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744. PABLO SCHEPPERS, castellanizado ESQUERT (activo en 1559-1576)Ecce HomoCirca 1570

Óleo sobre tabla. 209 × 120 cm.
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
 
MARTÍNEZ, J. Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, 1675 (Madrid, Cátedra, 2006, págs. 253-254).
CEÁN BERMÚDEZ, J. A. Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, t. II, Madrid, Ibarra, 1800, pág. 45.
MORTE GARCÍA, C. «Documentos sobre pintores y pintura del siglo XVI en Aragón. II», en Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, XXXI-XXXII, Zaragoza, 1988, págs. 183-457.
BENITO DOMÈNECH, F. «Aportaciones al pintor flamenco Pablo Scheppers», en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, nº 73, 1991, págs. 459-476.
SAN VICENTE, A. Lucidario de Bellas Artes en Zaragoza: 1545-1599, Zaragoza, Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, 1991, págs. 213-219.
MATEO GÓMEZ, I. «Pablo Esquert: el Ecce Homo de Bilbao y otras obras atribuidas», en Boletín del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Bilbao, nº 2, 2006, págs. 65-84.
MORTE GARCÍA, C. (dir.). El esplendor del Renacimiento en Aragón, catálogo de exposición, Zaragoza-Bilbao-Valencia, Gobierno de Aragón, Museo de Bellas Artes de Bilbao y Generalitat Valenciana, 2009.
 
 
Las primeras noticias biográficas de las que disponemos sobre el artista de origen flamenco Pablo Scheppers son aquellas proporcionadas por Jusepe Martínez (en Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, 1675) y por Juan Agustín Ceán Bermúdez (Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, 1800). Ambos autores le señalan como discípulo de Tiziano, aunque el posible viaje a Italia de este artista nunca ha sido probado. Más bien, estas aseveraciones señalan el aprecio que la pionera historiografía del arte español daba a las obras realizadas por el artista, en una estancia de aproximadamente diecisiete años en nuestro país hasta que le sobrevino la muerte en Zaragoza por una apoplejía. Según Martínez, «fue de condición muy alegre» y un «gran músico de laúd», mientras que Ceán afirmaba que «tuvo mucha habilidad en los retratos, é hizo los de la genealogía del duque, copiándolos de malos y antiguos originales, con tanta gracia, que parecia haberlos pintado por el natural».
 
Lo que sí sabemos con seguridad es que tanto Scheppers, como su colega y paisano Rolán de Mois, fueron llamados a venir a España por Martín de Gurrea y Aragón, duque de Villahermosa, quien estuvo viajando por Europa entre 1554 y 1559. En Zaragoza, ambos artistas fueron protegidos por el duque, creando Mois un conjunto de retratos para la galería del palacio ducal en Pedrola, y Scheppers una Virgen del Pilar entre Santiago y un jesuita. También realizarían conjuntamente obras fuera del ámbito cortesano de Villahermosa, como el retablo mayor del Monasterio de La Oliva -hoy en el Convento de Recoletas de Tafalla-, que ambos contrataron en 1772; aunque con el aval del propio Martín de Gurrea y Aragón. Poco después, hacia 1576, Scheppers debió fallecer, puesto que en octubre de 1578, la que fuera su esposa Catalina de Estanmolín, firmaba capitulaciones matrimoniales con Simeón Celbiete; sabemos gracias a ese documento que Scheppers dejaba al morir tres hijas: Angela, Luisa y María.
 
Contaba asimismo Jusepe Martínez que por aquellos años llegó a Zaragoza un Ecce-Homo de Luis de Morales que causó cierto descontento a Scheppers, puesto que se enjuiciaron sus obras en comparación a las del Divino, y para defender su pericia artística, el flamenco pintó algunas cabezas y manos al modo de Morales para defenderse de los ignorantes. Como en el caso de las referencias a Tiziano, puede que esta anécdota sea una pura invención, pero muestra el influjo que para Martínez pudo tener Morales en Scheppers. Hoy, a la luz de las obras conocidas de este pintor, parece más que probable que acomodara su estilo al gusto de la clientela española, puesto que encontramos algunas obras atribuidas a Scheppers, especialmente algunas imágenes de Cristo doliente, mucho más mórbidas y sombrías que los modelos que pintó recién llegado a tierras aragonesas. Es el caso de un Ecce Homo conservado en colección particular, óleo sobre tabla, 113 × 83 cm), mientras que otras imágenes de Cristo como la conservada en Bilbao, óleo sobre tabla, 118 × 100 cm, inv. 69/186) o la conservada en la madrileña galería Caylus, óleo sobre tabla, 53 × 46 cm responden a modelos flamencos e italianizantes.

Precio salida

20.000 €

744. PABLO SCHEPPERS, castellanizado ESQUERT (activo en 1559-1576)Ecce HomoCirca 1570

Óleo sobre tabla. 209 × 120 cm.
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:
 
MARTÍNEZ, J. Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, 1675 (Madrid, Cátedra, 2006, págs. 253-254).
CEÁN BERMÚDEZ, J. A. Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, t. II, Madrid, Ibarra, 1800, pág. 45.
MORTE GARCÍA, C. «Documentos sobre pintores y pintura del siglo XVI en Aragón. II», en Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, XXXI-XXXII, Zaragoza, 1988, págs. 183-457.
BENITO DOMÈNECH, F. «Aportaciones al pintor flamenco Pablo Scheppers», en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, nº 73, 1991, págs. 459-476.
SAN VICENTE, A. Lucidario de Bellas Artes en Zaragoza: 1545-1599, Zaragoza, Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, 1991, págs. 213-219.
MATEO GÓMEZ, I. «Pablo Esquert: el Ecce Homo de Bilbao y otras obras atribuidas», en Boletín del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Bilbao, nº 2, 2006, págs. 65-84.
MORTE GARCÍA, C. (dir.). El esplendor del Renacimiento en Aragón, catálogo de exposición, Zaragoza-Bilbao-Valencia, Gobierno de Aragón, Museo de Bellas Artes de Bilbao y Generalitat Valenciana, 2009.
 
 
Las primeras noticias biográficas de las que disponemos sobre el artista de origen flamenco Pablo Scheppers son aquellas proporcionadas por Jusepe Martínez (en Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, 1675) y por Juan Agustín Ceán Bermúdez (Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, 1800). Ambos autores le señalan como discípulo de Tiziano, aunque el posible viaje a Italia de este artista nunca ha sido probado. Más bien, estas aseveraciones señalan el aprecio que la pionera historiografía del arte español daba a las obras realizadas por el artista, en una estancia de aproximadamente diecisiete años en nuestro país hasta que le sobrevino la muerte en Zaragoza por una apoplejía. Según Martínez, «fue de condición muy alegre» y un «gran músico de laúd», mientras que Ceán afirmaba que «tuvo mucha habilidad en los retratos, é hizo los de la genealogía del duque, copiándolos de malos y antiguos originales, con tanta gracia, que parecia haberlos pintado por el natural».
 
Lo que sí sabemos con seguridad es que tanto Scheppers, como su colega y paisano Rolán de Mois, fueron llamados a venir a España por Martín de Gurrea y Aragón, duque de Villahermosa, quien estuvo viajando por Europa entre 1554 y 1559. En Zaragoza, ambos artistas fueron protegidos por el duque, creando Mois un conjunto de retratos para la galería del palacio ducal en Pedrola, y Scheppers una Virgen del Pilar entre Santiago y un jesuita. También realizarían conjuntamente obras fuera del ámbito cortesano de Villahermosa, como el retablo mayor del Monasterio de La Oliva -hoy en el Convento de Recoletas de Tafalla-, que ambos contrataron en 1772; aunque con el aval del propio Martín de Gurrea y Aragón. Poco después, hacia 1576, Scheppers debió fallecer, puesto que en octubre de 1578, la que fuera su esposa Catalina de Estanmolín, firmaba capitulaciones matrimoniales con Simeón Celbiete; sabemos gracias a ese documento que Scheppers dejaba al morir tres hijas: Angela, Luisa y María.
 
