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754. ANÓNIMO, H. 1800Juego de Parejas

Lápiz, tinta y aguada sobre papel verjurado con filigrana. 31,3 x 46,5 cm, sin marco.
Filigrana: J. HONIG & ZOON. Fabricante de papel Honig, Jacob e hijo. 
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
Domenico Rossi. Matilde López Serrano (ed.). Las Parejas. Juego hípico del siglo XVIII. Patrimonio Nacional, Madrid, 1987.
 
Conjunto de tres dibujos a tinta y aguada, que representan escenas del Juego de Parejas, uno de los espectáculos hípicos más refinados celebrados en Europa durante el siglo XVIII. Este juego tiene su origen en los torneos medievales, heredados de la tradición feudal y caballeresca, y evolucionó durante el Barroco hacia un espectáculo cortesano de gran sofisticación. Formó parte del entretenimiento más singular de la nobleza y se mantuvo vigente en la cultura cortesana a lo largo de todo el siglo XVIII.
 
Este tipo de juegos fue introducido en España por la Casa de Borbón y alcanzó su mayor esplendor durante el reinado de Felipe V. Estas celebraciones se integraron en grandes acontecimientos públicos, como bodas reales, festejos dinásticos o celebraciones extraordinarias, junto a corridas de toros, juegos de cañas, fuegos artificiales, bailes y representaciones teatrales. Se llevaron a cabo, entre otros motivos, para celebrar la recuperación de la salud de Felipe V, la boda de Luis I con Luisa de Orleans en 1722 o el enlace del príncipe de Asturias —futuro Carlos IV— con María Luisa de Parma en 1765.
 
Las representaciones muestran a los jinetes ejecutando con gran precisión distintas figuras del torneo —ruedas, círculos o ángulos—. El objetivo principal de estos juegos era exhibir la perfecta doma del caballo y el absoluto dominio del jinete, transformando el ejercicio ecuestre en una manifestación artística de carácter casi coreográfico.
 
Los jinetes aparecen ataviados con elegantes trajes inspirados en modelos del siglo XVII: calzón hasta la rodilla, jubón largo, gorgueras, gran espada de cazoleta y chambergo negro adornado con plumas blancas. Los atuendos alternan diversos colores —verdes, azules, naranjas y amarillos—, aportando dinamismo y riqueza visual a las escenas.
Estas obras pueden relacionarse con las 36 láminas del manuscrito palatino Las Parejas o siano le Quadriglie del Real Torneo, de Domenico Rossi, publicado en Nápoles en 1781 y dedicado al príncipe de Asturias. Se trata de una referencia fundamental para el estudio de estos juegos hípicos, tal como recoge la bibliografía de Patrimonio Nacional.
 
Los tres dibujos presentan una filigrana en el papel que coincide con la observada en varios dibujos conservados en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre ellos el Estudio de Baco Borghese de Fernando Selma (h. 1769) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-1564#&gid=1&pid=P-1564) y el Estudio de dos cabezas masculinas de María Ramona Palafox y Portocarrero (h. 1790) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-2327#&gid=1&pid=P-2327).

Precio salida

300 €

754. ANÓNIMO, H. 1800Juego de Parejas

Lápiz, tinta y aguada sobre papel verjurado con filigrana. 31,3 x 46,5 cm, sin marco.
Filigrana: J. HONIG & ZOON. Fabricante de papel Honig, Jacob e hijo. 
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
Domenico Rossi. Matilde López Serrano (ed.). Las Parejas. Juego hípico del siglo XVIII. Patrimonio Nacional, Madrid, 1987.
 
Conjunto de tres dibujos a tinta y aguada, que representan escenas del Juego de Parejas, uno de los espectáculos hípicos más refinados celebrados en Europa durante el siglo XVIII. Este juego tiene su origen en los torneos medievales, heredados de la tradición feudal y caballeresca, y evolucionó durante el Barroco hacia un espectáculo cortesano de gran sofisticación. Formó parte del entretenimiento más singular de la nobleza y se mantuvo vigente en la cultura cortesana a lo largo de todo el siglo XVIII.
 
Este tipo de juegos fue introducido en España por la Casa de Borbón y alcanzó su mayor esplendor durante el reinado de Felipe V. Estas celebraciones se integraron en grandes acontecimientos públicos, como bodas reales, festejos dinásticos o celebraciones extraordinarias, junto a corridas de toros, juegos de cañas, fuegos artificiales, bailes y representaciones teatrales. Se llevaron a cabo, entre otros motivos, para celebrar la recuperación de la salud de Felipe V, la boda de Luis I con Luisa de Orleans en 1722 o el enlace del príncipe de Asturias —futuro Carlos IV— con María Luisa de Parma en 1765.
 
Las representaciones muestran a los jinetes ejecutando con gran precisión distintas figuras del torneo —ruedas, círculos o ángulos—. El objetivo principal de estos juegos era exhibir la perfecta doma del caballo y el absoluto dominio del jinete, transformando el ejercicio ecuestre en una manifestación artística de carácter casi coreográfico.
 
Los jinetes aparecen ataviados con elegantes trajes inspirados en modelos del siglo XVII: calzón hasta la rodilla, jubón largo, gorgueras, gran espada de cazoleta y chambergo negro adornado con plumas blancas. Los atuendos alternan diversos colores —verdes, azules, naranjas y amarillos—, aportando dinamismo y riqueza visual a las escenas.
Estas obras pueden relacionarse con las 36 láminas del manuscrito palatino Las Parejas o siano le Quadriglie del Real Torneo, de Domenico Rossi, publicado en Nápoles en 1781 y dedicado al príncipe de Asturias. Se trata de una referencia fundamental para el estudio de estos juegos hípicos, tal como recoge la bibliografía de Patrimonio Nacional.
 
Los tres dibujos presentan una filigrana en el papel que coincide con la observada en varios dibujos conservados en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre ellos el Estudio de Baco Borghese de Fernando Selma (h. 1769) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-1564#&gid=1&pid=P-1564) y el Estudio de dos cabezas masculinas de María Ramona Palafox y Portocarrero (h. 1790) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-2327#&gid=1&pid=P-2327).

Precio salida: 300 €

755. ANÓNIMO, H. 1800Juego de Parejas

Lápiz, tinta y aguada sobre papel verjurado con filigrana. 30 x 43,5 cm, sin marco.
Filigrana: flor de lis inscrita en un escudo con corona en la parte superior y un panal o colmena en la parte inferior.
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
Domenico Rossi. Matilde López Serrano (ed.). Las Parejas. Juego hípico del siglo XVIII. Patrimonio Nacional, Madrid, 1987.
 
Conjunto de tres dibujos a tinta y aguada, que representan escenas del Juego de Parejas, uno de los espectáculos hípicos más refinados celebrados en Europa durante el siglo XVIII. Este juego tiene su origen en los torneos medievales, heredados de la tradición feudal y caballeresca, y evolucionó durante el Barroco hacia un espectáculo cortesano de gran sofisticación. Formó parte del entretenimiento más singular de la nobleza y se mantuvo vigente en la cultura cortesana a lo largo de todo el siglo XVIII.
 
Este tipo de juegos fue introducido en España por la Casa de Borbón y alcanzó su mayor esplendor durante el reinado de Felipe V. Estas celebraciones se integraron en grandes acontecimientos públicos, como bodas reales, festejos dinásticos o celebraciones extraordinarias, junto a corridas de toros, juegos de cañas, fuegos artificiales, bailes y representaciones teatrales. Se llevaron a cabo, entre otros motivos, para celebrar la recuperación de la salud de Felipe V, la boda de Luis I con Luisa de Orleans en 1722 o el enlace del príncipe de Asturias —futuro Carlos IV— con María Luisa de Parma en 1765.
 
Las representaciones muestran a los jinetes ejecutando con gran precisión distintas figuras del torneo —ruedas, círculos o ángulos—. El objetivo principal de estos juegos era exhibir la perfecta doma del caballo y el absoluto dominio del jinete, transformando el ejercicio ecuestre en una manifestación artística de carácter casi coreográfico.
 
Los jinetes aparecen ataviados con elegantes trajes inspirados en modelos del siglo XVII: calzón hasta la rodilla, jubón largo, gorgueras, gran espada de cazoleta y chambergo negro adornado con plumas blancas. Los atuendos alternan diversos colores —verdes, azules, naranjas y amarillos—, aportando dinamismo y riqueza visual a las escenas.
Estas obras pueden relacionarse con las 36 láminas del manuscrito palatino Las Parejas o siano le Quadriglie del Real Torneo, de Domenico Rossi, publicado en Nápoles en 1781 y dedicado al príncipe de Asturias. Se trata de una referencia fundamental para el estudio de estos juegos hípicos, tal como recoge la bibliografía de Patrimonio Nacional.
 
Los tres dibujos presentan una filigrana en el papel que coincide con la observada en varios dibujos conservados en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre ellos el Estudio de Baco Borghese de Fernando Selma (h. 1769) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-1564#&gid=1&pid=P-1564) y el Estudio de dos cabezas masculinas de María Ramona Palafox y Portocarrero (h. 1790) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-2327#&gid=1&pid=P-2327).

Precio salida

300 €

755. ANÓNIMO, H. 1800Juego de Parejas

Lápiz, tinta y aguada sobre papel verjurado con filigrana. 30 x 43,5 cm, sin marco.
Filigrana: flor de lis inscrita en un escudo con corona en la parte superior y un panal o colmena en la parte inferior.
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
Domenico Rossi. Matilde López Serrano (ed.). Las Parejas. Juego hípico del siglo XVIII. Patrimonio Nacional, Madrid, 1987.
 
Conjunto de tres dibujos a tinta y aguada, que representan escenas del Juego de Parejas, uno de los espectáculos hípicos más refinados celebrados en Europa durante el siglo XVIII. Este juego tiene su origen en los torneos medievales, heredados de la tradición feudal y caballeresca, y evolucionó durante el Barroco hacia un espectáculo cortesano de gran sofisticación. Formó parte del entretenimiento más singular de la nobleza y se mantuvo vigente en la cultura cortesana a lo largo de todo el siglo XVIII.
 
Este tipo de juegos fue introducido en España por la Casa de Borbón y alcanzó su mayor esplendor durante el reinado de Felipe V. Estas celebraciones se integraron en grandes acontecimientos públicos, como bodas reales, festejos dinásticos o celebraciones extraordinarias, junto a corridas de toros, juegos de cañas, fuegos artificiales, bailes y representaciones teatrales. Se llevaron a cabo, entre otros motivos, para celebrar la recuperación de la salud de Felipe V, la boda de Luis I con Luisa de Orleans en 1722 o el enlace del príncipe de Asturias —futuro Carlos IV— con María Luisa de Parma en 1765.
 
Las representaciones muestran a los jinetes ejecutando con gran precisión distintas figuras del torneo —ruedas, círculos o ángulos—. El objetivo principal de estos juegos era exhibir la perfecta doma del caballo y el absoluto dominio del jinete, transformando el ejercicio ecuestre en una manifestación artística de carácter casi coreográfico.
 
Los jinetes aparecen ataviados con elegantes trajes inspirados en modelos del siglo XVII: calzón hasta la rodilla, jubón largo, gorgueras, gran espada de cazoleta y chambergo negro adornado con plumas blancas. Los atuendos alternan diversos colores —verdes, azules, naranjas y amarillos—, aportando dinamismo y riqueza visual a las escenas.
Estas obras pueden relacionarse con las 36 láminas del manuscrito palatino Las Parejas o siano le Quadriglie del Real Torneo, de Domenico Rossi, publicado en Nápoles en 1781 y dedicado al príncipe de Asturias. Se trata de una referencia fundamental para el estudio de estos juegos hípicos, tal como recoge la bibliografía de Patrimonio Nacional.
 
