Precio salida
15.000 €
Descripción del lote
ESCUELA ANDINA, POTOSÍ- BOLIVIA, SIGLO XVIII
El pago de tributos
Óleo sobre lienzo. 98 x 135 cm.
Bibliografía de referencia:
Gil Montero, Raquel, El tributo andino reinterpretado: el caso del corregimiento de Lípez. Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, Octubre 2015, nº 99, pp. 69- 88.
La obra que presentamos constituye una interesante representación del pago de tributos durante el periodo colonial, así como de la importancia de la moneda como medio de pago. No hemos localizado en la pintura andina ninguna representación aislada con este mismo motivo. En este contexto, conviene recordar que Potosí fue el centro minero más importante de América del Sur y la principal fuente de plata de la Corona, con miles de obreros —incluidos indígenas— extrayendo metal del Cerro Rico. La ciudad contaba con la Casa de la Moneda de Potosí desde 1574, donde el metal extraído se transformaba en moneda legal.
Esto implicó que una parte sustancial de la riqueza tributaria y productiva de la región no solo se pagara en plata, sino que además se acuñara y distribuyera directamente desde la ciudad en forma de moneda para las transacciones fiscales y comerciales. En este sentido, la producción potosina se convirtió en un eje central del sistema económico imperial, ya que los recursos fiscales generados directa o indirectamente por la actividad minera —incluidos los tributos indígenas— sostuvieron buena parte de la economía colonial. Así, la prosperidad de Potosí no dependía únicamente de la explotación minera, sino también del aporte tributario de regiones como Lípez, que garantizaban tanto mano de obra como recursos para mantener el funcionamiento del sistema.
En Potosí, entre el siglo XVII y comienzos del XVIII, uno de los diseños monetarios más característicos fue el de la llamada cruz de Jerusalén, símbolo asociado a la Corona y a la fe cristiana. A partir de 1732 se introdujeron los columnarios, que incorporaban las columnas de Hércules y los globos terráqueos como representación del Imperio ultramarino. Finalmente, desde 1773 comenzaron a acuñarse las monedas de busto, que sustituían los símbolos tradicionales por la efigie del monarca, en aplicación de las Reformas Borbónicas, cuyo objetivo era unificar y modernizar el sistema monetario del imperio.
El pago de tributos fue una de las principales obligaciones impuestas a las poblaciones indígenas tras la conquista española y desempeñó un papel fundamental en la organización de la sociedad colonial, especialmente en la administración de la mano de obra y en la reorganización de las poblaciones nativas. El tributo tuvo una larga trayectoria en Bolivia, con antecedentes que podrían remontarse a tiempos prehispánicos, y permaneció vigente incluso durante gran parte del siglo XIX.
En el siglo XVI, el tributo se articulaba con formas de trabajo obligatorio, particularmente con la mita —reclutamiento forzoso para trabajar en las minas—, de modo que no constituía únicamente un impuesto, sino que formaba parte de un sistema más amplio de integración forzada de las comunidades indígenas en la economía colonial. Durante el siglo XVII se observa una progresiva regularización del tributo, que comienza a funcionar con criterios más estrictamente fiscales. Aunque seguía vinculado a las obligaciones laborales, pasó a concebirse como un ingreso fijo y estable para la administración colonial.
A finales del siglo XVII y en el primer tercio del XVIII, el tributo se separa de manera más clara de la mera movilización de trabajo y se consolida como una cuota monetaria o en bienes integrada plenamente en los ingresos fiscales coloniales.
Este proceso generó transformaciones en la organización productiva y favoreció la movilidad interna inducida por la mita y otras cargas: numerosos indígenas se trasladaron a Potosí u otras zonas de trabajo forzado, alterando la estructura social y económica de sus comunidades de origen, como ocurrió en el caso de Lípez.
Finalmente, durante el siglo XVIII, las Reformas Borbónicas impulsaron políticas fiscales más centralizadas con el objetivo de reorganizar la recaudación e incrementar los ingresos de la Corona. El tributo indígena se integró entonces en un sistema fiscal más amplio, en el que se combinaban alcabalas, derechos sobre metales y control de las cecas, dejando de ser una carga predominantemente laboral o en especie para convertirse en un mecanismo fiscal plenamente estructurado.
En este marco económico y fiscal debe entenderse la escena representada en la pintura. La obra muestra un momento significativo dentro de la pintura andina: la participación en un acto de pago de impuestos, reflejo de las prácticas de recaudación, del control económico y de la circulación monetaria propias de la sociedad colonial. Sobre un paisaje de concepción andina, se sitúa en un espacio interior un grupo de personajes vestidos a la moda europea de estilo renacentista y barroco, caracterizada por calzas, jubones, mangas abullonadas y sombreros emplumados. Destaca la figura central, que deposita una bolsa con monedas sobre una mesa cubierta con tapete rojo. Le acompañan sus lacayos, uno de ellos portador de un cofre. A la derecha se observa un bodegón compuesto por bolsas, cofres y un conjunto de platos y cubiertos de plata, elementos que refuerzan la idea de intercambio, control y recaudación. Detrás de la mesa se encuentra un grupo de caballeros sentados en actitud de recibir, deliberar y registrar los bienes entregados. Sobre la mesa se disponen monedas, tinteros y documentos vinculados al acto administrativo.
Resulta especialmente significativo el conjunto de monedas minuciosamente representadas. Algunas muestran la cruz de Jerusalén, motivo frecuente en la iconografía monetaria hispánica, identificable con monedas acuñadas en la Casa de la Moneda de Potosí durante el período colonial. También se distinguen monedas con bustos retratados y escudos coronados con cruz central enmarcados por columnas, tipologías características de la numismática hispanoamericana del siglo XVIII.
Desde el punto de vista estilístico, la pintura presenta rasgos vinculados a la tradición artística desarrollada en el ámbito andino, particularmente en centros como Potosí. Destaca una paleta cromática cálida, de intenso y vibrante colorido, en la que el uso del rojo bermellón subraya la opulencia de los objetos de plata y los textiles representados. Desde el punto de vista compositivo, se emplea una perspectiva empírica y ligeramente plana, característica de la escuela andina. La profundidad se resuelve mediante la superposición de planos, desde los cofres situados en primer término hasta la arquitectura y el paisaje del fondo, articulados a través de un suelo ajedrezado que busca generar un efecto de fuga espacial.
De este modo, la pintura no solo documenta una práctica fiscal concreta, sino que visualiza la compleja articulación entre economía, poder y control social en el mundo andino colonial, convirtiéndose en un testimonio plástico de la centralidad del tributo y de la circulación monetaria dentro del sistema imperial.
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