Contaba asimismo Jusepe Martínez que por aquellos años llegó a Zaragoza un Ecce-Homo de Luis de Morales que causó cierto descontento a Scheppers, puesto que se enjuiciaron sus obras en comparación a las del Divino, y para defender su pericia artística, el flamenco pintó algunas cabezas y manos al modo de Morales para defenderse de los ignorantes. Como en el caso de las referencias a Tiziano, puede que esta anécdota sea una pura invención, pero muestra el influjo que para Martínez pudo tener Morales en Scheppers. Hoy, a la luz de las obras conocidas de este pintor, parece más que probable que acomodara su estilo al gusto de la clientela española, puesto que encontramos algunas obras atribuidas a Scheppers, especialmente algunas imágenes de Cristo doliente, mucho más mórbidas y sombrías que los modelos que pintó recién llegado a tierras aragonesas. Es el caso de un Ecce Homo conservado en colección particular, óleo sobre tabla, 113 × 83 cm), mientras que otras imágenes de Cristo como la conservada en Bilbao, óleo sobre tabla, 118 × 100 cm, inv. 69/186) o la conservada en la madrileña galería Caylus, óleo sobre tabla, 53 × 46 cm responden a modelos flamencos e italianizantes.

Precio salida: 20.000 €

747. LUIS DE MORALES (Badajoz, c. 1515-1586) Y TALLERSan Jerónimoc. 1570

Óleo sobre tabla. 76,5 × 54,5 cm.
 
Procedencia:
Colección particular, Barcelona
 
Bibliografia:
Gaya Nuño, Juan Antonio, Luis de Morales. Instituto Diego Velázquez, CSIC, Madrid, 1961, rep. pl. 42.

Bäcksbacka, Ingjald, Luis de Morales. Helsinki - Helsingforts, 1962, p. 211, cat. núm. 101
Solís Rodrígez, Carmelo, "San Jerónimo en la obra de Luis de Morales". Pamplona, 1997, (en prensa).
Solis, Carmelo, Luis de Morales. Fundación Caja Badajoz. Badajoz, 1999, cat. núm. 6, rep. p. 165-
Ruíz Gómez, Leticia, El Divino Morales, Museo Nacional del Prado. Madrid1/10/2015 - 10/1/2016, pág. 177.
 
Exposiciones:
El arte en España. Exposición Internacional de Barcelona. Barcelona, 1929, exp. núm. 1640.
 
San Jerónimo fue uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia y una de las figuras más representadas en la pintura religiosa de los siglos XVI y XVII. Traductor de las Sagradas Escrituras al latín, desarrolló buena parte de su vida como anacoreta en Palestina, donde combinó el estudio y la traducción de la Biblia con la penitencia y el retiro espiritual. A partir de la Contrarreforma, su imagen como santo penitente adquirió especial difusión, convirtiéndose en un modelo de sacrificio, meditación y contrición.
 
La figura de San Jerónimo ocupa prácticamente todo el campo pictórico y se presenta en un formato de medio cuerpo, muy próximo al espectador. El santo, de larga barba desaliñada, eleva la mirada y entreabre los labios en una expresión de intensa concentración y recogimiento. La iluminación, fuertemente contrastada, incide sobre el rostro y el torso, destacándolos sobre un fondo oscuro y concentrando la atención en la dimensión espiritual y penitencial del santo.
 
La presente pintura, procedente de una colección particular de Barcelona, se integra en la serie de representaciones de San Jerónimo penitente desarrollada por Luis de Morales a partir de un modelo que Leticia Ruiz Gómez considera el punto de partida del conjunto. Se trata del San Jerónimo penitente procedente de la colección de los herederos de don Álvarez de Toledo y Mencos, marqués de Miraflores, fechado hacia 1555-1565 y estudiado en el catálogo de la exposición El Divino Morales, celebrada en el Museo Nacional del Prado en 2015-2016.
A partir de este prototipo, Luis de Morales desarrolló distintas versiones del tema, manteniendo la concepción esencial de la figura e introduciendo variaciones en su ejecución y tratamiento. Entre ellas se encuentran la presente pintura, procedente de una colección particular de Barcelona, y la versión conservada en la Catedral de Badajoz, prácticamente coincidentes en su composición, así como otra versión, con variantes, conservada en la National Gallery of Ireland, en Dublín.
 
Carmelo Solís sitúa la presente tabla en la década de 1570, momento en el que Morales lleva a un extremo el proceso de síntesis formal iniciado en las primeras representaciones del santo. El alargamiento de las proporciones y la concentración expresiva de la figura acentúan el carácter penitencial de la imagen y anticipan soluciones manieristas que han sido relacionadas con la evolución del lenguaje pictórico español de la segunda mitad del siglo XVI.
 
Destacamos la cuidada precisión del dibujo y por el tratamiento pormenorizado y minucioso de los rasgos del rostro y de la anatomía del santo. La definición de los volúmenes y la intensidad de la mirada se integran en un lenguaje de marcado naturalismo, al tiempo que la iluminación selectiva y el fondo oscuro potencian la concentración espiritual de la figura.
 
Estos recursos responden a fórmulas características del lenguaje devocional de Morales, particularmente reconocible en sus representaciones de santos penitentes, Magdalenas, San Juan Bautista y San Juan Evangelista. La reiteración de estos modelos, con ligeras modificaciones, responde asimismo a la amplia demanda de imágenes de devoción privada característica de la producción del artista y de su taller.

Precio salida

30.000 €

747. LUIS DE MORALES (Badajoz, c. 1515-1586) Y TALLERSan Jerónimoc. 1570

Óleo sobre tabla. 76,5 × 54,5 cm.
 
Procedencia:
Colección particular, Barcelona
 
Bibliografia:
Gaya Nuño, Juan Antonio, Luis de Morales. Instituto Diego Velázquez, CSIC, Madrid, 1961, rep. pl. 42.

Bäcksbacka, Ingjald, Luis de Morales. Helsinki - Helsingforts, 1962, p. 211, cat. núm. 101
Solís Rodrígez, Carmelo, "San Jerónimo en la obra de Luis de Morales". Pamplona, 1997, (en prensa).
Solis, Carmelo, Luis de Morales. Fundación Caja Badajoz. Badajoz, 1999, cat. núm. 6, rep. p. 165-
Ruíz Gómez, Leticia, El Divino Morales, Museo Nacional del Prado. Madrid1/10/2015 - 10/1/2016, pág. 177.
 
Exposiciones:
El arte en España. Exposición Internacional de Barcelona. Barcelona, 1929, exp. núm. 1640.
 
San Jerónimo fue uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia y una de las figuras más representadas en la pintura religiosa de los siglos XVI y XVII. Traductor de las Sagradas Escrituras al latín, desarrolló buena parte de su vida como anacoreta en Palestina, donde combinó el estudio y la traducción de la Biblia con la penitencia y el retiro espiritual. A partir de la Contrarreforma, su imagen como santo penitente adquirió especial difusión, convirtiéndose en un modelo de sacrificio, meditación y contrición.
 
La figura de San Jerónimo ocupa prácticamente todo el campo pictórico y se presenta en un formato de medio cuerpo, muy próximo al espectador. El santo, de larga barba desaliñada, eleva la mirada y entreabre los labios en una expresión de intensa concentración y recogimiento. La iluminación, fuertemente contrastada, incide sobre el rostro y el torso, destacándolos sobre un fondo oscuro y concentrando la atención en la dimensión espiritual y penitencial del santo.
 
La presente pintura, procedente de una colección particular de Barcelona, se integra en la serie de representaciones de San Jerónimo penitente desarrollada por Luis de Morales a partir de un modelo que Leticia Ruiz Gómez considera el punto de partida del conjunto. Se trata del San Jerónimo penitente procedente de la colección de los herederos de don Álvarez de Toledo y Mencos, marqués de Miraflores, fechado hacia 1555-1565 y estudiado en el catálogo de la exposición El Divino Morales, celebrada en el Museo Nacional del Prado en 2015-2016.
A partir de este prototipo, Luis de Morales desarrolló distintas versiones del tema, manteniendo la concepción esencial de la figura e introduciendo variaciones en su ejecución y tratamiento. Entre ellas se encuentran la presente pintura, procedente de una colección particular de Barcelona, y la versión conservada en la Catedral de Badajoz, prácticamente coincidentes en su composición, así como otra versión, con variantes, conservada en la National Gallery of Ireland, en Dublín.
 