Los tres dibujos presentan una filigrana en el papel que coincide con la observada en varios dibujos conservados en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre ellos el Estudio de Baco Borghese de Fernando Selma (h. 1769) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-1564#&gid=1&pid=P-1564) y el Estudio de dos cabezas masculinas de María Ramona Palafox y Portocarrero (h. 1790) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-2327#&gid=1&pid=P-2327).

Precio salida: 300 €

756. ANÓNIMO, H. 1800Juego de Parejas

Lápiz, tinta y aguada sobre papel verjurado con filigrana. 32 x 45,5 cm, sin marco.
Filigrana: flor de lis inscrita en un escudo con corona en la parte superior y un panal o colmena en la parte inferior.
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
Domenico Rossi. Matilde López Serrano (ed.). Las Parejas. Juego hípico del siglo XVIII. Patrimonio Nacional, Madrid, 1987.
 
Conjunto de tres dibujos a tinta y aguada, que representan escenas del Juego de Parejas, uno de los espectáculos hípicos más refinados celebrados en Europa durante el siglo XVIII. Este juego tiene su origen en los torneos medievales, heredados de la tradición feudal y caballeresca, y evolucionó durante el Barroco hacia un espectáculo cortesano de gran sofisticación. Formó parte del entretenimiento más singular de la nobleza y se mantuvo vigente en la cultura cortesana a lo largo de todo el siglo XVIII.
 
Este tipo de juegos fue introducido en España por la Casa de Borbón y alcanzó su mayor esplendor durante el reinado de Felipe V. Estas celebraciones se integraron en grandes acontecimientos públicos, como bodas reales, festejos dinásticos o celebraciones extraordinarias, junto a corridas de toros, juegos de cañas, fuegos artificiales, bailes y representaciones teatrales. Se llevaron a cabo, entre otros motivos, para celebrar la recuperación de la salud de Felipe V, la boda de Luis I con Luisa de Orleans en 1722 o el enlace del príncipe de Asturias —futuro Carlos IV— con María Luisa de Parma en 1765.
 
Las representaciones muestran a los jinetes ejecutando con gran precisión distintas figuras del torneo —ruedas, círculos o ángulos—. El objetivo principal de estos juegos era exhibir la perfecta doma del caballo y el absoluto dominio del jinete, transformando el ejercicio ecuestre en una manifestación artística de carácter casi coreográfico.
 
Los jinetes aparecen ataviados con elegantes trajes inspirados en modelos del siglo XVII: calzón hasta la rodilla, jubón largo, gorgueras, gran espada de cazoleta y chambergo negro adornado con plumas blancas. Los atuendos alternan diversos colores —verdes, azules, naranjas y amarillos—, aportando dinamismo y riqueza visual a las escenas.
Estas obras pueden relacionarse con las 36 láminas del manuscrito palatino Las Parejas o siano le Quadriglie del Real Torneo, de Domenico Rossi, publicado en Nápoles en 1781 y dedicado al príncipe de Asturias. Se trata de una referencia fundamental para el estudio de estos juegos hípicos, tal como recoge la bibliografía de Patrimonio Nacional.
 
Los tres dibujos presentan una filigrana en el papel que coincide con la observada en varios dibujos conservados en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre ellos el Estudio de Baco Borghese de Fernando Selma (h. 1769) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-1564#&gid=1&pid=P-1564) y el Estudio de dos cabezas masculinas de María Ramona Palafox y Portocarrero (h. 1790) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-2327#&gid=1&pid=P-2327).

Precio salida

300 €

756. ANÓNIMO, H. 1800Juego de Parejas

Lápiz, tinta y aguada sobre papel verjurado con filigrana. 32 x 45,5 cm, sin marco.
Filigrana: flor de lis inscrita en un escudo con corona en la parte superior y un panal o colmena en la parte inferior.
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
Domenico Rossi. Matilde López Serrano (ed.). Las Parejas. Juego hípico del siglo XVIII. Patrimonio Nacional, Madrid, 1987.
 
Conjunto de tres dibujos a tinta y aguada, que representan escenas del Juego de Parejas, uno de los espectáculos hípicos más refinados celebrados en Europa durante el siglo XVIII. Este juego tiene su origen en los torneos medievales, heredados de la tradición feudal y caballeresca, y evolucionó durante el Barroco hacia un espectáculo cortesano de gran sofisticación. Formó parte del entretenimiento más singular de la nobleza y se mantuvo vigente en la cultura cortesana a lo largo de todo el siglo XVIII.
 
Este tipo de juegos fue introducido en España por la Casa de Borbón y alcanzó su mayor esplendor durante el reinado de Felipe V. Estas celebraciones se integraron en grandes acontecimientos públicos, como bodas reales, festejos dinásticos o celebraciones extraordinarias, junto a corridas de toros, juegos de cañas, fuegos artificiales, bailes y representaciones teatrales. Se llevaron a cabo, entre otros motivos, para celebrar la recuperación de la salud de Felipe V, la boda de Luis I con Luisa de Orleans en 1722 o el enlace del príncipe de Asturias —futuro Carlos IV— con María Luisa de Parma en 1765.
 
Las representaciones muestran a los jinetes ejecutando con gran precisión distintas figuras del torneo —ruedas, círculos o ángulos—. El objetivo principal de estos juegos era exhibir la perfecta doma del caballo y el absoluto dominio del jinete, transformando el ejercicio ecuestre en una manifestación artística de carácter casi coreográfico.
 
Los jinetes aparecen ataviados con elegantes trajes inspirados en modelos del siglo XVII: calzón hasta la rodilla, jubón largo, gorgueras, gran espada de cazoleta y chambergo negro adornado con plumas blancas. Los atuendos alternan diversos colores —verdes, azules, naranjas y amarillos—, aportando dinamismo y riqueza visual a las escenas.
Estas obras pueden relacionarse con las 36 láminas del manuscrito palatino Las Parejas o siano le Quadriglie del Real Torneo, de Domenico Rossi, publicado en Nápoles en 1781 y dedicado al príncipe de Asturias. Se trata de una referencia fundamental para el estudio de estos juegos hípicos, tal como recoge la bibliografía de Patrimonio Nacional.
 
Los tres dibujos presentan una filigrana en el papel que coincide con la observada en varios dibujos conservados en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre ellos el Estudio de Baco Borghese de Fernando Selma (h. 1769) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-1564#&gid=1&pid=P-1564) y el Estudio de dos cabezas masculinas de María Ramona Palafox y Portocarrero (h. 1790) (ver: https://www.academiacolecciones.com/dibujos/inventario.php?id=P-2327#&gid=1&pid=P-2327).

Precio salida: 300 €

758. ESCUELA CENTROEUROPEA, SIGLO XVIIIPosible alegoría de la Paz de Utrecht

Tinta y aguada sobre papel verjurado. 20,1 x 16,8 cm, sin marco.
En el reverso con etiqueta adherida al papel "29" e inscrito a lápiz: "7" y "1143".
 
La obra que presentamos muestra una compleja y sugerente alegoría cuya identificación precisa no ha sido posible hasta el momento. No obstante, por los elementos iconográficos representados, podría tratarse de una alegoría relacionada con los Tratados de Paz de Utrecht (1713-1715).
 
En el plano superior, presidiendo la composición, aparecen las divinidades olímpicas Júpiter, sentado junto a su águila en la zona central izquierda, y Juno, acompañada de su pavo real en la parte central derecha, símbolos del poder soberano y de la legitimidad del orden establecido.
En un segundo plano, a la derecha se identifica la figura de Atenea, reconocible por el búho, emblema de la sabiduría y la prudencia política, mientras que a la izquierda se representa a Himeneo, divinidad alada portadora de antorchas y dios del matrimonio, cuya presencia aludiría a la concordia, la unión y la reconciliación entre las partes enfrentadas.
En la zona inferior se disponen cuatro figuras femeninas que parecen participar en un acto de pacto o acuerdo de paz. Todas ellas aparecen coronadas con distintos tipos de coronas, lo que sugiere la representación alegórica de reinos o potencias soberanas. En algunos de sus mantos se distinguen torres, símbolo habitual de ciudades o estados fortificados, mientras que en la segunda figura femenina comenzando por la derecha se observan flores de lis tanto en su vestimenta, lo que podría aludir a la monarquía francesa y el globo terráqueo que pisa también con flores de lis, quizá una alusión a la monarquía española, que en ese momento dominaba el mundo.
Flanqueando este grupo, se sitúan en la parte inferior un águila de dos cabezas a la derecha —posible alusión al escudo de los Habsburgo y de Austria y un león recostado a la izquierda, tradicional símbolo de poder y dominio territorial, que podría aludir a Inglaterra. Destacamos el escudo en la parte central con cruz latina.
 
Cabe destacar, en un plano intermedio a la izquierda, entre las nubes, la figura de un caballero erguido sobre una peana, bajo cuyos pies se agrupa una multitud de figuras alegóricas, una de ellas portadora de una corona de laurel, emblema de la victoria, el mérito o la gloria alcanzada tras el conflicto.
 
A relacionar con una un grabado de la "Fiesta de Apolo" de Pietro Antonio Martini (Ver: https://archive.org/details/lefestedapolloce00gluc/mode/1up) y con un grabado de Histoire de l'origine de l'imprimerie' by Prosper Marchand, 1740 (Ver: https://www.album-online.com/detail/es/ZmM4NjA0MA/title-page-histoire-l-origine-imprimerie-by-prosper-marchand-1740-alb9439711).
 
 
 
 

Precio salida

400 €

758. ESCUELA CENTROEUROPEA, SIGLO XVIIIPosible alegoría de la Paz de Utrecht

Tinta y aguada sobre papel verjurado. 20,1 x 16,8 cm, sin marco.
En el reverso con etiqueta adherida al papel "29" e inscrito a lápiz: "7" y "1143".
 
La obra que presentamos muestra una compleja y sugerente alegoría cuya identificación precisa no ha sido posible hasta el momento. No obstante, por los elementos iconográficos representados, podría tratarse de una alegoría relacionada con los Tratados de Paz de Utrecht (1713-1715).
 
En el plano superior, presidiendo la composición, aparecen las divinidades olímpicas Júpiter, sentado junto a su águila en la zona central izquierda, y Juno, acompañada de su pavo real en la parte central derecha, símbolos del poder soberano y de la legitimidad del orden establecido.
En un segundo plano, a la derecha se identifica la figura de Atenea, reconocible por el búho, emblema de la sabiduría y la prudencia política, mientras que a la izquierda se representa a Himeneo, divinidad alada portadora de antorchas y dios del matrimonio, cuya presencia aludiría a la concordia, la unión y la reconciliación entre las partes enfrentadas.
En la zona inferior se disponen cuatro figuras femeninas que parecen participar en un acto de pacto o acuerdo de paz. Todas ellas aparecen coronadas con distintos tipos de coronas, lo que sugiere la representación alegórica de reinos o potencias soberanas. En algunos de sus mantos se distinguen torres, símbolo habitual de ciudades o estados fortificados, mientras que en la segunda figura femenina comenzando por la derecha se observan flores de lis tanto en su vestimenta, lo que podría aludir a la monarquía francesa y el globo terráqueo que pisa también con flores de lis, quizá una alusión a la monarquía española, que en ese momento dominaba el mundo.
Flanqueando este grupo, se sitúan en la parte inferior un águila de dos cabezas a la derecha —posible alusión al escudo de los Habsburgo y de Austria y un león recostado a la izquierda, tradicional símbolo de poder y dominio territorial, que podría aludir a Inglaterra. Destacamos el escudo en la parte central con cruz latina.
 
