 1926, p. 54 (ilustrados).
Exposición De los primitivos a Goya. Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, 1966, nº 6 y 7 cm. (procedencia: Colección Príncipe Alejandro Dietrichstein y Colección Carlos A. Zemborain y Sra.)
PÉREZ SÁNCHEZ, A. E. Notas sobre Palomino pintor, Archivo Español de Arte, 179, 1972, p.251- 269, lámina 1 (ilustrados).
 
Pareja de bocetos en grisalla para los dos grandes lienzos La Rendición de Córdoba ante Fernando III y La Aparición de San Rafael al venerable Roelas, pintados por Antonio Acisclo Palomino en 1713 para la capilla de Santa Teresa de la Catedral de Córdoba, también conocida como capilla del Cardenal Salazar. Los lienzos definitivos miden 4,98 × 2,86 m; ambos están firmados y uno fechado.
 
Ambas grisallas fueron dadas a conocer por primera vez en 1926 Mayer, quien las consideró obras de Juan Martín Cabezalero, señaló su filiación estilística con Juan Carreño de Miranda y no identificó uno de los temas. Posteriormente, en 1966 se expusieron en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, descritas como obras de Carreño. Finalmente, en 1972, Alfonso E. Pérez Sánchez las identificó y publicó correctamente como dos bocetos en grisalla de Palomino para los lienzos definitivos conservados en la catedral de Córdoba, antes citados.
 
Ejecutados en una refinada grisalla, los bocetos revelan la madurez estilística del artista en el último periodo de su carrera. Tal como señaló Valdivieso, Palomino despliega aquí una concepción plenamente barroca, caracterizada por una composición compleja y dinámica, resueltas con una admirable soltura de dibujo. La técnica, más cercana a la factura prieta y modeladora de Claudio Coello que a la esponjosidad de Carreño, se apoya en un delicado silueteado luminoso de las formas, testimonio de la fidelidad del pintor a la enseñanza de su maestro madrileño, sin dejar de acusar la influencia del lenguaje monumental de Luca Giordano.
 
En La Rendición de Córdoba ante Fernando III se representa el histórico acontecimiento de 1236, cuando el rey musulmán entrega las llaves de la ciudad al monarca castellano-leonés. En la zona inferior de la composición, el soberano vencido y su séquito aparecen arrodillados ante Fernando III, quien recibe la rendición con gesto sereno, flanqueado por los capitanes de sus ejércitos. Al fondo se alza el perfil urbano de Córdoba, con la catedral ya concebida como templo cristiano, las murallas de la ciudad y la torre de la Calahorra. La escena se culmina en la parte superior con un rompimiento de gloria presidido por la Virgen con el Niño, acompañados de una corte angélica y de santos; entre ellos San Francisco, Santo Domingo, San Pedro y San Pablo.
 
El segundo boceto, La Aparición de San Rafael al venerable Roelas, alude a un episodio profundamente arraigado en la tradición religiosa cordobesa, acaecido a mediados del siglo XVI. En la parte inferior derecha aparece arrodillado el venerable Andrés de Roelas, receptor de la visión. El arcángel San Rafael, figura central de la composición, le revela que las reliquias contenidas en la urna sostenida por dos ángeles pertenecen a los mártires de Córdoba, ejecutados durante el dominio musulmán de los Omeyas. En la zona superior, un nuevo rompimiento de gloria muestra a San Pedro, portando las llaves de la Iglesia, y al arcángel San Miguel con la espada, rodeados de una nutrida corte celestial. El cardenal Salazar, promotor del programa iconográfico, aparece arrodillado en actitud orante. Dos ángeles sostienen en la parte inferior una cartela que, en el lienzo definitivo, recoge en latín el juramento del arcángel Rafael como guardián de la ciudad: Yo te juro por Jesucristo crucificado que soy Rafael ángel a quien Dios tiene puesto por guardián de esta ciudad, para decir que los huesos que se habían hallado en la iglesia de San Pedro pertenecía a los mártires de Córdoba.
 
Tal como indicó Pérez Sánchez, la correspondencia entre estos bocetos y los lienzos definitivos es casi literal, con diferencias mínimas, entre las que destaca la variación en la posición del arcángel San Rafael en el lienzo del Venerable, representado de perfil en el boceto con la mirada dirigida hacia el padre Roelas, y casi frontal en la versión final, mirando al espectador.
 
Con estudio de Enrique Valdivieso, Sevilla, 20 de noviembre de 2024.





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