Carmelo Solís sitúa la presente tabla en la década de 1570, momento en el que Morales lleva a un extremo el proceso de síntesis formal iniciado en las primeras representaciones del santo. El alargamiento de las proporciones y la concentración expresiva de la figura acentúan el carácter penitencial de la imagen y anticipan soluciones manieristas que han sido relacionadas con la evolución del lenguaje pictórico español de la segunda mitad del siglo XVI.
 
Destacamos la cuidada precisión del dibujo y por el tratamiento pormenorizado y minucioso de los rasgos del rostro y de la anatomía del santo. La definición de los volúmenes y la intensidad de la mirada se integran en un lenguaje de marcado naturalismo, al tiempo que la iluminación selectiva y el fondo oscuro potencian la concentración espiritual de la figura.
 
Estos recursos responden a fórmulas características del lenguaje devocional de Morales, particularmente reconocible en sus representaciones de santos penitentes, Magdalenas, San Juan Bautista y San Juan Evangelista. La reiteración de estos modelos, con ligeras modificaciones, responde asimismo a la amplia demanda de imágenes de devoción privada característica de la producción del artista y de su taller.

Precio salida: 30.000 €

748. ESCUELA ESPAÑOLA, SIGLO XVIISanta Ubaldesca Taccini, conocida también como Waldesca; monja católica italiana, miembro de la Orden de Malta

Óleo sobre lienzo. 102,5 x 77 cm.
Inscrito: "SVBAL DESCA".
En el reverso inscrito a tiza en el lienzo: "80".
 
Ubaldesca Taccini, conocida también como Waldesca (Calcinaia, 1136 - Pisa, 28 de mayo de 1206), fue una religiosa italiana vinculada a la Orden de San Juan de Jerusalén, posteriormente conocida como Orden de Malta. A los quince años se trasladó a Pisa, donde ingresó en la orden y dedicó su vida al cuidado de los enfermos y de los más necesitados. La tradición cuenta que realizó varios milagros, entre ellos el de convertir el agua de un pozo en vino para ayudar a unos trabajadores cansados. Falleció en Pisa después de cincuenta años de vida religiosa y es venerada especialmente en esta ciudad y por la Orden de Malta.
 
La obra representa a Santa Ubaldesca inserta de un óvalo fingido. Aparece vestida con el hábito negro de las monjas hospitalarias y lleva sobre el pecho la cruz blanca de ocho puntas, símbolo de la Orden de Malta. En sus manos sostiene un racimo de uvas, en referencia al milagro de la transformación del agua en vino, y una espiga junto a un libro, atributos relacionados con su vida religiosa, la oración y la providencia. En la parte inferior de la composición aparece un frutero con diferentes frutas, entre ellas manzanas, peras, higos y cerezas, acompañado de otros frutos dispuestos en primer plano.

Precio salida

2.000 €

748. ESCUELA ESPAÑOLA, SIGLO XVIISanta Ubaldesca Taccini, conocida también como Waldesca; monja católica italiana, miembro de la Orden de Malta

Óleo sobre lienzo. 102,5 x 77 cm.
Inscrito: "SVBAL DESCA".
En el reverso inscrito a tiza en el lienzo: "80".
 
Ubaldesca Taccini, conocida también como Waldesca (Calcinaia, 1136 - Pisa, 28 de mayo de 1206), fue una religiosa italiana vinculada a la Orden de San Juan de Jerusalén, posteriormente conocida como Orden de Malta. A los quince años se trasladó a Pisa, donde ingresó en la orden y dedicó su vida al cuidado de los enfermos y de los más necesitados. La tradición cuenta que realizó varios milagros, entre ellos el de convertir el agua de un pozo en vino para ayudar a unos trabajadores cansados. Falleció en Pisa después de cincuenta años de vida religiosa y es venerada especialmente en esta ciudad y por la Orden de Malta.
 
La obra representa a Santa Ubaldesca inserta de un óvalo fingido. Aparece vestida con el hábito negro de las monjas hospitalarias y lleva sobre el pecho la cruz blanca de ocho puntas, símbolo de la Orden de Malta. En sus manos sostiene un racimo de uvas, en referencia al milagro de la transformación del agua en vino, y una espiga junto a un libro, atributos relacionados con su vida religiosa, la oración y la providencia. En la parte inferior de la composición aparece un frutero con diferentes frutas, entre ellas manzanas, peras, higos y cerezas, acompañado de otros frutos dispuestos en primer plano.

Precio salida: 2.000 €

750. ESCUELA FLAMENCA, SIGLO XVIIMeleandro presentando a su querida Atalanta la cabeza de jabalí de Caledonia

Óleo sobre lienzo. 62 x 180 cm.
Inscrito número de inventario en el ángulo inferior derecho: "96" y "C.7".
 
PROCEDENCIA:
Antigua colección del Marqués de Leganés 1655, Palacio de San Bernardo, núm. 1261.
Antigua colección XV conde de Altamira, Vicente Ossorio de Moscoso, 1864. (Apéndice documental 20, nº96).
Colección particular Madrid.
 
BIBLIOGRAFÍA:
Pérez Preciado, José Juan, a tesis 2009. El Marqués de Leganés y las Artes, Tesis doctoral, Madrid, 2009, p. 796 (número 1261) y p. 933 (Apéndice documental, Documento 20, número 96).
 
La escena de esta obra está inspirada en Las Metamorfosis de Ovidio, una de las fuentes mitológicas más influyentes en los artistas flamencos del siglo XVII. Según la narración de Ovidio, Diana envía un jabalí para devastar la región de Calidonia como castigo al rey por no haber cumplido los sacrificios en su honor. Meleagro, hijo del monarca y hábil cazador, organiza una expedición con los mejores cazadores del reino para abatir a la bestia. Entre los participantes se encuentra Atalanta, una valerosa cazadora que hiere primero al animal, permitiendo que Meleagro lo remate. En señal de reconocimiento, este le concede la cabeza del jabalí como trofeo, lo que genera la envidia y el descontento del resto de los cazadores. Los tíos de Meleagro, considerándose con mayor derecho a la recompensa, arrebatan el trofeo a Atalanta, desatando la furia de Meleagro y provocando una trágica disputa que termina con la muerte de sus tíos. La ira de su madre, al conocer lo sucedido, precipita el destino fatal de su propio hijo, cumpliéndose así un antiguo vaticinio.
 
Este lienzo captura precisamente el momento en que Meleagro entrega el trofeo a Atalanta, y está documentado en la colección del Marqués de Leganés como sobrepuerta (El Marqués de Leganés y las Artes, p. 796, núm. 1261). Posteriormente, habría sido heredado por el X Marqués de Altamira y, más tarde, por el XV Marqués de Altamira, como se constata en el inventario de 1864 (El Marqués de Leganés y las Artes, p. 796, documento 20).

Precio salida

2.000 €

750. ESCUELA FLAMENCA, SIGLO XVIIMeleandro presentando a su querida Atalanta la cabeza de jabalí de Caledonia

Óleo sobre lienzo. 62 x 180 cm.
Inscrito número de inventario en el ángulo inferior derecho: "96" y "C.7".
 
PROCEDENCIA:
Antigua colección del Marqués de Leganés 1655, Palacio de San Bernardo, núm. 1261.
Antigua colección XV conde de Altamira, Vicente Ossorio de Moscoso, 1864. (Apéndice documental 20, nº96).
Colección particular Madrid.
 
BIBLIOGRAFÍA:
Pérez Preciado, José Juan, a tesis 2009. El Marqués de Leganés y las Artes, Tesis doctoral, Madrid, 2009, p. 796 (número 1261) y p. 933 (Apéndice documental, Documento 20, número 96).
 