Cabe destacar, en un plano intermedio a la izquierda, entre las nubes, la figura de un caballero erguido sobre una peana, bajo cuyos pies se agrupa una multitud de figuras alegóricas, una de ellas portadora de una corona de laurel, emblema de la victoria, el mérito o la gloria alcanzada tras el conflicto.
 
A relacionar con una un grabado de la "Fiesta de Apolo" de Pietro Antonio Martini (Ver: https://archive.org/details/lefestedapolloce00gluc/mode/1up) y con un grabado de Histoire de l'origine de l'imprimerie' by Prosper Marchand, 1740 (Ver: https://www.album-online.com/detail/es/ZmM4NjA0MA/title-page-histoire-l-origine-imprimerie-by-prosper-marchand-1740-alb9439711).
 
 
 
 

Precio salida: 400 €

760. ESCUELA FLAMENCA, SIGLO XVIIIEstudio de una cabeza

Carboncillo y clarión sobre papel verjurado con preparación azulada adherido a otro papel. 17,7 x 12,5 cm, sin marco.
Con marca de colección en el ángulo inferior derecho: "PM" (Mathias Polakovits) (Ver: https://www.marquesdecollections.fr/FtDetail/1f18a546-80ec-104c-8f53-611a39a51922 )
En el reverso con etiqueta inscrita a tinta roja: "72º".
Anteriormente atribuido a Jacob Jordaens.
 
La marca de colección presente en el dibujo corresponde a Mathias Polakovits (1921-1987), reconocido coleccionista de dibujos antiguos. De origen húngaro, se estableció en París en 1949 y, tras una trayectoria en el periodismo internacional —en particular en Paris-Match—, se dedicó desde finales de la década de 1960 exclusivamente al coleccionismo de dibujo.
 
Su labor se caracterizó por un enfoque riguroso, centrado en la identificación, el estudio y la clasificación de las obras, con especial atención a dibujos de atribución compleja y a estudios preparatorios. Tras reunir inicialmente obras de distintas escuelas, concentró su colección en la escuela francesa de los siglos XVII y XVIII, durante el reinado de los cuatro Luises.
 
En 1987 donó cerca de 3.000 dibujos franceses a la École nationale supérieure des Beaux-Arts de París, formando uno de los conjuntos más relevantes de este ámbito conservados en una institución pública. La colección se distingue por combinar obras de artistas consagrados con hojas de autores menos conocidos. La presencia de su marca en el dibujo constituye, por tanto, un indicio relevante de procedencia y del contexto de estudio exigente en el que se integró la obra.

Precio salida

250 €

760. ESCUELA FLAMENCA, SIGLO XVIIIEstudio de una cabeza

Carboncillo y clarión sobre papel verjurado con preparación azulada adherido a otro papel. 17,7 x 12,5 cm, sin marco.
Con marca de colección en el ángulo inferior derecho: "PM" (Mathias Polakovits) (Ver: https://www.marquesdecollections.fr/FtDetail/1f18a546-80ec-104c-8f53-611a39a51922 )
En el reverso con etiqueta inscrita a tinta roja: "72º".
Anteriormente atribuido a Jacob Jordaens.
 
La marca de colección presente en el dibujo corresponde a Mathias Polakovits (1921-1987), reconocido coleccionista de dibujos antiguos. De origen húngaro, se estableció en París en 1949 y, tras una trayectoria en el periodismo internacional —en particular en Paris-Match—, se dedicó desde finales de la década de 1960 exclusivamente al coleccionismo de dibujo.
 
Su labor se caracterizó por un enfoque riguroso, centrado en la identificación, el estudio y la clasificación de las obras, con especial atención a dibujos de atribución compleja y a estudios preparatorios. Tras reunir inicialmente obras de distintas escuelas, concentró su colección en la escuela francesa de los siglos XVII y XVIII, durante el reinado de los cuatro Luises.
 
En 1987 donó cerca de 3.000 dibujos franceses a la École nationale supérieure des Beaux-Arts de París, formando uno de los conjuntos más relevantes de este ámbito conservados en una institución pública. La colección se distingue por combinar obras de artistas consagrados con hojas de autores menos conocidos. La presencia de su marca en el dibujo constituye, por tanto, un indicio relevante de procedencia y del contexto de estudio exigente en el que se integró la obra.

Precio salida: 250 €

762. CÍRCULO DE CLAUDIO DE LORENA o DE LORRAIN (Chamagne, h. 1600-Roma, 1682)La Huída a Egipto sobre un paisaje

Tinta y aguada sobre papel con filigrana. 12,5 x 19 cm.
Con marca de colección en el ángulo inferior derecho: "Charles Martyne" (Ver: https://www.marquesdecollections.fr/FtDetail/f5d783b2-c62b-0047-8d4c-53baa7dd1d9a)
 
Charles Martyne (1876-1936) fue bibliotecario de la Escuela de Bellas Artes y residió en París. Se especializó en dibujos antiguos y modernos de diversas escuelas. Nacido en 1876 y fallecido en 1936, fue nombrado subbibliotecario de la Escuela de Bellas Artes de París en 1905. Se jubiló en 1934 y murió repentinamente en París dos años más tarde.
Martyne fue un coleccionista apasionado: adquirió pinturas, dibujos, libros, autógrafos y objetos decorativos. Poseía una vasta erudición y conocimientos muy amplios en distintos campos. Su principal publicación es la obra Dessins de maîtres français. Poussin, Claude Lorrain, Fragonard, Prud’hon, Ingres, Géricault, Delacroix, Daumier, con reproducciones de L. Marotte, publicada en París entre 1921 y 1928 en ocho volúmenes en formato in-folio. En algunas ocasiones firmó su apellido como “Martine”. Una parte importante de los dibujos de su colección, identificados con su sello, fue subastada en París el 24 de mayo de 1939.
 
Otra parte pasó a su sobrino, Jean-Louis Debauve (1926-2016), magistrado, historiador y crítico literario. Las colecciones Debauve y Martyne fueron nuevamente dispersadas en una subasta celebrada en Saintes en diciembre de 2017. En ella se identificaron dibujos de la escuela francesa, italiana y del norte de Europa, así como obras dedicadas al propio Martyne y cuadernos de bocetos realizados por él. El conjunto testimonia el carácter amplio y diverso de su actividad como coleccionista.

Precio salida

1.000 €

762. CÍRCULO DE CLAUDIO DE LORENA o DE LORRAIN (Chamagne, h. 1600-Roma, 1682)La Huída a Egipto sobre un paisaje

Tinta y aguada sobre papel con filigrana. 12,5 x 19 cm.
Con marca de colección en el ángulo inferior derecho: "Charles Martyne" (Ver: https://www.marquesdecollections.fr/FtDetail/f5d783b2-c62b-0047-8d4c-53baa7dd1d9a)
 
Charles Martyne (1876-1936) fue bibliotecario de la Escuela de Bellas Artes y residió en París. Se especializó en dibujos antiguos y modernos de diversas escuelas. Nacido en 1876 y fallecido en 1936, fue nombrado subbibliotecario de la Escuela de Bellas Artes de París en 1905. Se jubiló en 1934 y murió repentinamente en París dos años más tarde.
Martyne fue un coleccionista apasionado: adquirió pinturas, dibujos, libros, autógrafos y objetos decorativos. Poseía una vasta erudición y conocimientos muy amplios en distintos campos. Su principal publicación es la obra Dessins de maîtres français. Poussin, Claude Lorrain, Fragonard, Prud’hon, Ingres, Géricault, Delacroix, Daumier, con reproducciones de L. Marotte, publicada en París entre 1921 y 1928 en ocho volúmenes en formato in-folio. En algunas ocasiones firmó su apellido como “Martine”. Una parte importante de los dibujos de su colección, identificados con su sello, fue subastada en París el 24 de mayo de 1939.
 
Otra parte pasó a su sobrino, Jean-Louis Debauve (1926-2016), magistrado, historiador y crítico literario. Las colecciones Debauve y Martyne fueron nuevamente dispersadas en una subasta celebrada en Saintes en diciembre de 2017. En ella se identificaron dibujos de la escuela francesa, italiana y del norte de Europa, así como obras dedicadas al propio Martyne y cuadernos de bocetos realizados por él. El conjunto testimonia el carácter amplio y diverso de su actividad como coleccionista.

Precio salida: 1.000 €

763. ABRAHAM BLOEMAERT (Gorinchem, 1564 - Utrecht, 1651)​​San Radbodus de Utrecht

Pluma y tinta marrón, aguada marrón realzada con blanco sobre papel adherido a otro papel. 42,5 x 29 cm.
En el reverso con etiqueta.
 
Bibliografía:
Roethlisberger, M, Abraham Bloemaert and his Sons, Paintings and Prints, Gante, 1993, pág. 286, núm. 435.
 
Bibliografía de referencia sobre la serie:
Roethlisberger, M, Abraham Bloemaert and his Sons, Paintings and Prints, Gante, 1993, núms. 431-442, figs. 603-614
 
Abraham Bloemaert (1564-1651) fue uno de los pintores y dibujantes más influyentes de la escuela de Utrecht y una figura clave en la transición del manierismo al barroco neerlandés. Nacido y fallecido en Utrecht, desarrolló una amplísima producción pictórica y gráfica, y fue además un prolífico diseñador de estampas cuyos modelos fueron grabados y difundidos por sus hijos, especialmente Cornelis y Frederik Bloemaert. Su estilo evolucionó desde un manierismo de figuras elegantes y composiciones dinámicas hacia fórmulas más naturalistas, influidas por el caravaggismo.

Este dibujo, citado en el catálogo razonado de Roethlisberger (M. Roethlisberger, Abraham Bloemaert and his Sons. Paintings and Prints, Gante, 1993, p. 286, nº 435), puede relacionarse con el grabado San Radbodus (plate 5) realizado por Frederik Bloemaert según diseño de su padre Abraham, conservado en el British Museum (inv. 1877,0210.19). De igual composión, el obispo aparece de cuerpo entero sobre un paisaje, visto de perfil hacia la derecha, con mitra y capa pluvial bordada, sosteniendo un libro y dirigiendo la mirada hacia la Virgen con el Niño situados en la esquina superior derecha; el báculo pastoral descansa inclinado tras su figura.
 
La obra formaría parte de la serie de los doce prelados de Utrecht, cuyos grabados fueron ejecutados por Cornelis y Frederik Bloemaert entre 1626 y 1649/50 a partir de los diseños de Abraham (Roethlisberger, 1993, núms. 431-442, figs. 603-614).

San Radbodus de Utrecht fue un religioso neerlandés de noble origen franco y frisón, venerado como santo por la Iglesia católica. Recibió su primera formación en la catedral de Colonia y en la corte de Carlos el Calvo; posteriormente completó sus estudios en un monasterio de Tours y se formó como monje bajo la guía de Hugo el Abad. En 899 fue elegido obispo de Utrecht y consagrado al año siguiente. Durante su episcopado adoptó una vida monástica austera conforme a la regla de san Benito, destacándose por su abstinencia, ayuno y caridad, así como por su atención a pobres, enfermos y huérfanos. Inspirado por san Bonifacio y san Vilibrordo, trabajó para erradicar los últimos vestigios del paganismo en Frisia. Debido a las invasiones normandas estableció su residencia en Deventer, aunque recorrió activamente su diócesis. Fue además pionero en la administración eclesiástica, al confeccionar un cartulario para proteger los bienes de la Iglesia y asegurar su inmunidad, reconocida por el rey Conrado I en 914. Falleció el 29 de noviembre de 917 en Ootmarsum y fue enterrado en Deventer, dejando un importante legado de reforma pastoral y consolidación institucional en la diócesis de Utrecht.
 
Otro dibujo de Abraham Bloemaert, St Gregory, se conserva en la Witt Collection de Londres.

