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753. BLAS DE LEDESMA (Activo en Granada entre 1602 y 1617)
Pareja de bodegones con aves, frutas y flores
Categorías
PINTURA ANTIGUA

Precio salida

50.000 €

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Descripción del lote


BLAS DE LEDESMA (Activo en Granada entre 1602 y 1617)
Pareja de bodegones con aves, frutas y flores

Dos óleos sobre lienzo. 98 × 136 cm, cada uno.
 
Procedencia:
Colección particular Madrid.
 
Bibliografía:
Torres Martín, Ramón, Blas de Ledesma y el origen del bodegonismo español, Revista Goya, n.º 118, Madrid, 1974, pp. 216-223.
Torres Martín, Ramón, Los bodegones de Blas de Ledesma. Catálogo razonado, Sevilla, 1976, cat. 22 y 23.
Torres Martín, Ramón, Blas de Ledesma y el bodegón español, Madrid, 1978, pp. 121 y 212-213, n.os 104 y 105, ilustrados.
 
Blas de Ledesma figura entre los pioneros del bodegón español y desempeñó un papel decisivo en la configuración del género durante los primeros años del siglo XVII. Su actividad está documentada en Granada desde 1602, fecha especialmente temprana que coincide con la realización del Bodegón de caza, hortalizas y frutas de Juan Sánchez Cotán, firmado y fechado ese mismo año y considerado el primer bodegón español con fecha y firma conocido. En este contexto, la obra de Ledesma adquiere especial relevancia como una de las manifestaciones tempranas de la consolidación del bodegón en España. Activo en Granada hasta 1617, desarrolló un lenguaje propio que anticipó algunas de las fórmulas compositivas que alcanzarían plena madurez pocos años después en la obra de Juan van der Hamen, Pedro de Camprobín e incluso en la tradición sevillana vinculada a Zurbarán.
 
Esta pareja de bodegones está recogida en el catálogo razonado de Ramón Torres Martín, donde aparece inventariada y reproducida. Quizás formara parte de una serie mayor, como parece sugerir la existencia de otras parejas de características semejantes relacionadas con la producción del pintor. Su composición responde al característico esquema escalonado de Ledesma, articulado mediante varios planos horizontales ascendentes sobre los que se disponen frutas, flores, recipientes y cestos. Esta fórmula, que tendría continuidad y un notable desarrollo en la obra de Juan van der Hamen, permite crear un ritmo compositivo variado y dar una sensación ascendente al conjunto, un recurso que alcanzaría amplia difusión en el bodegón español del siglo XVII.
 
Ambos lienzos reúnen buena parte del repertorio habitual del pintor: frutas y hortalizas —entre ellas, sandías abiertas y granadas partidas—, flores, recipientes cerámicos, jarras de barro, bandejas de loza, cestos de mimbre y los característicos pájaros de formas exóticas, con cuellos alargados, finos picos y patas estilizadas, situados en las zonas superiores de las composiciones. También destacan los cuchillos, de formas originales y muy características de su producción.
 
Los objetos se distribuyen con aparente espontaneidad, aunque responden a un cuidadoso equilibrio espacial. Destaca la abundancia y la ligereza con que los distintos elementos se disponen sobre el pedestal de piedra. Su disposición cuidadosamente equilibrada produce además una singular sensación de ingravidez, como si algunos objetos quedaran suspendidos sobre la superficie. Esta acumulación ordenada de frutas, recipientes, flores y aves constituye uno de los rasgos más personales de estas composiciones y transmite una impresión de riqueza y plenitud.
 
Desde el punto de vista técnico, el pintor emplea una pincelada viva y directa, construida mediante pequeñas aplicaciones de color que modelan los volúmenes y definen las superficies. Las frutas reciben un tratamiento especialmente minucioso, con toques precisos que reproducen tallos, reflejos y texturas. En los recipientes cerámicos y de cristal, los reflejos luminosos contribuyen a definir tanto sus formas como la naturaleza de sus materiales.
 
Las flores, de dibujo preciso, destacan sobre fondos oscuros construidos a partir de negros, ocres, tierras y grises. Sobre esta gama contenida destacan los verdes de las hojas y, especialmente, los rojos y carmines de las frutas, que adquieren una particular intensidad frente a los fondos oscuros. La variedad cromática, contenida pero intensa, contribuye a establecer un equilibrio entre los distintos elementos de la composición.
 
La crítica ha señalado el carácter veneciano del colorido y la pincelada de Ledesma, más próximos a la tradición cromática de Tiziano y El Greco que al tenebrismo de raíz caravaggista. En sus composiciones, el claroscuro no busca únicamente el contraste, sino que contribuye a intensificar el color y a resaltar la riqueza táctil de las superficies.
 
Estas dos composiciones permiten aproximarse a uno de los primeros momentos del desarrollo del bodegón español y a la evolución que experimentó este género durante el Siglo de Oro.





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