La escena de esta obra está inspirada en Las Metamorfosis de Ovidio, una de las fuentes mitológicas más influyentes en los artistas flamencos del siglo XVII. Según la narración de Ovidio, Diana envía un jabalí para devastar la región de Calidonia como castigo al rey por no haber cumplido los sacrificios en su honor. Meleagro, hijo del monarca y hábil cazador, organiza una expedición con los mejores cazadores del reino para abatir a la bestia. Entre los participantes se encuentra Atalanta, una valerosa cazadora que hiere primero al animal, permitiendo que Meleagro lo remate. En señal de reconocimiento, este le concede la cabeza del jabalí como trofeo, lo que genera la envidia y el descontento del resto de los cazadores. Los tíos de Meleagro, considerándose con mayor derecho a la recompensa, arrebatan el trofeo a Atalanta, desatando la furia de Meleagro y provocando una trágica disputa que termina con la muerte de sus tíos. La ira de su madre, al conocer lo sucedido, precipita el destino fatal de su propio hijo, cumpliéndose así un antiguo vaticinio.
 
Este lienzo captura precisamente el momento en que Meleagro entrega el trofeo a Atalanta, y está documentado en la colección del Marqués de Leganés como sobrepuerta (El Marqués de Leganés y las Artes, p. 796, núm. 1261). Posteriormente, habría sido heredado por el X Marqués de Altamira y, más tarde, por el XV Marqués de Altamira, como se constata en el inventario de 1864 (El Marqués de Leganés y las Artes, p. 796, documento 20).

Precio salida: 2.000 €

751. BERNARDO POLO (pintor activo en Zaragoza en el tercer cuarto del siglo XVII)Bodegón con jarrón de flores y frutas, perdiz y búcaro sobre un pedestal de piedra

Óleo sobre lienzo. 57,5 x 84 cm.
 
Procedencia:
Colección particular, Sr. D. Francisco Sanz de Cartés, I Marqués de Villaverde.
Colección particular, Sr. D. Luis Bordiú Garcés de Marcilla (1884-1921), VI Conde de Argillo, VIII Marqués de Villaverde, XIII Conde de Morata de Jalón, Barón de Illueca y Barón de Gotor.
Colección particular, Sr. D. Javier Bordiú Prat (1875-1969).
Colección particular, Sra. Dña. Blanca Bordiú Nava (1923-2017).
Por herencia a los actuales propietarios.
 
Bibliografía de referencia:
Jordan, William B., «El Pseudo-Hiepes es Bernardo Polo», Archivo Español de Arte, LXXXII, 328, octubre-diciembre de 2009, pp. 393-424.
 
 
Bernardo Polo fue un pintor activo en Zaragoza durante el tercer cuarto del siglo XVII. Su producción fue atribuida durante años al denominado «Pseudo-Hiepes», hasta que en 2009 apareció la primera obra firmada por Polo, lo que permitió identificar un corpus de más de cuarenta bodegones pertenecientes al artista.
 
Son pocos los datos que se conservan sobre Bernardo Polo. Palomino, en El Parnaso español, lo incluye entre los “Pintores célebres de la ciudad de Zaragoza” y destaca su especial habilidad en la representación de flores. Señala, además, que desarrolló su actividad durante el reinado de Carlos II y que “murió por los años de 1700”. Por su parte, Ceán Bermúdez lo define como “pintor y vecino de Zaragoza a fines del siglo XVII” y destaca su dedicación a las flores y frutas tomadas del natural, cuyos lienzos gozaron de estima tanto en Zaragoza como en Madrid.
 
La primera noticia documental sobre Polo se remonta al 2 de agosto de 1655, cuando en el inventario de los bienes de Francisco Arguillur, canónigo del Pilar de Zaragoza, se registraron cuatro naturalezas muertas de flores y frutas como “originales de Bernardo”. En 1668 se documenta su matrimonio con Luisa Pérez de León, aunque se desconoce si fue su primer enlace. Asimismo, el Conde de la Viñaza recoge el pago de 285 libras realizado por el capítulo de La Seo de Zaragoza a un pintor identificado como Bernabé Polo por la ejecución de lienzos, colores y el galoneado de la bóveda de la capilla de San Pedro Arbués, atribuyéndole también, por razones estilísticas, los adornos de las capillas del Sacramento y de San Blas de la catedral de Huesca.
 
Aunque Polo es conocido principalmente por sus naturalezas muertas, también se ha relacionado con una pintura de gran formato que representa a Felipe V a caballo en una escena vinculada a la Guerra de Sucesión. Firmada “Bernardo Polo me fecit”, la obra muestra al joven monarca con la Orden del Espíritu Santo.
 
En el lienzo que presentamos, la composición se organiza de manera simétrica sobre un plinto rectangular de piedra gris, cuya cornisa está decorada con un motivo de hojas. Los objetos se disponen frontalmente y se distribuyen de forma equilibrada a ambos lados de un gran florero central de bronce, decorado con motivos grotescos, presentes también en la obra de Juan van der Hamen. Del florero surge un arreglo floral compuesto por rosas y flores blancas, flanqueado por ramas con guirnaldas de frutas y hojas talladas. Sobre la repisa se sitúan una perdiz y, en el lado opuesto, una manzana junto a un búcaro fabricación extremeña o portuguesa.
 
Uno de los aspectos más destacados de la obra es el tratamiento de la luz. Como es habitual en los bodegones de Polo, una intensa iluminación procedente de la parte superior izquierda atraviesa el fondo en diagonal y proyecta sombras marcadas hacia la derecha. Este efecto de claroscuro, de carácter tenebrista, recuerda a los bodegones italianos de influencia caravaggista.
 
El colorido es especialmente rico y contribuye a resaltar las diferentes texturas de los objetos. Polo presta especial atención a estos contrastes, situando estratégicamente elementos de distintas características, como la superficie de la manzana, la textura del búcaro y el brillo del florero central. Este interés por la representación de las diferentes calidades materiales constituye uno de los rasgos característicos de su producción.
 
También destaca el uso recurrente de determinados motivos, que Polo reorganiza en diferentes composiciones. El florero central, las ramas de frutas, las flores, las aves y los objetos de cerámica aparecen combinados de distintas maneras en sus bodegones, manteniendo una composición equilibrada.
 
Entre estos elementos, el búcaro adquiere especial interés. Se trataba de un objeto de lujo muy apreciado durante el Siglo de Oro, valorado por su capacidad para mantener fresca el agua y por su asociación con el refinamiento de las élites. Su presencia junto a las frutas y al resto de objetos introduce así una referencia al lujo y al gusto por los objetos exóticos propios de la cultura cortesana de la época.
 
Agradecemos al Prof. Ismael Gutiérrez Pastor, de la Universidad Autónoma de Madrid (jubilado), la confirmación de la autoría de esta obra.

Precio salida

15.000 €

751. BERNARDO POLO (pintor activo en Zaragoza en el tercer cuarto del siglo XVII)Bodegón con jarrón de flores y frutas, perdiz y búcaro sobre un pedestal de piedra

Óleo sobre lienzo. 57,5 x 84 cm.
 
Procedencia:
Colección particular, Sr. D. Francisco Sanz de Cartés, I Marqués de Villaverde.
Colección particular, Sr. D. Luis Bordiú Garcés de Marcilla (1884-1921), VI Conde de Argillo, VIII Marqués de Villaverde, XIII Conde de Morata de Jalón, Barón de Illueca y Barón de Gotor.
Colección particular, Sr. D. Javier Bordiú Prat (1875-1969).
Colección particular, Sra. Dña. Blanca Bordiú Nava (1923-2017).
Por herencia a los actuales propietarios.
 
Bibliografía de referencia:
Jordan, William B., «El Pseudo-Hiepes es Bernardo Polo», Archivo Español de Arte, LXXXII, 328, octubre-diciembre de 2009, pp. 393-424.
 
 
Bernardo Polo fue un pintor activo en Zaragoza durante el tercer cuarto del siglo XVII. Su producción fue atribuida durante años al denominado «Pseudo-Hiepes», hasta que en 2009 apareció la primera obra firmada por Polo, lo que permitió identificar un corpus de más de cuarenta bodegones pertenecientes al artista.
 