Precio salida

3.000 €

763. ABRAHAM BLOEMAERT (Gorinchem, 1564 - Utrecht, 1651)​​San Radbodus de Utrecht

Pluma y tinta marrón, aguada marrón realzada con blanco sobre papel adherido a otro papel. 42,5 x 29 cm.
En el reverso con etiqueta.
 
Bibliografía:
Roethlisberger, M, Abraham Bloemaert and his Sons, Paintings and Prints, Gante, 1993, pág. 286, núm. 435.
 
Bibliografía de referencia sobre la serie:
Roethlisberger, M, Abraham Bloemaert and his Sons, Paintings and Prints, Gante, 1993, núms. 431-442, figs. 603-614
 
Abraham Bloemaert (1564-1651) fue uno de los pintores y dibujantes más influyentes de la escuela de Utrecht y una figura clave en la transición del manierismo al barroco neerlandés. Nacido y fallecido en Utrecht, desarrolló una amplísima producción pictórica y gráfica, y fue además un prolífico diseñador de estampas cuyos modelos fueron grabados y difundidos por sus hijos, especialmente Cornelis y Frederik Bloemaert. Su estilo evolucionó desde un manierismo de figuras elegantes y composiciones dinámicas hacia fórmulas más naturalistas, influidas por el caravaggismo.

Este dibujo, citado en el catálogo razonado de Roethlisberger (M. Roethlisberger, Abraham Bloemaert and his Sons. Paintings and Prints, Gante, 1993, p. 286, nº 435), puede relacionarse con el grabado San Radbodus (plate 5) realizado por Frederik Bloemaert según diseño de su padre Abraham, conservado en el British Museum (inv. 1877,0210.19). De igual composión, el obispo aparece de cuerpo entero sobre un paisaje, visto de perfil hacia la derecha, con mitra y capa pluvial bordada, sosteniendo un libro y dirigiendo la mirada hacia la Virgen con el Niño situados en la esquina superior derecha; el báculo pastoral descansa inclinado tras su figura.
 
La obra formaría parte de la serie de los doce prelados de Utrecht, cuyos grabados fueron ejecutados por Cornelis y Frederik Bloemaert entre 1626 y 1649/50 a partir de los diseños de Abraham (Roethlisberger, 1993, núms. 431-442, figs. 603-614).

San Radbodus de Utrecht fue un religioso neerlandés de noble origen franco y frisón, venerado como santo por la Iglesia católica. Recibió su primera formación en la catedral de Colonia y en la corte de Carlos el Calvo; posteriormente completó sus estudios en un monasterio de Tours y se formó como monje bajo la guía de Hugo el Abad. En 899 fue elegido obispo de Utrecht y consagrado al año siguiente. Durante su episcopado adoptó una vida monástica austera conforme a la regla de san Benito, destacándose por su abstinencia, ayuno y caridad, así como por su atención a pobres, enfermos y huérfanos. Inspirado por san Bonifacio y san Vilibrordo, trabajó para erradicar los últimos vestigios del paganismo en Frisia. Debido a las invasiones normandas estableció su residencia en Deventer, aunque recorrió activamente su diócesis. Fue además pionero en la administración eclesiástica, al confeccionar un cartulario para proteger los bienes de la Iglesia y asegurar su inmunidad, reconocida por el rey Conrado I en 914. Falleció el 29 de noviembre de 917 en Ootmarsum y fue enterrado en Deventer, dejando un importante legado de reforma pastoral y consolidación institucional en la diócesis de Utrecht.
 
Otro dibujo de Abraham Bloemaert, St Gregory, se conserva en la Witt Collection de Londres.

Precio salida: 3.000 €

780. ESCUELA CASTELLANA, SIGLO XVIVisión mística de San Bernardo o Lactación de San Bernardo

Óleo sobre tabla. 120 x 104 cm.
 
PROCEDENCIA:
Colección particular Madrid.
 
San Bernardo de Claraval, fue una de las grandes personalidades de la iglesia medieval. De origen borgoñon, nació en 1090 en Fontaine des Dijon, ingresando joven en la abadía benedictina de Citeaux (del Cister). En 1115, liberó la reforma cisterciense, fundando la abadía de Claraval, que gobernó hasta su fallecimiento en 1153.
La obra que presentamos representa el milagro de la “lactatio”, incorporado a la biografía del Santo en el siglo XIV. Fue en Chantillon-sur- Seine, cuando el Santo estaba rezando ante la imagen de la Virgen con Niño, invocándola “Mostra te esse matrem”. Es entonces, cuando se produce el milagro en el que el Santo recibe un chorro divino de la leche de la Virgen. Sobre esta mística visión surgieron diversas leyendas como la que decía que las gotas cayeron sobre la boca, los ojos, y la túnica del santo que se volvió blanca; como el hábito de los monjes del Cister.
 
Sobre un fondo arquitectónico y en un interior el pintor nos sitúa la Virgen y el Niño Jesús con el santo dispuestos en dos planos, de gloria y de tierra, en un eje diagonal. San Bernardo situado en un primer plano vestido con hábito blanco, arrodillado y en actitud de oración recibe la leche del pecho de la Virgen que aparece en un plano superior sobre un trono de nubes iluminados y mantenido por la cabeza de querubines. Destacamos el tratamiento delicado de los rostros, la corrección del dibujo y la aplicación de los colores un tanto esmaltados.

Precio salida

4.500 €

780. ESCUELA CASTELLANA, SIGLO XVIVisión mística de San Bernardo o Lactación de San Bernardo

Óleo sobre tabla. 120 x 104 cm.
 
PROCEDENCIA:
Colección particular Madrid.
 
San Bernardo de Claraval, fue una de las grandes personalidades de la iglesia medieval. De origen borgoñon, nació en 1090 en Fontaine des Dijon, ingresando joven en la abadía benedictina de Citeaux (del Cister). En 1115, liberó la reforma cisterciense, fundando la abadía de Claraval, que gobernó hasta su fallecimiento en 1153.
La obra que presentamos representa el milagro de la “lactatio”, incorporado a la biografía del Santo en el siglo XIV. Fue en Chantillon-sur- Seine, cuando el Santo estaba rezando ante la imagen de la Virgen con Niño, invocándola “Mostra te esse matrem”. Es entonces, cuando se produce el milagro en el que el Santo recibe un chorro divino de la leche de la Virgen. Sobre esta mística visión surgieron diversas leyendas como la que decía que las gotas cayeron sobre la boca, los ojos, y la túnica del santo que se volvió blanca; como el hábito de los monjes del Cister.
 
Sobre un fondo arquitectónico y en un interior el pintor nos sitúa la Virgen y el Niño Jesús con el santo dispuestos en dos planos, de gloria y de tierra, en un eje diagonal. San Bernardo situado en un primer plano vestido con hábito blanco, arrodillado y en actitud de oración recibe la leche del pecho de la Virgen que aparece en un plano superior sobre un trono de nubes iluminados y mantenido por la cabeza de querubines. Destacamos el tratamiento delicado de los rostros, la corrección del dibujo y la aplicación de los colores un tanto esmaltados.

Precio salida: 4.500 €

784. ESCUELA SEVILLANA, SIGLO XVIITrinidad en la Tierra con San Juan Bautista, San Francisco y donantes

Óleo sobre lienzo. 218 x 170,5 cm.
Con etiqueta en el reverso inscrita a tinta.
 
Este lienzo fue anteriormente atribuido a Juan de Valdés Leal por Antonio Gallego Burín, historiador del arte y político español con un papel central en la gestión cultural de la España del siglo XX. Alcalde de Granada entre 1938 y 1951 y Director General de Bellas Artes entre 1951 y 1957, impulsó políticas de modernización urbana y de control y gestión del patrimonio histórico-artístico durante el primer franquismo.
 
Desde el punto de vista compositivo, el lienzo se organiza en tres niveles claramente diferenciados. Sobre un fondo de paisaje, en el plano central, se dispone la Sagrada Familia, con el Niño Jesús en el centro, de pie sobre el globo terráqueo, símbolo de su dominio universal como Salvator Mundi. A su derecha se sitúa la Virgen María acompañada por San Juan Bautista, mientras que a su izquierda aparece San José junto a San Francisco. En la parte superior, un rompimiento de gloria acoge la paloma del Espíritu Santo, rodeada de querubines, reforzando el carácter trinitario de la escena.
 
El plano inferior un destacado conjunto de figuras retratadas con gran naturalismo, posiblemente donantes aún no identificados, representados en actitud devota. A la izquierda, un caballero aparece acompañado por su ángel de la guarda, quien orienta su mirada y gestos hacia la Sagrada Familia, actuando como intercesor. A la derecha, dos damas portan dos relicarios con las imágenes de la Dolorosa y de la Santa Faz; una sostiene un rosario y la otra un devocionario. La cuidada caracterización de los rostros, la riqueza simbólica del conjunto y la inclusión de los donantes confieren a la obra un carácter singular, reforzando tanto su estatus social como su piedad, al tiempo que los sitúa bajo la protección divina.
 
Por su iconografía y composición, es posible que el lienzo fuera encargado para una capilla privada, para la que se habría solicitado u obtenido la condición de altar privilegiado. La presencia de los donantes adquiere aquí una especial relevancia, no solo por la calidad de los retratos, sino también por tratarse de los únicos retratos presentes en la obra.
 
Este lienzo se ha relacionado con la producción de Juan del Castillo (Sevilla, 1584 - Cádiz, 1640), en particular con San Francisco en la Porciúncula con donantes, subastado en esta sala (subasta 16, lote 358), así como con Juan de Uceda (Sevilla, 1570- 1631), pintor sevillano cuya estancia en Lima está documentada, pudiendo establecerse comparaciones con la Trinidad en la Tierra conservada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
 

Precio salida

6.000 €

784. ESCUELA SEVILLANA, SIGLO XVIITrinidad en la Tierra con San Juan Bautista, San Francisco y donantes

Óleo sobre lienzo. 218 x 170,5 cm.
Con etiqueta en el reverso inscrita a tinta.
 
Este lienzo fue anteriormente atribuido a Juan de Valdés Leal por Antonio Gallego Burín, historiador del arte y político español con un papel central en la gestión cultural de la España del siglo XX. Alcalde de Granada entre 1938 y 1951 y Director General de Bellas Artes entre 1951 y 1957, impulsó políticas de modernización urbana y de control y gestión del patrimonio histórico-artístico durante el primer franquismo.
 
Desde el punto de vista compositivo, el lienzo se organiza en tres niveles claramente diferenciados. Sobre un fondo de paisaje, en el plano central, se dispone la Sagrada Familia, con el Niño Jesús en el centro, de pie sobre el globo terráqueo, símbolo de su dominio universal como Salvator Mundi. A su derecha se sitúa la Virgen María acompañada por San Juan Bautista, mientras que a su izquierda aparece San José junto a San Francisco. En la parte superior, un rompimiento de gloria acoge la paloma del Espíritu Santo, rodeada de querubines, reforzando el carácter trinitario de la escena.
 
El plano inferior un destacado conjunto de figuras retratadas con gran naturalismo, posiblemente donantes aún no identificados, representados en actitud devota. A la izquierda, un caballero aparece acompañado por su ángel de la guarda, quien orienta su mirada y gestos hacia la Sagrada Familia, actuando como intercesor. A la derecha, dos damas portan dos relicarios con las imágenes de la Dolorosa y de la Santa Faz; una sostiene un rosario y la otra un devocionario. La cuidada caracterización de los rostros, la riqueza simbólica del conjunto y la inclusión de los donantes confieren a la obra un carácter singular, reforzando tanto su estatus social como su piedad, al tiempo que los sitúa bajo la protección divina.
 
