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809. TALLER DE VICENTE LÓPEZ PORTAÑA (1772- 1850)
Retrato de Francisco Tadeo Calomarde y Arría Hinojos y Rabadán (Villel, 1773 - Toulouse, 1842)
H. 1832
Categorías
PINTURA ANTIGUA

Precio salida

18.000 €

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Descripción del lote


TALLER DE VICENTE LÓPEZ PORTAÑA (1772- 1850)
Retrato de Francisco Tadeo Calomarde y Arría Hinojos y Rabadán (Villel, 1773 - Toulouse, 1842)
H. 1832

Óleo sobre lienzo. 241 x 163 cm.
En el reverso inscrito en el lienzo: “Calomarde” y etiqueta en el bastidor de colección inscrita a tinta: “Conde de Corbul”
 
Procedencia:
Madrid, colección Torralba (1919).
Conde de Pozo Ancho del Rey.
Condes de Corbul.
Por herencia a los actuales propietarios.
 
Bibliografía:
Morales y Marín, J. L, Vicente López. Zaragoza, 1980, pág. 89, nº 168 y nº 170 (medidas erróneas)
Díez, José Luis, Vicente López y Portaña (1772-1850), pág. 125, P- 509, lám. 214.
 
Exposiciones:
Madrid, 1902, nº 436.
 
El presente lienzo constituye el único retrato de cuerpo entero conservado de Francisco Tadeo Calomarde, circunstancia que le otorga un valor excepcional tanto desde el punto de vista artístico como histórico. La obra ha permanecido ininterrumpidamente en la misma colección por herencia del conde de Corbul. En el catálogo de José Luis Díez se indicaba su inclusión en una subasta de Sotheby’s, Madrid; sin embargo, los propietarios confirmaron que la pintura fue retirada antes de celebrarse la venta. Asimismo, debe precisarse que la procedencia correcta es la colección de los condes de Corbul —y no la de los condes de Corbel, como también se había señalado—.
 
Desde el punto de vista formal, el cuadro destaca por su calidad pictórica, su ambición compositiva y su imponente formato, características que lo convierten en un magnífico ejemplo del llamado «retrato de aparato». Probablemente ejecutado hacia 1832, representa a Calomarde con uniforme de secretario de Estado, de cuerpo entero, en un interior palaciego, apoyado sobre una mesa cubierta con tapete de seda roja. Sobre ella descansan libros, documentos y un tintero, elementos que aluden explícitamente a su actividad como jurista y ministro. La disposición escenográfica, el rico cromatismo y la cuidada representación de las texturas subrayan su rango y autoridad. Su habilidad política, su capacidad de intriga, se traducen en un rictus de cierto cinismo, no carente de simpatía, visible en la viva mirada que dirige al espectador.
 
El retratado luce destacadas condecoraciones que refuerzan su posición institucional y su proximidad a la Corona: la insignia de la Orden de Isabel la Católica, la de la Orden de San Hermenegildo, la orden portuguesa de Cristo, el Toisón de Oro y la cruz y banda de la Orden de Carlos III, máximas distinciones del reino.
 
Francisco Tadeo Calomarde (Villel, Teruel, 1773 - Toulouse, 1842) fue una de las figuras políticas más influyentes y controvertidas del reinado de Fernando VII. Ennoblecido como duque de Santa Isabel en el Reino de las Dos Sicilias, se formó en Zaragoza, donde estudió Filosofía y Leyes en la Universidad y obtuvo el título de abogado en la Audiencia de Aragón. Posteriormente se trasladó a Madrid para medrar en la corte, iniciando su ascenso tras su matrimonio, en 1808, con una hija de Antonio Beltrán, médico de Manuel Godoy. Tras la caída de Godoy desarrolló una intensa actividad política y, ya en el contexto del absolutismo fernandino, desempeñó un papel clave como ministro de Gracia y Justicia durante la llamada Década Ominosa (1823-1833). Fue académico de honor de la zaragozana Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis desde el 26 de abril de 1828, además de caballero del Toisón de Oro (1829), caballero gran cruz de la Orden de Carlos III (1809) y caballero de la Legión de Honor.
 
Firme defensor del absolutismo y figura central de la reacción antiliberal, en 1832 participó activamente en las maniobras políticas vinculadas a la cuestión sucesoria que desembocarían en el conflicto carlista. Su influencia en los círculos de poder fue tan notable como polémica, convirtiéndose en símbolo del inmovilismo político del final del reinado de Fernando VII. Tras la muerte del monarca y la consolidación del régimen liberal, se exilió en París y Roma, falleciendo finalmente en Toulouse en 1842, donde dedicó sus últimos años a ayudar a emigrados políticos.
 
En septiembre de 1832, en plena agonía del rey, se produjo uno de los episodios más significativos de la historia cortesana española. Calomarde, contrario a la sucesión femenina, consiguió que el monarca firmara un documento que restauraba la Ley Sálica, anulando la Pragmática Sanción que permitía reinar a su hija Isabel y favoreciendo los derechos de su hermano, Carlos María Isidro de Borbón. Informada de la situación, la infanta Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias intervino personalmente y logró que el rey firmara un nuevo decreto que restituía los derechos sucesorios de Isabel. Cuando el ministro acudió con intención de revertir la decisión, tuvo lugar el célebre incidente en el que la infanta le abofeteó, episodio del que surgiría la famosa expresión “manos blancas no ofenden” y la infanta replicó con ironía: “pero hacen daño”. Sea exacta o no la literalidad del diálogo transmitido por la tradición, el suceso simboliza la extraordinaria tensión política de aquellos días y anticipa la fractura que, tras la muerte de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833, desembocaría en la Primera Guerra Carlista. Conviene recordar que la expresión ya existía en el siglo XVII: en 1640, Pedro Calderón de la Barca tituló una de sus comedias “Manos blancas no ofenden”. Sin embargo, fue el episodio palaciego el que la fijó en el imaginario histórico del convulso final del reinado de Fernando VII.
 
Este retrato no solo es, por tanto, una obra de gran calidad artística, sino también un documento histórico de primer orden: una imagen monumental destinada a perpetuar la memoria de uno de los principales artífices del absolutismo español en su momento de mayor poder. Es, además, el único retrato de cuerpo entero conocido de Calomarde.
 
Otros retratos de medio cuerpo del ministro se conservan en el Museo Nacional del Prado (n.º de inventario N 3416), actualmente depositado en la Real Academia de la Historia; otro en el Museo de Zaragoza (n.º de inventario 10087); y un tercero en la antigua colección Rodríguez Bauzá.





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