Son pocos los datos que se conservan sobre Bernardo Polo. Palomino, en El Parnaso español, lo incluye entre los “Pintores célebres de la ciudad de Zaragoza” y destaca su especial habilidad en la representación de flores. Señala, además, que desarrolló su actividad durante el reinado de Carlos II y que “murió por los años de 1700”. Por su parte, Ceán Bermúdez lo define como “pintor y vecino de Zaragoza a fines del siglo XVII” y destaca su dedicación a las flores y frutas tomadas del natural, cuyos lienzos gozaron de estima tanto en Zaragoza como en Madrid.
 
La primera noticia documental sobre Polo se remonta al 2 de agosto de 1655, cuando en el inventario de los bienes de Francisco Arguillur, canónigo del Pilar de Zaragoza, se registraron cuatro naturalezas muertas de flores y frutas como “originales de Bernardo”. En 1668 se documenta su matrimonio con Luisa Pérez de León, aunque se desconoce si fue su primer enlace. Asimismo, el Conde de la Viñaza recoge el pago de 285 libras realizado por el capítulo de La Seo de Zaragoza a un pintor identificado como Bernabé Polo por la ejecución de lienzos, colores y el galoneado de la bóveda de la capilla de San Pedro Arbués, atribuyéndole también, por razones estilísticas, los adornos de las capillas del Sacramento y de San Blas de la catedral de Huesca.
 
Aunque Polo es conocido principalmente por sus naturalezas muertas, también se ha relacionado con una pintura de gran formato que representa a Felipe V a caballo en una escena vinculada a la Guerra de Sucesión. Firmada “Bernardo Polo me fecit”, la obra muestra al joven monarca con la Orden del Espíritu Santo.
 
En el lienzo que presentamos, la composición se organiza de manera simétrica sobre un plinto rectangular de piedra gris, cuya cornisa está decorada con un motivo de hojas. Los objetos se disponen frontalmente y se distribuyen de forma equilibrada a ambos lados de un gran florero central de bronce, decorado con motivos grotescos, presentes también en la obra de Juan van der Hamen. Del florero surge un arreglo floral compuesto por rosas y flores blancas, flanqueado por ramas con guirnaldas de frutas y hojas talladas. Sobre la repisa se sitúan una perdiz y, en el lado opuesto, una manzana junto a un búcaro fabricación extremeña o portuguesa.
 
Uno de los aspectos más destacados de la obra es el tratamiento de la luz. Como es habitual en los bodegones de Polo, una intensa iluminación procedente de la parte superior izquierda atraviesa el fondo en diagonal y proyecta sombras marcadas hacia la derecha. Este efecto de claroscuro, de carácter tenebrista, recuerda a los bodegones italianos de influencia caravaggista.
 
El colorido es especialmente rico y contribuye a resaltar las diferentes texturas de los objetos. Polo presta especial atención a estos contrastes, situando estratégicamente elementos de distintas características, como la superficie de la manzana, la textura del búcaro y el brillo del florero central. Este interés por la representación de las diferentes calidades materiales constituye uno de los rasgos característicos de su producción.
 
También destaca el uso recurrente de determinados motivos, que Polo reorganiza en diferentes composiciones. El florero central, las ramas de frutas, las flores, las aves y los objetos de cerámica aparecen combinados de distintas maneras en sus bodegones, manteniendo una composición equilibrada.
 
Entre estos elementos, el búcaro adquiere especial interés. Se trataba de un objeto de lujo muy apreciado durante el Siglo de Oro, valorado por su capacidad para mantener fresca el agua y por su asociación con el refinamiento de las élites. Su presencia junto a las frutas y al resto de objetos introduce así una referencia al lujo y al gusto por los objetos exóticos propios de la cultura cortesana de la época.
 
Agradecemos al Prof. Ismael Gutiérrez Pastor, de la Universidad Autónoma de Madrid (jubilado), la confirmación de la autoría de esta obra.

Precio salida: 15.000 €

752. ESCUELA CENTROEUROPEA, SIGLO XVIIRetrato de caballero con sombrero de plumas

Óleo sobre lienzo. 93 x 69 cm.
 
El presente retrato puede situarse en el contexto de la pintura europea del siglo XVII, concretamente en los círculos artísticos que asimilaron las novedades introducidas por Caravaggio y que contribuyeron a difundir desde Roma este nuevo lenguaje pictórico. La revolución en el tratamiento de la luz, el uso del claroscuro y la marcada teatralidad de las figuras ejercieron una profunda influencia sobre numerosos artistas extranjeros que vivieron y trabajaron en Roma durante las primeras décadas del siglo XVII, especialmente holandeses, flamencos y franceses.
 
En este contexto resulta sugerente pensar en Claude Vignon (Tours, 1593 - París, 1670), pintor francés formado en el ambiente artístico romano y cercano a la pintura de Caravaggio y sus seguidores. Su obra combina el dramatismo caravaggista con una rica gama de color y una pincelada matérica, especialmente visible en el tratamiento de los tejidos y en detalles de la indumentaria, como el cuello y los puños.
 
Resulta particularmente interesante la comparación con un retrato de Claude Vignon recogido en el RKD Netherlands Institute for Art History y subastado en Sotheby's, Nueva York, el 11 de enero de 1996. (Véase: https://rkd.nl/imageslite/1077866er)
 
Para otras comparaciones resulta de interés consultar el catálogo de Paola Pacht Bassani, Claude Vignon 1593-1670 (París, Arthena, 1993), especialmente los números 29 y 43.
 
Destacan en este retrato la teatralidad del rostro, el tratamiento de los claroscuros, el singular sombrero de grandes plumas y la riqueza cromática del ropaje.
 

Precio salida

20.000 €

752. ESCUELA CENTROEUROPEA, SIGLO XVIIRetrato de caballero con sombrero de plumas

Óleo sobre lienzo. 93 x 69 cm.
 
El presente retrato puede situarse en el contexto de la pintura europea del siglo XVII, concretamente en los círculos artísticos que asimilaron las novedades introducidas por Caravaggio y que contribuyeron a difundir desde Roma este nuevo lenguaje pictórico. La revolución en el tratamiento de la luz, el uso del claroscuro y la marcada teatralidad de las figuras ejercieron una profunda influencia sobre numerosos artistas extranjeros que vivieron y trabajaron en Roma durante las primeras décadas del siglo XVII, especialmente holandeses, flamencos y franceses.
 
En este contexto resulta sugerente pensar en Claude Vignon (Tours, 1593 - París, 1670), pintor francés formado en el ambiente artístico romano y cercano a la pintura de Caravaggio y sus seguidores. Su obra combina el dramatismo caravaggista con una rica gama de color y una pincelada matérica, especialmente visible en el tratamiento de los tejidos y en detalles de la indumentaria, como el cuello y los puños.
 
Resulta particularmente interesante la comparación con un retrato de Claude Vignon recogido en el RKD Netherlands Institute for Art History y subastado en Sotheby's, Nueva York, el 11 de enero de 1996. (Véase: https://rkd.nl/imageslite/1077866er)
 
Para otras comparaciones resulta de interés consultar el catálogo de Paola Pacht Bassani, Claude Vignon 1593-1670 (París, Arthena, 1993), especialmente los números 29 y 43.
 
Destacan en este retrato la teatralidad del rostro, el tratamiento de los claroscuros, el singular sombrero de grandes plumas y la riqueza cromática del ropaje.
 

Precio salida: 20.000 €

753. BLAS DE LEDESMA (Activo en Granada entre 1602 y 1617)Pareja de bodegones con aves, frutas y flores

Dos óleos sobre lienzo. 98 × 136 cm, cada uno.
 
Procedencia:
Colección particular Madrid.
 
Bibliografía:
Torres Martín, Ramón, Blas de Ledesma y el origen del bodegonismo español, Revista Goya, n.º 118, Madrid, 1974, pp. 216-223.
Torres Martín, Ramón, Los bodegones de Blas de Ledesma. Catálogo razonado, Sevilla, 1976, cat. 22 y 23.
Torres Martín, Ramón, Blas de Ledesma y el bodegón español, Madrid, 1978, pp. 121 y 212-213, n.os 104 y 105, ilustrados.
 