Por su iconografía y composición, es posible que el lienzo fuera encargado para una capilla privada, para la que se habría solicitado u obtenido la condición de altar privilegiado. La presencia de los donantes adquiere aquí una especial relevancia, no solo por la calidad de los retratos, sino también por tratarse de los únicos retratos presentes en la obra.
 
Este lienzo se ha relacionado con la producción de Juan del Castillo (Sevilla, 1584 - Cádiz, 1640), en particular con San Francisco en la Porciúncula con donantes, subastado en esta sala (subasta 16, lote 358), así como con Juan de Uceda (Sevilla, 1570- 1631), pintor sevillano cuya estancia en Lima está documentada, pudiendo establecerse comparaciones con la Trinidad en la Tierra conservada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
 

Precio salida: 6.000 €

785. ACISCLO ANTONIO PALOMINO Y VELASCO (Bujalance, Córdoba, 1655-Madrid, 1726)La Rendición de Córdoba ante Fernando III y La Aparición de San Rafael al venerable RoelasDos bocetos en grisalla para la capilla de Santa Teresa de la Catedral de Córdoba, también conocida como capilla del Cardenal SalazarH. 1712- 1713

Dos óleos sobre lienzo pintados en grisalla. 73 x 39 cm y 72,5 x 40 cm.
 
Procedencia:
Antigua colección particular de Buenos Aires.
Adquiridos por el propietario actual.
 
Exposiciones:
De los primitivos a Goya. Museo Nacional de Bellas Artes, 1966.
 
Bibliografía:
MAYER, A. L. Cuadros españoles en el mercado internacional. Dos bocetos de Cabezalero, Arte Español, 1926, p. 54 (ilustrados).
Exposición De los primitivos a Goya. Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, 1966, nº 6 y 7 cm. (procedencia: Colección Príncipe Alejandro Dietrichstein y Colección Carlos A. Zemborain y Sra.)
PÉREZ SÁNCHEZ, A. E. Notas sobre Palomino pintor, Archivo Español de Arte, 179, 1972, p.251- 269, lámina 1 (ilustrados).
 
Pareja de bocetos en grisalla para los dos grandes lienzos La Rendición de Córdoba ante Fernando III y La Aparición de San Rafael al venerable Roelas, pintados por Antonio Acisclo Palomino en 1713 para la capilla de Santa Teresa de la Catedral de Córdoba, también conocida como capilla del Cardenal Salazar. Los lienzos definitivos miden 4,98 × 2,86 m; ambos están firmados y uno fechado.
 
Ambas grisallas fueron dadas a conocer por primera vez en 1926 Mayer, quien las consideró obras de Juan Martín Cabezalero, señaló su filiación estilística con Juan Carreño de Miranda y no identificó uno de los temas. Posteriormente, en 1966 se expusieron en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, descritas como obras de Carreño. Finalmente, en 1972, Alfonso E. Pérez Sánchez las identificó y publicó correctamente como dos bocetos en grisalla de Palomino para los lienzos definitivos conservados en la catedral de Córdoba, antes citados.
 
Ejecutados en una refinada grisalla, los bocetos revelan la madurez estilística del artista en el último periodo de su carrera. Tal como señaló Valdivieso, Palomino despliega aquí una concepción plenamente barroca, caracterizada por una composición compleja y dinámica, resueltas con una admirable soltura de dibujo. La técnica, más cercana a la factura prieta y modeladora de Claudio Coello que a la esponjosidad de Carreño, se apoya en un delicado silueteado luminoso de las formas, testimonio de la fidelidad del pintor a la enseñanza de su maestro madrileño, sin dejar de acusar la influencia del lenguaje monumental de Luca Giordano.
 
En La Rendición de Córdoba ante Fernando III se representa el histórico acontecimiento de 1236, cuando el rey musulmán entrega las llaves de la ciudad al monarca castellano-leonés. En la zona inferior de la composición, el soberano vencido y su séquito aparecen arrodillados ante Fernando III, quien recibe la rendición con gesto sereno, flanqueado por los capitanes de sus ejércitos. Al fondo se alza el perfil urbano de Córdoba, con la catedral ya concebida como templo cristiano, las murallas de la ciudad y la torre de la Calahorra. La escena se culmina en la parte superior con un rompimiento de gloria presidido por la Virgen con el Niño, acompañados de una corte angélica y de santos; entre ellos San Francisco, Santo Domingo, San Pedro y San Pablo.
 
El segundo boceto, La Aparición de San Rafael al venerable Roelas, alude a un episodio profundamente arraigado en la tradición religiosa cordobesa, acaecido a mediados del siglo XVI. En la parte inferior derecha aparece arrodillado el venerable Andrés de Roelas, receptor de la visión. El arcángel San Rafael, figura central de la composición, le revela que las reliquias contenidas en la urna sostenida por dos ángeles pertenecen a los mártires de Córdoba, ejecutados durante el dominio musulmán de los Omeyas. En la zona superior, un nuevo rompimiento de gloria muestra a San Pedro, portando las llaves de la Iglesia, y al arcángel San Miguel con la espada, rodeados de una nutrida corte celestial. El cardenal Salazar, promotor del programa iconográfico, aparece arrodillado en actitud orante. Dos ángeles sostienen en la parte inferior una cartela que, en el lienzo definitivo, recoge en latín el juramento del arcángel Rafael como guardián de la ciudad: Yo te juro por Jesucristo crucificado que soy Rafael ángel a quien Dios tiene puesto por guardián de esta ciudad, para decir que los huesos que se habían hallado en la iglesia de San Pedro pertenecía a los mártires de Córdoba.
 
Tal como indicó Pérez Sánchez, la correspondencia entre estos bocetos y los lienzos definitivos es casi literal, con diferencias mínimas, entre las que destaca la variación en la posición del arcángel San Rafael en el lienzo del Venerable, representado de perfil en el boceto con la mirada dirigida hacia el padre Roelas, y casi frontal en la versión final, mirando al espectador.
 
Con estudio de Enrique Valdivieso, Sevilla, 20 de noviembre de 2024.

Precio salida

40.000 €

785. ACISCLO ANTONIO PALOMINO Y VELASCO (Bujalance, Córdoba, 1655-Madrid, 1726)La Rendición de Córdoba ante Fernando III y La Aparición de San Rafael al venerable RoelasDos bocetos en grisalla para la capilla de Santa Teresa de la Catedral de Córdoba, también conocida como capilla del Cardenal SalazarH. 1712- 1713

Dos óleos sobre lienzo pintados en grisalla. 73 x 39 cm y 72,5 x 40 cm.
 
Procedencia:
Antigua colección particular de Buenos Aires.
Adquiridos por el propietario actual.
 
Exposiciones:
De los primitivos a Goya. Museo Nacional de Bellas Artes, 1966.
 
Bibliografía:
MAYER, A. L. Cuadros españoles en el mercado internacional. Dos bocetos de Cabezalero, Arte Español, 1926, p. 54 (ilustrados).
Exposición De los primitivos a Goya. Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, 1966, nº 6 y 7 cm. (procedencia: Colección Príncipe Alejandro Dietrichstein y Colección Carlos A. Zemborain y Sra.)
PÉREZ SÁNCHEZ, A. E. Notas sobre Palomino pintor, Archivo Español de Arte, 179, 1972, p.251- 269, lámina 1 (ilustrados).
 
Pareja de bocetos en grisalla para los dos grandes lienzos La Rendición de Córdoba ante Fernando III y La Aparición de San Rafael al venerable Roelas, pintados por Antonio Acisclo Palomino en 1713 para la capilla de Santa Teresa de la Catedral de Córdoba, también conocida como capilla del Cardenal Salazar. Los lienzos definitivos miden 4,98 × 2,86 m; ambos están firmados y uno fechado.
 
Ambas grisallas fueron dadas a conocer por primera vez en 1926 Mayer, quien las consideró obras de Juan Martín Cabezalero, señaló su filiación estilística con Juan Carreño de Miranda y no identificó uno de los temas. Posteriormente, en 1966 se expusieron en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, descritas como obras de Carreño. Finalmente, en 1972, Alfonso E. Pérez Sánchez las identificó y publicó correctamente como dos bocetos en grisalla de Palomino para los lienzos definitivos conservados en la catedral de Córdoba, antes citados.
 
Ejecutados en una refinada grisalla, los bocetos revelan la madurez estilística del artista en el último periodo de su carrera. Tal como señaló Valdivieso, Palomino despliega aquí una concepción plenamente barroca, caracterizada por una composición compleja y dinámica, resueltas con una admirable soltura de dibujo. La técnica, más cercana a la factura prieta y modeladora de Claudio Coello que a la esponjosidad de Carreño, se apoya en un delicado silueteado luminoso de las formas, testimonio de la fidelidad del pintor a la enseñanza de su maestro madrileño, sin dejar de acusar la influencia del lenguaje monumental de Luca Giordano.
 
En La Rendición de Córdoba ante Fernando III se representa el histórico acontecimiento de 1236, cuando el rey musulmán entrega las llaves de la ciudad al monarca castellano-leonés. En la zona inferior de la composición, el soberano vencido y su séquito aparecen arrodillados ante Fernando III, quien recibe la rendición con gesto sereno, flanqueado por los capitanes de sus ejércitos. Al fondo se alza el perfil urbano de Córdoba, con la catedral ya concebida como templo cristiano, las murallas de la ciudad y la torre de la Calahorra. La escena se culmina en la parte superior con un rompimiento de gloria presidido por la Virgen con el Niño, acompañados de una corte angélica y de santos; entre ellos San Francisco, Santo Domingo, San Pedro y San Pablo.
 
El segundo boceto, La Aparición de San Rafael al venerable Roelas, alude a un episodio profundamente arraigado en la tradición religiosa cordobesa, acaecido a mediados del siglo XVI. En la parte inferior derecha aparece arrodillado el venerable Andrés de Roelas, receptor de la visión. El arcángel San Rafael, figura central de la composición, le revela que las reliquias contenidas en la urna sostenida por dos ángeles pertenecen a los mártires de Córdoba, ejecutados durante el dominio musulmán de los Omeyas. En la zona superior, un nuevo rompimiento de gloria muestra a San Pedro, portando las llaves de la Iglesia, y al arcángel San Miguel con la espada, rodeados de una nutrida corte celestial. El cardenal Salazar, promotor del programa iconográfico, aparece arrodillado en actitud orante. Dos ángeles sostienen en la parte inferior una cartela que, en el lienzo definitivo, recoge en latín el juramento del arcángel Rafael como guardián de la ciudad: Yo te juro por Jesucristo crucificado que soy Rafael ángel a quien Dios tiene puesto por guardián de esta ciudad, para decir que los huesos que se habían hallado en la iglesia de San Pedro pertenecía a los mártires de Córdoba.
 
Tal como indicó Pérez Sánchez, la correspondencia entre estos bocetos y los lienzos definitivos es casi literal, con diferencias mínimas, entre las que destaca la variación en la posición del arcángel San Rafael en el lienzo del Venerable, representado de perfil en el boceto con la mirada dirigida hacia el padre Roelas, y casi frontal en la versión final, mirando al espectador.
 
Con estudio de Enrique Valdivieso, Sevilla, 20 de noviembre de 2024.

Precio salida: 40.000 €

790. ATRIBUIDO A PETER VAN LINT (1609- 1690)Adoración de los Reyes Magos sobre un paisaje

Óleo sobre cobre. 69 x 86 cm.
En el reverso con etiqueta de la Junta Delegada de Incautación con número de inventario: "19658" y número de colección: "7".
 