Blas de Ledesma figura entre los pioneros del bodegón español y desempeñó un papel decisivo en la configuración del género durante los primeros años del siglo XVII. Su actividad está documentada en Granada desde 1602, fecha especialmente temprana que coincide con la realización del Bodegón de caza, hortalizas y frutas de Juan Sánchez Cotán, firmado y fechado ese mismo año y considerado el primer bodegón español con fecha y firma conocido. En este contexto, la obra de Ledesma adquiere especial relevancia como una de las manifestaciones tempranas de la consolidación del bodegón en España. Activo en Granada hasta 1617, desarrolló un lenguaje propio que anticipó algunas de las fórmulas compositivas que alcanzarían plena madurez pocos años después en la obra de Juan van der Hamen, Pedro de Camprobín e incluso en la tradición sevillana vinculada a Zurbarán.
 
Esta pareja de bodegones está recogida en el catálogo razonado de Ramón Torres Martín, donde aparece inventariada y reproducida. Quizás formara parte de una serie mayor, como parece sugerir la existencia de otras parejas de características semejantes relacionadas con la producción del pintor. Su composición responde al característico esquema escalonado de Ledesma, articulado mediante varios planos horizontales ascendentes sobre los que se disponen frutas, flores, recipientes y cestos. Esta fórmula, que tendría continuidad y un notable desarrollo en la obra de Juan van der Hamen, permite crear un ritmo compositivo variado y dar una sensación ascendente al conjunto, un recurso que alcanzaría amplia difusión en el bodegón español del siglo XVII.
 
Ambos lienzos reúnen buena parte del repertorio habitual del pintor: frutas y hortalizas —entre ellas, sandías abiertas y granadas partidas—, flores, recipientes cerámicos, jarras de barro, bandejas de loza, cestos de mimbre y los característicos pájaros de formas exóticas, con cuellos alargados, finos picos y patas estilizadas, situados en las zonas superiores de las composiciones. También destacan los cuchillos, de formas originales y muy características de su producción.
 
Los objetos se distribuyen con aparente espontaneidad, aunque responden a un cuidadoso equilibrio espacial. Destaca la abundancia y la ligereza con que los distintos elementos se disponen sobre el pedestal de piedra. Su disposición cuidadosamente equilibrada produce además una singular sensación de ingravidez, como si algunos objetos quedaran suspendidos sobre la superficie. Esta acumulación ordenada de frutas, recipientes, flores y aves constituye uno de los rasgos más personales de estas composiciones y transmite una impresión de riqueza y plenitud.
 
Desde el punto de vista técnico, el pintor emplea una pincelada viva y directa, construida mediante pequeñas aplicaciones de color que modelan los volúmenes y definen las superficies. Las frutas reciben un tratamiento especialmente minucioso, con toques precisos que reproducen tallos, reflejos y texturas. En los recipientes cerámicos y de cristal, los reflejos luminosos contribuyen a definir tanto sus formas como la naturaleza de sus materiales.
 
Las flores, de dibujo preciso, destacan sobre fondos oscuros construidos a partir de negros, ocres, tierras y grises. Sobre esta gama contenida destacan los verdes de las hojas y, especialmente, los rojos y carmines de las frutas, que adquieren una particular intensidad frente a los fondos oscuros. La variedad cromática, contenida pero intensa, contribuye a establecer un equilibrio entre los distintos elementos de la composición.
 
La crítica ha señalado el carácter veneciano del colorido y la pincelada de Ledesma, más próximos a la tradición cromática de Tiziano y El Greco que al tenebrismo de raíz caravaggista. En sus composiciones, el claroscuro no busca únicamente el contraste, sino que contribuye a intensificar el color y a resaltar la riqueza táctil de las superficies.
 
Estas dos composiciones permiten aproximarse a uno de los primeros momentos del desarrollo del bodegón español y a la evolución que experimentó este género durante el Siglo de Oro.

Precio salida

50.000 €

753. BLAS DE LEDESMA (Activo en Granada entre 1602 y 1617)Pareja de bodegones con aves, frutas y flores

Dos óleos sobre lienzo. 98 × 136 cm, cada uno.
 
Procedencia:
Colección particular Madrid.
 
Bibliografía:
Torres Martín, Ramón, Blas de Ledesma y el origen del bodegonismo español, Revista Goya, n.º 118, Madrid, 1974, pp. 216-223.
Torres Martín, Ramón, Los bodegones de Blas de Ledesma. Catálogo razonado, Sevilla, 1976, cat. 22 y 23.
Torres Martín, Ramón, Blas de Ledesma y el bodegón español, Madrid, 1978, pp. 121 y 212-213, n.os 104 y 105, ilustrados.
 
Blas de Ledesma figura entre los pioneros del bodegón español y desempeñó un papel decisivo en la configuración del género durante los primeros años del siglo XVII. Su actividad está documentada en Granada desde 1602, fecha especialmente temprana que coincide con la realización del Bodegón de caza, hortalizas y frutas de Juan Sánchez Cotán, firmado y fechado ese mismo año y considerado el primer bodegón español con fecha y firma conocido. En este contexto, la obra de Ledesma adquiere especial relevancia como una de las manifestaciones tempranas de la consolidación del bodegón en España. Activo en Granada hasta 1617, desarrolló un lenguaje propio que anticipó algunas de las fórmulas compositivas que alcanzarían plena madurez pocos años después en la obra de Juan van der Hamen, Pedro de Camprobín e incluso en la tradición sevillana vinculada a Zurbarán.
 
Esta pareja de bodegones está recogida en el catálogo razonado de Ramón Torres Martín, donde aparece inventariada y reproducida. Quizás formara parte de una serie mayor, como parece sugerir la existencia de otras parejas de características semejantes relacionadas con la producción del pintor. Su composición responde al característico esquema escalonado de Ledesma, articulado mediante varios planos horizontales ascendentes sobre los que se disponen frutas, flores, recipientes y cestos. Esta fórmula, que tendría continuidad y un notable desarrollo en la obra de Juan van der Hamen, permite crear un ritmo compositivo variado y dar una sensación ascendente al conjunto, un recurso que alcanzaría amplia difusión en el bodegón español del siglo XVII.
 
Ambos lienzos reúnen buena parte del repertorio habitual del pintor: frutas y hortalizas —entre ellas, sandías abiertas y granadas partidas—, flores, recipientes cerámicos, jarras de barro, bandejas de loza, cestos de mimbre y los característicos pájaros de formas exóticas, con cuellos alargados, finos picos y patas estilizadas, situados en las zonas superiores de las composiciones. También destacan los cuchillos, de formas originales y muy características de su producción.
 
Los objetos se distribuyen con aparente espontaneidad, aunque responden a un cuidadoso equilibrio espacial. Destaca la abundancia y la ligereza con que los distintos elementos se disponen sobre el pedestal de piedra. Su disposición cuidadosamente equilibrada produce además una singular sensación de ingravidez, como si algunos objetos quedaran suspendidos sobre la superficie. Esta acumulación ordenada de frutas, recipientes, flores y aves constituye uno de los rasgos más personales de estas composiciones y transmite una impresión de riqueza y plenitud.
 
Desde el punto de vista técnico, el pintor emplea una pincelada viva y directa, construida mediante pequeñas aplicaciones de color que modelan los volúmenes y definen las superficies. Las frutas reciben un tratamiento especialmente minucioso, con toques precisos que reproducen tallos, reflejos y texturas. En los recipientes cerámicos y de cristal, los reflejos luminosos contribuyen a definir tanto sus formas como la naturaleza de sus materiales.
 
Las flores, de dibujo preciso, destacan sobre fondos oscuros construidos a partir de negros, ocres, tierras y grises. Sobre esta gama contenida destacan los verdes de las hojas y, especialmente, los rojos y carmines de las frutas, que adquieren una particular intensidad frente a los fondos oscuros. La variedad cromática, contenida pero intensa, contribuye a establecer un equilibrio entre los distintos elementos de la composición.
 