La Adoración de los Reyes Magos constituye uno de los temas más reiterados en el ámbito de la pintura flamenca del siglo XVII, especialmente en el círculo de Pedro Pablo Rubens, donde el episodio evangélico narrado en Mateo (2, 1-12) fue objeto de numerosas reinterpretaciones. La escena de la Epifanía, centrada en la adoración del Niño Jesús por los Magos de Oriente y la ofrenda de oro, incienso y mirra - atributos simbólicos de la realeza, la divinidad y el sacrificio redentor -, se caracteriza por composiciones de gran dinamismo, una notable riqueza descriptiva y un uso expresivo de la luz destinado a intensificar la carga devocional.
Desde el punto de vista compositivo, la obra puede ponerse en relación con el grabado realizado por Lucas Vorsterman, basado en un original de Pedro Pablo Rubens (Véase: : https://www.britishmuseum.org/collection/object/P_1891-0414-580), así como con otro grabado de Schelte à Bolswert (Véase: https://bnedigital.bne.es/bd/card?oid=0000028000&site=bdh) ambos fundamentales en la difusión de este modelo iconográfico dentro del ámbito flamenco del siglo XVII.
A relacionar con la Adoración de los Reyes Magos conservada en el Nationalmuseum de Estocolmo con número de inventario: “NM 604”. Peter Van Lint, fue un pintor que recurrió con frecuencia a la copia y reinterpretación de composiciones de su maestro Artus Wolffort, quien en sus últimos años adaptó esquemas procedentes de Rubens. El estilo de Van Lint anterior a 1640 muestra una marcada influencia rubeniana, tanto en la disposición de las figuras como en el tratamiento de la luz y el color.
 

Precio salida

2.000 €

790. ATRIBUIDO A PETER VAN LINT (1609- 1690)Adoración de los Reyes Magos sobre un paisaje

Óleo sobre cobre. 69 x 86 cm.
En el reverso con etiqueta de la Junta Delegada de Incautación con número de inventario: "19658" y número de colección: "7".
 
La Adoración de los Reyes Magos constituye uno de los temas más reiterados en el ámbito de la pintura flamenca del siglo XVII, especialmente en el círculo de Pedro Pablo Rubens, donde el episodio evangélico narrado en Mateo (2, 1-12) fue objeto de numerosas reinterpretaciones. La escena de la Epifanía, centrada en la adoración del Niño Jesús por los Magos de Oriente y la ofrenda de oro, incienso y mirra - atributos simbólicos de la realeza, la divinidad y el sacrificio redentor -, se caracteriza por composiciones de gran dinamismo, una notable riqueza descriptiva y un uso expresivo de la luz destinado a intensificar la carga devocional.
Desde el punto de vista compositivo, la obra puede ponerse en relación con el grabado realizado por Lucas Vorsterman, basado en un original de Pedro Pablo Rubens (Véase: : https://www.britishmuseum.org/collection/object/P_1891-0414-580), así como con otro grabado de Schelte à Bolswert (Véase: https://bnedigital.bne.es/bd/card?oid=0000028000&site=bdh) ambos fundamentales en la difusión de este modelo iconográfico dentro del ámbito flamenco del siglo XVII.
A relacionar con la Adoración de los Reyes Magos conservada en el Nationalmuseum de Estocolmo con número de inventario: “NM 604”. Peter Van Lint, fue un pintor que recurrió con frecuencia a la copia y reinterpretación de composiciones de su maestro Artus Wolffort, quien en sus últimos años adaptó esquemas procedentes de Rubens. El estilo de Van Lint anterior a 1640 muestra una marcada influencia rubeniana, tanto en la disposición de las figuras como en el tratamiento de la luz y el color.
 

Precio salida: 2.000 €

791. MONOGRAMISTA F.M (Pintor activo en el Norte de los Paises Bajos en el siglo XVII) La Batalla de las Amazonas

Óleo sobre cobre. 32 x 46,5 cm.
Firmado con iniciales: "FM" (enlazadas) y F (fecit?).
 
El cobre que presentamos, firmado con iniciales, inmortaliza un pasaje de la mitología griega la batalla entre las amazonas y Teseo, rey de Atenas. Las amazonas eran un pueblo legendario de mujeres guerreras, conocidas por su valentía y habilidad en el combate, que, según la tradición, habitaban en regiones cercanas al mar Negro. Según el mito, tras el rapto de una amazona, identificada como Hipólita o Antíope, las guerreras invadieron la ciudad, desatando una gran batalla conocida como la Amazonomaquia.
 
La escena muestra al fondo la lucha sobre un puente, donde hombres y mujeres combaten cuerpo a cuerpo. Algunos caen al río junto con sus caballos, mientras otros continúan la pelea. En primer plano, la composición dinámica está dominada por un movimiento intenso y dramático: cuerpos en tensión, gestos exagerados y una marcada sensación de fuerza física. Destaca la figura con casco y túnica roja que parece lanzarse al combate, posiblemente Teseo, dispuesto a clavar su lanza. En la parte inferior se observan cuerpos muertos y un caballo caído, elementos que acentúan el dramatismo de la escena. Destacamos el rico colorido con especial dominio de los azules en el celaje, que contrasta con los tonos cálidos de los ropajes y carnaciones.
 
Es posible que el monogramista F.M corresponda a Frans Menton (Haarlem, 1545- Alkmaar, 1615) discípulo de Frans Floris.

Precio salida

5.000 €

791. MONOGRAMISTA F.M (Pintor activo en el Norte de los Paises Bajos en el siglo XVII) La Batalla de las Amazonas

Óleo sobre cobre. 32 x 46,5 cm.
Firmado con iniciales: "FM" (enlazadas) y F (fecit?).
 
El cobre que presentamos, firmado con iniciales, inmortaliza un pasaje de la mitología griega la batalla entre las amazonas y Teseo, rey de Atenas. Las amazonas eran un pueblo legendario de mujeres guerreras, conocidas por su valentía y habilidad en el combate, que, según la tradición, habitaban en regiones cercanas al mar Negro. Según el mito, tras el rapto de una amazona, identificada como Hipólita o Antíope, las guerreras invadieron la ciudad, desatando una gran batalla conocida como la Amazonomaquia.
 
La escena muestra al fondo la lucha sobre un puente, donde hombres y mujeres combaten cuerpo a cuerpo. Algunos caen al río junto con sus caballos, mientras otros continúan la pelea. En primer plano, la composición dinámica está dominada por un movimiento intenso y dramático: cuerpos en tensión, gestos exagerados y una marcada sensación de fuerza física. Destaca la figura con casco y túnica roja que parece lanzarse al combate, posiblemente Teseo, dispuesto a clavar su lanza. En la parte inferior se observan cuerpos muertos y un caballo caído, elementos que acentúan el dramatismo de la escena. Destacamos el rico colorido con especial dominio de los azules en el celaje, que contrasta con los tonos cálidos de los ropajes y carnaciones.
 
Es posible que el monogramista F.M corresponda a Frans Menton (Haarlem, 1545- Alkmaar, 1615) discípulo de Frans Floris.

Precio salida: 5.000 €

796. ESCUELA DEL NORTE DE ITALIA, SIGLO XVIIJugadores de dados, músicos y la Buenaventura

Óleo sobre tabla. 44 x 59,5 cm.
En el reverso inscrito a tinta: "nº 26".
 
Esta tabla muestra un grupo de personajes reunidos alrededor de una mesa, jugando a los dados y acompañados por músicos. En el lado derecho destaca la escena de la Buenaventura: una mujer lee la palma de la mano a un joven que la observa atento, mientras ella parece intentar quitarle discretamente un objeto, en un claro ejemplo de engaño. En el margen derecho, aparece un anciano con sombrero negro, posiblemente el autorretrato del pintor.
 
Este tipo de escenas de género, centradas en temas como la Buenaventura, las partidas de cartas y los juegos de azar, se hicieron muy populares durante el siglo XVII tanto en los Países Bajos como en el norte de Italia. En los Países Bajos, artistas como Theodoor Rombouts desarrollaron la pintura de género utilizando recursos como situar figuras de espaldas al espectador, conocidos como repoussoirs, para crear sensación de profundidad. Por otro lado, en el sur de Europa, Caravaggio y sus seguidores, entre ellos Bartolomé Manfredi, elaboraron escenas populares con músicos, jugadores y adivinas que se difundieron ampliamente en Europa Occidental durante las décadas de 1620 y 1630. Numerosos pintores flamencos, como Van Honthorst, de Coster, Seghers, Janssens o el propio Rombouts, que se formaron o viajaron a Italia, adoptaron este estilo caravaggista y lo trasladaron a ciudades neerlandesas como Utrecht y Amberes, donde alcanzó gran popularidad.
 
La espontaneidad en los gestos y la atención al detalle en esta obra reflejan claramente la influencia del naturalismo caravaggista. Los personajes visten según la moda masculina del siglo XVII, con especial énfasis en los sombreros adornados con plumas, símbolos de estatus y sofisticación en regiones del norte de Italia como Venecia y Lombardía. Estas plumas, generalmente de avestruz o pavo real, indicaban riqueza y cultura, y eran habituales en retratos y escenas contemporáneas para conferir nobleza y elegancia a los personajes.

Precio salida

10.000 €

796. ESCUELA DEL NORTE DE ITALIA, SIGLO XVIIJugadores de dados, músicos y la Buenaventura

Óleo sobre tabla. 44 x 59,5 cm.
En el reverso inscrito a tinta: "nº 26".
 
Esta tabla muestra un grupo de personajes reunidos alrededor de una mesa, jugando a los dados y acompañados por músicos. En el lado derecho destaca la escena de la Buenaventura: una mujer lee la palma de la mano a un joven que la observa atento, mientras ella parece intentar quitarle discretamente un objeto, en un claro ejemplo de engaño. En el margen derecho, aparece un anciano con sombrero negro, posiblemente el autorretrato del pintor.
 
Este tipo de escenas de género, centradas en temas como la Buenaventura, las partidas de cartas y los juegos de azar, se hicieron muy populares durante el siglo XVII tanto en los Países Bajos como en el norte de Italia. En los Países Bajos, artistas como Theodoor Rombouts desarrollaron la pintura de género utilizando recursos como situar figuras de espaldas al espectador, conocidos como repoussoirs, para crear sensación de profundidad. Por otro lado, en el sur de Europa, Caravaggio y sus seguidores, entre ellos Bartolomé Manfredi, elaboraron escenas populares con músicos, jugadores y adivinas que se difundieron ampliamente en Europa Occidental durante las décadas de 1620 y 1630. Numerosos pintores flamencos, como Van Honthorst, de Coster, Seghers, Janssens o el propio Rombouts, que se formaron o viajaron a Italia, adoptaron este estilo caravaggista y lo trasladaron a ciudades neerlandesas como Utrecht y Amberes, donde alcanzó gran popularidad.
 
La espontaneidad en los gestos y la atención al detalle en esta obra reflejan claramente la influencia del naturalismo caravaggista. Los personajes visten según la moda masculina del siglo XVII, con especial énfasis en los sombreros adornados con plumas, símbolos de estatus y sofisticación en regiones del norte de Italia como Venecia y Lombardía. Estas plumas, generalmente de avestruz o pavo real, indicaban riqueza y cultura, y eran habituales en retratos y escenas contemporáneas para conferir nobleza y elegancia a los personajes.

Precio salida: 10.000 €

797. ESCUELA NAPOLITANA, MITAD DEL SIGLO XVIISan Lucas

Óleo sobre lienzo, 117,5 x 93,5 cm.
Con marco antiguo mallorquín en madera tallada y dorada.
 
Procedencia:
Colección particular de Mallorca.
 
Los vínculos entre Mallorca y la Orden de San Juan están documentados desde el siglo XIII, aunque adquirieron mayor intensidad entre los siglos XVI y XVIII, cuando miembros de la nobleza mallorquina ocuparon cargos destacados en la Orden establecida en Malta. Esta relación favoreció un intercambio constante no solo político y religioso, sino también cultural y artístico.
 