La crítica ha señalado el carácter veneciano del colorido y la pincelada de Ledesma, más próximos a la tradición cromática de Tiziano y El Greco que al tenebrismo de raíz caravaggista. En sus composiciones, el claroscuro no busca únicamente el contraste, sino que contribuye a intensificar el color y a resaltar la riqueza táctil de las superficies.
 
Estas dos composiciones permiten aproximarse a uno de los primeros momentos del desarrollo del bodegón español y a la evolución que experimentó este género durante el Siglo de Oro.

Precio salida: 50.000 €

754. ESCUELA ESPAÑOLA, SIGLO XVIIRetrato de niña con abanico1638-1641

Óleo sobre lienzo. 162 x 105 cm.
 
Procedencia:
Legado de Ana Apolonia Manrique de Lara y Martínez de Luna (Illueca, c. 1605-Madrid, 1675),
VIII condesa de Osorno, III duquesa de Galisteo y V condesa de Morata, señora de Illueca y
Gotor, casada con Balthasar Barroso de Rivera (c. 1600-Madrid, 1669), III marqués de Malpica,
I conde de Navalmoral, señor de Parla y de San Martín de Valdepusa.
Colección particular, Sr. D. Luis Bordiú Garcés de Marcilla (1884-1921), VI conde de Argillo, VIII
marqués de Villaverde, XIII conde de Morata de Jalón, barón de Illueca y barón de Gotor.
Colección particular, Sr. D. Javier Bordiú Prat (1875-1969).
Colección particular, Sra. Dña. Blanca Bordiú Nava (1923-2017).
Por herencia a los actuales propietarios.
 
Bibliografía:
Samaniego Bordiu, Blanca, La hija de los Malpica. Un relato, un ensayo y un libros de familias. Madrid, 2004.
 
Obra que fue publicada en La hija de los Malpica. Un relato, un ensayo y un libro de familias (El Tercer Sello / Ediciones La Ergástula, 2023), de Blanca Samaniego Bordiú. A partir de documentación genealógica, histórica y artística, la autora reconstruye en este ensayo la historia de la niña retratada, indaga en su procedencia y plantea su posible identificación con María Barroso, así como la posible atribución de la obra a Andrés López Polanco. Agradezco sinceramente a Blanca Samaniego Bordiú el haberme hecho llegar un ejemplar de su libro, cuya investigación constituye una valiosa aportación para el conocimiento y estudio de esta obra.
 
En este lienzo que presentamos, el retrato de cuerpo entero de una niña, representada de pie y en posición frontal, en el interior de una estancia decorada con un cortinaje y una ventana abierta a un paisaje. Apoya la mano derecha sobre un frailero y sostiene con la izquierda un ventaille o abanico. Viste una saya entera compuesta por cuerpo o jubón y falda o basquiña, confeccionados en una misma tela de tono rojo achocolatado y decorada con bordados de motivos vegetales.
 
El jubón se articula mediante bandas y jaretas que organizan el pecho y las mangas. Se cierra mediante una botonadura y queda acompañado por una sarta o cadena de perlas que cruza el pecho. El escote, relativamente bajo, está rematado por un encaje sencillo y los puños por un
encaje vuelto. Las mangas y sobremangas, redondas y colgantes, responden a una tipología característica de la indumentaria femenina de estos años. El bordado se prolonga por la falda hasta alcanzar el borde inferior, donde forma una cenefa ornamental, mientras que a media
altura se distingue el corte de una alforza.
 
La falda presenta una amplitud considerable, conseguida mediante un verdugado dispuesto bajo el tejido, aunque mantiene todavía una forma cónica moderada. El cabello aparece recogido hacia atrás mediante un lazo o pequeño moñete. La indumentaria se completa con una sarta de perlas de la que pende un joyel sobre el pecho, además de un cordón y una joya colgante a la altura de la cintura, situada sobre el arranque de la botonadura.
 
La combinación de estos elementos corresponde a un momento de transformación de la moda femenina. Durante los últimos años de la década de 1630 disminuyen o desaparecen las lechuguillas, se modifican los encajes del cuello y de los puños y las jaretas abiertas y los pliegues anchos del pecho comienzan a dar paso a nuevas disposiciones. Al mismo tiempo, la creciente amplitud de la falda anuncia la evolución hacia la silueta del guardainfante. Por las características de la saya, la forma del jubón, la disposición de las jaretas y los encajes y el volumen todavía contenido de la falda, el retrato puede situarse hacia 1638-1641.
 
Se puede comparar con el retrato de Isabel de Borbón conservado en una colección particular de Manchester y con el de Isabel de Francia, primera esposa de Felipe IV, conservado en el Museo Nacional del Prado (P001281). Especialmente próxima desde el punto de vista de la indumentaria es la figura de una dama conservada en la Royal Collection Trust de Londres (RCIN 402958), identificada posteriormente como Mariana de Austria el retrato de niña permite proponer se trate de Isabel de Borbón. En ella aparece igualmente, una saya de dos piezas, con mangas y sobremangas redondas y colgantes, aunque la falda presenta ya una mayor amplitud. También se observan semejanzas en la ornamentación del jubón, la botonadura y el empleo de joyería. En el retrato de la niña, el tejido presenta un tono rojo achocolatado y el bordado parece estar realizado en plata, mientras que en el de la dama predominan el rojo encarnado y los bordados de oro. Los motivos vegetales guardan cierta semejanza, aunque su orientación sobre el jubón varía.
 
Las dimensiones del lienzo, 200 × 108 cm, corresponden aproximadamente a dos varas y media de alto por vara y cuarta de ancho y se encuentran dentro de los formatos habituales de los retratos de cuerpo entero. Su escala, próxima al tamaño natural, concede especial presencia a la figura y a su indumentaria, de modo que puede entenderse como una representación casi a modo de retrato posado del natural.
 
Se ha planteado que la retratada pudiera ser María Barroso, posible hija adoptiva de Balthasar Barroso de Rivera (Toledo, 1600-Madrid, 1669) y de Ana Apolonia Manrique de Luna (Illueca, c. 1605-Madrid, 1675), casados en Illueca en 1625. La posible relación con María Barroso encuentra durante la estancia de Balthasar Barroso en las proximidades de la parroquia de San Martín. En noviembre de 1626, ya casado y antes de trasladarse a la cuesta de Santo Domingo, alquiló durante un año una casa situada frente al convento de las Descalzas y próxima a la iglesia de San Martín, en la esquina de la calle de Bordadores. El alquiler fue temporal y parece que solo ocupó la vivienda durante unos seis meses. En los registros de bautismos, matrimonios y defunciones de la parroquia de San Martín, conservados en el Archivo Diocesano de Madrid, figura una partida fechada el 7 de noviembre de 1628 correspondiente a una niña llamada María Barroso, hija de Blas de Barroso y Beatriz de Quevedo (folio 358, imagen 703). La posible correspondencia entre Blas y Balthasar Barroso resulta sugerente, aunque por el momento no existe documentación suficiente para establecerla. También en el inventario realizado a la muerte Ana Apolonia, el 18 de diciembre de 1675, ante el escribano Juan Sandoval, entre el 20 de diciembre de 1675 y el 9 de febrero de 1676, se recoge: «Más otras dos pinturas pintadas en la una un retrato de niña con marco negro y en la otra un hermitaño». La descripción podría corresponder al presente lienzo.
 
También se ha planteado la atribución del retrato a Andrés López Polanco (hacia 1570-1641), pintor activo en Madrid durante los reinados de Felipe III y Felipe IV y relacionado con el retrato de miembros de la nobleza y de la familia real, los infantes don Carlos y el cardenal infante don Fernando. La atención concedida en esta obra a los tejidos, bordados, joyas y accesorios encuentra correspondencias con aspectos de su producción. Entre las obras que permiten aproximarse a su lenguaje se encuentra Eurico, rey godo, fechado hacia 1634 y perteneciente a la serie de monarcas visigodos realizada para el Palacio del Buen Retiro. El Museo Nacional de Escultura conserva asimismo un Retrato del Conde-Duque de Olivares López Polanco firmado. La cronología de estas obras resulta compatible con la propuesta para el presente lienzo, aunque la atribución permanece abierta.