En el siglo XVII, Malta se convirtió en un foco artístico relevante dentro del ámbito hospitalario, especialmente tras la llegada del pintor calabrés Mattia Preti, cuya obra marcó profundamente el panorama visual de la isla. A través de caballeros mallorquines vinculados a la Orden, diversas pinturas italianas, entre ellas obras de la escuela napolitana, llegaron a Mallorca.
 
Los inventarios de casas nobles, como la de los Cotoner, mencionan pinturas procedentes de Malta y obras atribuidas al “Calabrés”, nombre con el que se identificaba a Preti. Entre ellas figura un San Mateo descrito como venido de Malta, que podría haber formado parte de una serie de los Evangelistas. Aunque estas atribuciones deben considerarse con prudencia, la documentación confirma la presencia de pintura vinculada al ámbito napolitano en colecciones mallorquinas.
En este contexto debe situarse la obra que presentamos. La pintura nos muestra la figura San Lucas de medio cuerpo, en actitud reflexiva, apoyado sobre un libro y sosteniendo una pluma en la mano. Al fondo aparece su atributo iconográfico, el toro o buey. La iluminación se concentra en el rostro y en las manos, reforzando la intensidad psicológica del santo y el potente modelado del antebrazo.
 
El fuerte contraste entre luz y sombra, el naturalismo intenso y la representación directa de los rasgos sitúan la obra dentro de la tradición caravaggista desarrollada en Nápoles durante el siglo XVII. La intensidad expresiva y la manera de trabajar la luz recuerdan modelos difundidos tras la estancia de Caravaggio en la ciudad y continuados por pintores posteriores como José de Ribera.
 
Por sus características formales, puede relacionarse con pintores napolitanos activos hacia la mitad del siglo XVII, como Francesco Fracanzano o Nicola Malinconico. Tampoco puede descartarse que formara parte de una serie de evangelistas, tipología frecuente tanto en el ámbito napolitano como en las colecciones mallorquinas de procedencia maltesa.

Precio salida

8.000 €

797. ESCUELA NAPOLITANA, MITAD DEL SIGLO XVIISan Lucas

Óleo sobre lienzo, 117,5 x 93,5 cm.
Con marco antiguo mallorquín en madera tallada y dorada.
 
Procedencia:
Colección particular de Mallorca.
 
Los vínculos entre Mallorca y la Orden de San Juan están documentados desde el siglo XIII, aunque adquirieron mayor intensidad entre los siglos XVI y XVIII, cuando miembros de la nobleza mallorquina ocuparon cargos destacados en la Orden establecida en Malta. Esta relación favoreció un intercambio constante no solo político y religioso, sino también cultural y artístico.
 
En el siglo XVII, Malta se convirtió en un foco artístico relevante dentro del ámbito hospitalario, especialmente tras la llegada del pintor calabrés Mattia Preti, cuya obra marcó profundamente el panorama visual de la isla. A través de caballeros mallorquines vinculados a la Orden, diversas pinturas italianas, entre ellas obras de la escuela napolitana, llegaron a Mallorca.
 
Los inventarios de casas nobles, como la de los Cotoner, mencionan pinturas procedentes de Malta y obras atribuidas al “Calabrés”, nombre con el que se identificaba a Preti. Entre ellas figura un San Mateo descrito como venido de Malta, que podría haber formado parte de una serie de los Evangelistas. Aunque estas atribuciones deben considerarse con prudencia, la documentación confirma la presencia de pintura vinculada al ámbito napolitano en colecciones mallorquinas.
En este contexto debe situarse la obra que presentamos. La pintura nos muestra la figura San Lucas de medio cuerpo, en actitud reflexiva, apoyado sobre un libro y sosteniendo una pluma en la mano. Al fondo aparece su atributo iconográfico, el toro o buey. La iluminación se concentra en el rostro y en las manos, reforzando la intensidad psicológica del santo y el potente modelado del antebrazo.
 
El fuerte contraste entre luz y sombra, el naturalismo intenso y la representación directa de los rasgos sitúan la obra dentro de la tradición caravaggista desarrollada en Nápoles durante el siglo XVII. La intensidad expresiva y la manera de trabajar la luz recuerdan modelos difundidos tras la estancia de Caravaggio en la ciudad y continuados por pintores posteriores como José de Ribera.
 
Por sus características formales, puede relacionarse con pintores napolitanos activos hacia la mitad del siglo XVII, como Francesco Fracanzano o Nicola Malinconico. Tampoco puede descartarse que formara parte de una serie de evangelistas, tipología frecuente tanto en el ámbito napolitano como en las colecciones mallorquinas de procedencia maltesa.

Precio salida: 8.000 €

798. JOSE MARÍA DE LA BASTIDA (Escuela mexicana, siglo XVIII)Cristo sobre un paisaje según la visión de la Venerable Madre María Jesús de Agreda

Óleo sobre cobre. 22,8 x 16,7 cm, sin marco.
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: "Labastida, fecit ano 17...".
Inscrito: "..... y imaxe de Christo S. N. conforme escrivio la Vr. Me. María de Jesús de Agreda".
En el reverso del cobre inscrito con rotulador en rojo: "60".
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
Toussaint, Manuel, Pintura colonial en México. México, 1990, página 175.
 
María de Jesús de Ágreda (1602- 1665), conocida como la Venerable o la Dama Azul, abadesa del convento de las Madres Concepcionistas de Ágreda y reconocida escritora espiritual, es considerada una de las más grandes místicas de la historia de la Iglesia católica del siglo XVII. Aunque nunca salió físicamente de su convento en Soria, fue protagonista de la evangelización en los territorios del actual norte de México y suroeste de los Estados Unidos.
 
Diversas fuentes del siglo XVII, como el Memorial de Benavides (1630) y los testimonios de misioneros franciscanos, atribuyen a María de Jesús de Ágreda una labor evangelizadora entre los pueblos indígenas del valle del río Grande, fruto del don místico de la bilocación, ya que, como se ha señalado, la monja nunca abandonó su clausura en Ágreda.
 
Los frailes constataron que numerosos indígenas solicitaban el bautismo sin haber tenido contacto previo con europeos, afirmando haber recibido catequesis de una mujer vestida de azul, identificada como sor María de Jesús de Ágreda. Esta circunstancia facilitó su labor misionera. Debido a la extraordinaria naturaleza del fenómeno, la religiosa fue investigada por las autoridades eclesiásticas y la Inquisición, que concluyeron favorablemente, reconociendo la veracidad de los testimonios y la ausencia de engaño o herejía.
 
La huella de su misión perdura hasta hoy. En 2008, la villa de Ágreda y el Estado de Nuevo México firmaron un histórico hermanamiento, reconociendo el papel decisivo de la Venerable en la historia espiritual de la región.
 
La obra que presentamos, firmada "Labastida" y con restos de fecha "17…", representa a Cristo sobre un paisaje, con un rompimiento de gloria en el que aparece la Trinidad acompañada de cabezas de querubines. La iconografía responde, según indica la inscripción, imagen de Cristo Nuestro Señor conforme escribió la Venerable Madre María de Jesús de Ágreda.
 
José María de la Bastida fue un pintor novohispano del siglo XVIII del que se conservan escasas noticias biográficas y cuya actividad se conoce fundamentalmente a través de sus obras. Manuel Toussaint menciona un Plano de la Alameda de México, conservado en el Museo Nacional y fechado en 1778, así como una Virgen de Guadalupe en la Catedral Metropolitana, del pintor.

Precio salida

1.500 €

798. JOSE MARÍA DE LA BASTIDA (Escuela mexicana, siglo XVIII)Cristo sobre un paisaje según la visión de la Venerable Madre María Jesús de Agreda

Óleo sobre cobre. 22,8 x 16,7 cm, sin marco.
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: "Labastida, fecit ano 17...".
Inscrito: "..... y imaxe de Christo S. N. conforme escrivio la Vr. Me. María de Jesús de Agreda".
En el reverso del cobre inscrito con rotulador en rojo: "60".
 
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
Toussaint, Manuel, Pintura colonial en México. México, 1990, página 175.
 
María de Jesús de Ágreda (1602- 1665), conocida como la Venerable o la Dama Azul, abadesa del convento de las Madres Concepcionistas de Ágreda y reconocida escritora espiritual, es considerada una de las más grandes místicas de la historia de la Iglesia católica del siglo XVII. Aunque nunca salió físicamente de su convento en Soria, fue protagonista de la evangelización en los territorios del actual norte de México y suroeste de los Estados Unidos.
 
Diversas fuentes del siglo XVII, como el Memorial de Benavides (1630) y los testimonios de misioneros franciscanos, atribuyen a María de Jesús de Ágreda una labor evangelizadora entre los pueblos indígenas del valle del río Grande, fruto del don místico de la bilocación, ya que, como se ha señalado, la monja nunca abandonó su clausura en Ágreda.
 
Los frailes constataron que numerosos indígenas solicitaban el bautismo sin haber tenido contacto previo con europeos, afirmando haber recibido catequesis de una mujer vestida de azul, identificada como sor María de Jesús de Ágreda. Esta circunstancia facilitó su labor misionera. Debido a la extraordinaria naturaleza del fenómeno, la religiosa fue investigada por las autoridades eclesiásticas y la Inquisición, que concluyeron favorablemente, reconociendo la veracidad de los testimonios y la ausencia de engaño o herejía.
 
La huella de su misión perdura hasta hoy. En 2008, la villa de Ágreda y el Estado de Nuevo México firmaron un histórico hermanamiento, reconociendo el papel decisivo de la Venerable en la historia espiritual de la región.
 
La obra que presentamos, firmada "Labastida" y con restos de fecha "17…", representa a Cristo sobre un paisaje, con un rompimiento de gloria en el que aparece la Trinidad acompañada de cabezas de querubines. La iconografía responde, según indica la inscripción, imagen de Cristo Nuestro Señor conforme escribió la Venerable Madre María de Jesús de Ágreda.
 
José María de la Bastida fue un pintor novohispano del siglo XVIII del que se conservan escasas noticias biográficas y cuya actividad se conoce fundamentalmente a través de sus obras. Manuel Toussaint menciona un Plano de la Alameda de México, conservado en el Museo Nacional y fechado en 1778, así como una Virgen de Guadalupe en la Catedral Metropolitana, del pintor.

Precio salida: 1.500 €

800. ESCUELA ANDINA, POTOSÍ- BOLIVIA, SIGLO XVIII El pago de tributos

Óleo sobre lienzo. 98 x 135 cm.
 
Bibliografía de referencia:
Gil Montero, Raquel, El tributo andino reinterpretado: el caso del corregimiento de Lípez. Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, Octubre 2015, nº 99, pp. 69- 88.
 
La obra que presentamos constituye una interesante representación del pago de tributos durante el periodo colonial, así como de la importancia de la moneda como medio de pago. No hemos localizado en la pintura andina ninguna representación aislada con este mismo motivo. En este contexto, conviene recordar que Potosí fue el centro minero más importante de América del Sur y la principal fuente de plata de la Corona, con miles de obreros —incluidos indígenas— extrayendo metal del Cerro Rico. La ciudad contaba con la Casa de la Moneda de Potosí desde 1574, donde el metal extraído se transformaba en moneda legal.
 
Esto implicó que una parte sustancial de la riqueza tributaria y productiva de la región no solo se pagara en plata, sino que además se acuñara y distribuyera directamente desde la ciudad en forma de moneda para las transacciones fiscales y comerciales. En este sentido, la producción potosina se convirtió en un eje central del sistema económico imperial, ya que los recursos fiscales generados directa o indirectamente por la actividad minera —incluidos los tributos indígenas— sostuvieron buena parte de la economía colonial. Así, la prosperidad de Potosí no dependía únicamente de la explotación minera, sino también del aporte tributario de regiones como Lípez, que garantizaban tanto mano de obra como recursos para mantener el funcionamiento del sistema.
 
En Potosí, entre el siglo XVII y comienzos del XVIII, uno de los diseños monetarios más característicos fue el de la llamada cruz de Jerusalén, símbolo asociado a la Corona y a la fe cristiana. A partir de 1732 se introdujeron los columnarios, que incorporaban las columnas de Hércules y los globos terráqueos como representación del Imperio ultramarino. Finalmente, desde 1773 comenzaron a acuñarse las monedas de busto, que sustituían los símbolos tradicionales por la efigie del monarca, en aplicación de las Reformas Borbónicas, cuyo objetivo era unificar y modernizar el sistema monetario del imperio.
 
El pago de tributos fue una de las principales obligaciones impuestas a las poblaciones indígenas tras la conquista española y desempeñó un papel fundamental en la organización de la sociedad colonial, especialmente en la administración de la mano de obra y en la reorganización de las poblaciones nativas. El tributo tuvo una larga trayectoria en Bolivia, con antecedentes que podrían remontarse a tiempos prehispánicos, y permaneció vigente incluso durante gran parte del siglo XIX.
 
En el siglo XVI, el tributo se articulaba con formas de trabajo obligatorio, particularmente con la mita —reclutamiento forzoso para trabajar en las minas—, de modo que no constituía únicamente un impuesto, sino que formaba parte de un sistema más amplio de integración forzada de las comunidades indígenas en la economía colonial. Durante el siglo XVII se observa una progresiva regularización del tributo, que comienza a funcionar con criterios más estrictamente fiscales. Aunque seguía vinculado a las obligaciones laborales, pasó a concebirse como un ingreso fijo y estable para la administración colonial.
 
A finales del siglo XVII y en el primer tercio del XVIII, el tributo se separa de manera más clara de la mera movilización de trabajo y se consolida como una cuota monetaria o en bienes integrada plenamente en los ingresos fiscales coloniales.
Este proceso generó transformaciones en la organización productiva y favoreció la movilidad interna inducida por la mita y otras cargas: numerosos indígenas se trasladaron a Potosí u otras zonas de trabajo forzado, alterando la estructura social y económica de sus comunidades de origen, como ocurrió en el caso de Lípez.
 
Finalmente, durante el siglo XVIII, las Reformas Borbónicas impulsaron políticas fiscales más centralizadas con el objetivo de reorganizar la recaudación e incrementar los ingresos de la Corona. El tributo indígena se integró entonces en un sistema fiscal más amplio, en el que se combinaban alcabalas, derechos sobre metales y control de las cecas, dejando de ser una carga predominantemente laboral o en especie para convertirse en un mecanismo fiscal plenamente estructurado.
 
En este marco económico y fiscal debe entenderse la escena representada en la pintura. La obra muestra un momento significativo dentro de la pintura andina: la participación en un acto de pago de impuestos, reflejo de las prácticas de recaudación, del control económico y de la circulación monetaria propias de la sociedad colonial. Sobre un paisaje de concepción andina, se sitúa en un espacio interior un grupo de personajes vestidos a la moda europea de estilo renacentista y barroco, caracterizada por calzas, jubones, mangas abullonadas y sombreros emplumados. Destaca la figura central, que deposita una bolsa con monedas sobre una mesa cubierta con tapete rojo. Le acompañan sus lacayos, uno de ellos portador de un cofre. A la derecha se observa un bodegón compuesto por bolsas, cofres y un conjunto de platos y cubiertos de plata, elementos que refuerzan la idea de intercambio, control y recaudación. Detrás de la mesa se encuentra un grupo de caballeros sentados en actitud de recibir, deliberar y registrar los bienes entregados. Sobre la mesa se disponen monedas, tinteros y documentos vinculados al acto administrativo.
 
Resulta especialmente significativo el conjunto de monedas minuciosamente representadas. Algunas muestran la cruz de Jerusalén, motivo frecuente en la iconografía monetaria hispánica, identificable con monedas acuñadas en la Casa de la Moneda de Potosí durante el período colonial. También se distinguen monedas con bustos retratados y escudos coronados con cruz central enmarcados por columnas, tipologías características de la numismática hispanoamericana del siglo XVIII.
 
Desde el punto de vista estilístico, la pintura presenta rasgos vinculados a la tradición artística desarrollada en el ámbito andino, particularmente en centros como Potosí. Destaca una paleta cromática cálida, de intenso y vibrante colorido, en la que el uso del rojo bermellón subraya la opulencia de los objetos de plata y los textiles representados. Desde el punto de vista compositivo, se emplea una perspectiva empírica y ligeramente plana, característica de la escuela andina. La profundidad se resuelve mediante la superposición de planos, desde los cofres situados en primer término hasta la arquitectura y el paisaje del fondo, articulados a través de un suelo ajedrezado que busca generar un efecto de fuga espacial.
 
De este modo, la pintura no solo documenta una práctica fiscal concreta, sino que visualiza la compleja articulación entre economía, poder y control social en el mundo andino colonial, convirtiéndose en un testimonio plástico de la centralidad del tributo y de la circulación monetaria dentro del sistema imperial.

Precio salida

15.000 €

800. ESCUELA ANDINA, POTOSÍ- BOLIVIA, SIGLO XVIII El pago de tributos

Óleo sobre lienzo. 98 x 135 cm.
 
Bibliografía de referencia:
Gil Montero, Raquel, El tributo andino reinterpretado: el caso del corregimiento de Lípez. Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, Octubre 2015, nº 99, pp. 69- 88.
 
La obra que presentamos constituye una interesante representación del pago de tributos durante el periodo colonial, así como de la importancia de la moneda como medio de pago. No hemos localizado en la pintura andina ninguna representación aislada con este mismo motivo. En este contexto, conviene recordar que Potosí fue el centro minero más importante de América del Sur y la principal fuente de plata de la Corona, con miles de obreros —incluidos indígenas— extrayendo metal del Cerro Rico. La ciudad contaba con la Casa de la Moneda de Potosí desde 1574, donde el metal extraído se transformaba en moneda legal.
 
Esto implicó que una parte sustancial de la riqueza tributaria y productiva de la región no solo se pagara en plata, sino que además se acuñara y distribuyera directamente desde la ciudad en forma de moneda para las transacciones fiscales y comerciales. En este sentido, la producción potosina se convirtió en un eje central del sistema económico imperial, ya que los recursos fiscales generados directa o indirectamente por la actividad minera —incluidos los tributos indígenas— sostuvieron buena parte de la economía colonial. Así, la prosperidad de Potosí no dependía únicamente de la explotación minera, sino también del aporte tributario de regiones como Lípez, que garantizaban tanto mano de obra como recursos para mantener el funcionamiento del sistema.
 
En Potosí, entre el siglo XVII y comienzos del XVIII, uno de los diseños monetarios más característicos fue el de la llamada cruz de Jerusalén, símbolo asociado a la Corona y a la fe cristiana. A partir de 1732 se introdujeron los columnarios, que incorporaban las columnas de Hércules y los globos terráqueos como representación del Imperio ultramarino. Finalmente, desde 1773 comenzaron a acuñarse las monedas de busto, que sustituían los símbolos tradicionales por la efigie del monarca, en aplicación de las Reformas Borbónicas, cuyo objetivo era unificar y modernizar el sistema monetario del imperio.
 
El pago de tributos fue una de las principales obligaciones impuestas a las poblaciones indígenas tras la conquista española y desempeñó un papel fundamental en la organización de la sociedad colonial, especialmente en la administración de la mano de obra y en la reorganización de las poblaciones nativas. El tributo tuvo una larga trayectoria en Bolivia, con antecedentes que podrían remontarse a tiempos prehispánicos, y permaneció vigente incluso durante gran parte del siglo XIX.
 
En el siglo XVI, el tributo se articulaba con formas de trabajo obligatorio, particularmente con la mita —reclutamiento forzoso para trabajar en las minas—, de modo que no constituía únicamente un impuesto, sino que formaba parte de un sistema más amplio de integración forzada de las comunidades indígenas en la economía colonial. Durante el siglo XVII se observa una progresiva regularización del tributo, que comienza a funcionar con criterios más estrictamente fiscales. Aunque seguía vinculado a las obligaciones laborales, pasó a concebirse como un ingreso fijo y estable para la administración colonial.
 
A finales del siglo XVII y en el primer tercio del XVIII, el tributo se separa de manera más clara de la mera movilización de trabajo y se consolida como una cuota monetaria o en bienes integrada plenamente en los ingresos fiscales coloniales.
Este proceso generó transformaciones en la organización productiva y favoreció la movilidad interna inducida por la mita y otras cargas: numerosos indígenas se trasladaron a Potosí u otras zonas de trabajo forzado, alterando la estructura social y económica de sus comunidades de origen, como ocurrió en el caso de Lípez.
 
Finalmente, durante el siglo XVIII, las Reformas Borbónicas impulsaron políticas fiscales más centralizadas con el objetivo de reorganizar la recaudación e incrementar los ingresos de la Corona. El tributo indígena se integró entonces en un sistema fiscal más amplio, en el que se combinaban alcabalas, derechos sobre metales y control de las cecas, dejando de ser una carga predominantemente laboral o en especie para convertirse en un mecanismo fiscal plenamente estructurado.
 
En este marco económico y fiscal debe entenderse la escena representada en la pintura. La obra muestra un momento significativo dentro de la pintura andina: la participación en un acto de pago de impuestos, reflejo de las prácticas de recaudación, del control económico y de la circulación monetaria propias de la sociedad colonial. Sobre un paisaje de concepción andina, se sitúa en un espacio interior un grupo de personajes vestidos a la moda europea de estilo renacentista y barroco, caracterizada por calzas, jubones, mangas abullonadas y sombreros emplumados. Destaca la figura central, que deposita una bolsa con monedas sobre una mesa cubierta con tapete rojo. Le acompañan sus lacayos, uno de ellos portador de un cofre. A la derecha se observa un bodegón compuesto por bolsas, cofres y un conjunto de platos y cubiertos de plata, elementos que refuerzan la idea de intercambio, control y recaudación. Detrás de la mesa se encuentra un grupo de caballeros sentados en actitud de recibir, deliberar y registrar los bienes entregados. Sobre la mesa se disponen monedas, tinteros y documentos vinculados al acto administrativo.
 
Resulta especialmente significativo el conjunto de monedas minuciosamente representadas. Algunas muestran la cruz de Jerusalén, motivo frecuente en la iconografía monetaria hispánica, identificable con monedas acuñadas en la Casa de la Moneda de Potosí durante el período colonial. También se distinguen monedas con bustos retratados y escudos coronados con cruz central enmarcados por columnas, tipologías características de la numismática hispanoamericana del siglo XVIII.
 
Desde el punto de vista estilístico, la pintura presenta rasgos vinculados a la tradición artística desarrollada en el ámbito andino, particularmente en centros como Potosí. Destaca una paleta cromática cálida, de intenso y vibrante colorido, en la que el uso del rojo bermellón subraya la opulencia de los objetos de plata y los textiles representados. Desde el punto de vista compositivo, se emplea una perspectiva empírica y ligeramente plana, característica de la escuela andina. La profundidad se resuelve mediante la superposición de planos, desde los cofres situados en primer término hasta la arquitectura y el paisaje del fondo, articulados a través de un suelo ajedrezado que busca generar un efecto de fuga espacial.
 
De este modo, la pintura no solo documenta una práctica fiscal concreta, sino que visualiza la compleja articulación entre economía, poder y control social en el mundo andino colonial, convirtiéndose en un testimonio plástico de la centralidad del tributo y de la circulación monetaria dentro del sistema imperial.

Precio salida: 15.000 €

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