Precio salida

30.000 €

754. ESCUELA ESPAÑOLA, SIGLO XVIIRetrato de niña con abanico1638-1641

Óleo sobre lienzo. 162 x 105 cm.
 
Procedencia:
Legado de Ana Apolonia Manrique de Lara y Martínez de Luna (Illueca, c. 1605-Madrid, 1675),
VIII condesa de Osorno, III duquesa de Galisteo y V condesa de Morata, señora de Illueca y
Gotor, casada con Balthasar Barroso de Rivera (c. 1600-Madrid, 1669), III marqués de Malpica,
I conde de Navalmoral, señor de Parla y de San Martín de Valdepusa.
Colección particular, Sr. D. Luis Bordiú Garcés de Marcilla (1884-1921), VI conde de Argillo, VIII
marqués de Villaverde, XIII conde de Morata de Jalón, barón de Illueca y barón de Gotor.
Colección particular, Sr. D. Javier Bordiú Prat (1875-1969).
Colección particular, Sra. Dña. Blanca Bordiú Nava (1923-2017).
Por herencia a los actuales propietarios.
 
Bibliografía:
Samaniego Bordiu, Blanca, La hija de los Malpica. Un relato, un ensayo y un libros de familias. Madrid, 2004.
 
Obra que fue publicada en La hija de los Malpica. Un relato, un ensayo y un libro de familias (El Tercer Sello / Ediciones La Ergástula, 2023), de Blanca Samaniego Bordiú. A partir de documentación genealógica, histórica y artística, la autora reconstruye en este ensayo la historia de la niña retratada, indaga en su procedencia y plantea su posible identificación con María Barroso, así como la posible atribución de la obra a Andrés López Polanco. Agradezco sinceramente a Blanca Samaniego Bordiú el haberme hecho llegar un ejemplar de su libro, cuya investigación constituye una valiosa aportación para el conocimiento y estudio de esta obra.
 
En este lienzo que presentamos, el retrato de cuerpo entero de una niña, representada de pie y en posición frontal, en el interior de una estancia decorada con un cortinaje y una ventana abierta a un paisaje. Apoya la mano derecha sobre un frailero y sostiene con la izquierda un ventaille o abanico. Viste una saya entera compuesta por cuerpo o jubón y falda o basquiña, confeccionados en una misma tela de tono rojo achocolatado y decorada con bordados de motivos vegetales.
 
El jubón se articula mediante bandas y jaretas que organizan el pecho y las mangas. Se cierra mediante una botonadura y queda acompañado por una sarta o cadena de perlas que cruza el pecho. El escote, relativamente bajo, está rematado por un encaje sencillo y los puños por un
encaje vuelto. Las mangas y sobremangas, redondas y colgantes, responden a una tipología característica de la indumentaria femenina de estos años. El bordado se prolonga por la falda hasta alcanzar el borde inferior, donde forma una cenefa ornamental, mientras que a media
altura se distingue el corte de una alforza.
 
La falda presenta una amplitud considerable, conseguida mediante un verdugado dispuesto bajo el tejido, aunque mantiene todavía una forma cónica moderada. El cabello aparece recogido hacia atrás mediante un lazo o pequeño moñete. La indumentaria se completa con una sarta de perlas de la que pende un joyel sobre el pecho, además de un cordón y una joya colgante a la altura de la cintura, situada sobre el arranque de la botonadura.
 
La combinación de estos elementos corresponde a un momento de transformación de la moda femenina. Durante los últimos años de la década de 1630 disminuyen o desaparecen las lechuguillas, se modifican los encajes del cuello y de los puños y las jaretas abiertas y los pliegues anchos del pecho comienzan a dar paso a nuevas disposiciones. Al mismo tiempo, la creciente amplitud de la falda anuncia la evolución hacia la silueta del guardainfante. Por las características de la saya, la forma del jubón, la disposición de las jaretas y los encajes y el volumen todavía contenido de la falda, el retrato puede situarse hacia 1638-1641.
 
Se puede comparar con el retrato de Isabel de Borbón conservado en una colección particular de Manchester y con el de Isabel de Francia, primera esposa de Felipe IV, conservado en el Museo Nacional del Prado (P001281). Especialmente próxima desde el punto de vista de la indumentaria es la figura de una dama conservada en la Royal Collection Trust de Londres (RCIN 402958), identificada posteriormente como Mariana de Austria el retrato de niña permite proponer se trate de Isabel de Borbón. En ella aparece igualmente, una saya de dos piezas, con mangas y sobremangas redondas y colgantes, aunque la falda presenta ya una mayor amplitud. También se observan semejanzas en la ornamentación del jubón, la botonadura y el empleo de joyería. En el retrato de la niña, el tejido presenta un tono rojo achocolatado y el bordado parece estar realizado en plata, mientras que en el de la dama predominan el rojo encarnado y los bordados de oro. Los motivos vegetales guardan cierta semejanza, aunque su orientación sobre el jubón varía.
 
Las dimensiones del lienzo, 200 × 108 cm, corresponden aproximadamente a dos varas y media de alto por vara y cuarta de ancho y se encuentran dentro de los formatos habituales de los retratos de cuerpo entero. Su escala, próxima al tamaño natural, concede especial presencia a la figura y a su indumentaria, de modo que puede entenderse como una representación casi a modo de retrato posado del natural.
 
Se ha planteado que la retratada pudiera ser María Barroso, posible hija adoptiva de Balthasar Barroso de Rivera (Toledo, 1600-Madrid, 1669) y de Ana Apolonia Manrique de Luna (Illueca, c. 1605-Madrid, 1675), casados en Illueca en 1625. La posible relación con María Barroso encuentra durante la estancia de Balthasar Barroso en las proximidades de la parroquia de San Martín. En noviembre de 1626, ya casado y antes de trasladarse a la cuesta de Santo Domingo, alquiló durante un año una casa situada frente al convento de las Descalzas y próxima a la iglesia de San Martín, en la esquina de la calle de Bordadores. El alquiler fue temporal y parece que solo ocupó la vivienda durante unos seis meses. En los registros de bautismos, matrimonios y defunciones de la parroquia de San Martín, conservados en el Archivo Diocesano de Madrid, figura una partida fechada el 7 de noviembre de 1628 correspondiente a una niña llamada María Barroso, hija de Blas de Barroso y Beatriz de Quevedo (folio 358, imagen 703). La posible correspondencia entre Blas y Balthasar Barroso resulta sugerente, aunque por el momento no existe documentación suficiente para establecerla. También en el inventario realizado a la muerte Ana Apolonia, el 18 de diciembre de 1675, ante el escribano Juan Sandoval, entre el 20 de diciembre de 1675 y el 9 de febrero de 1676, se recoge: «Más otras dos pinturas pintadas en la una un retrato de niña con marco negro y en la otra un hermitaño». La descripción podría corresponder al presente lienzo.
 
También se ha planteado la atribución del retrato a Andrés López Polanco (hacia 1570-1641), pintor activo en Madrid durante los reinados de Felipe III y Felipe IV y relacionado con el retrato de miembros de la nobleza y de la familia real, los infantes don Carlos y el cardenal infante don Fernando. La atención concedida en esta obra a los tejidos, bordados, joyas y accesorios encuentra correspondencias con aspectos de su producción. Entre las obras que permiten aproximarse a su lenguaje se encuentra Eurico, rey godo, fechado hacia 1634 y perteneciente a la serie de monarcas visigodos realizada para el Palacio del Buen Retiro. El Museo Nacional de Escultura conserva asimismo un Retrato del Conde-Duque de Olivares López Polanco firmado. La cronología de estas obras resulta compatible con la propuesta para el presente lienzo, aunque la atribución permanece abierta.

Precio salida: 30.000 €

757. GIJSBERT JANSZ SIBILLA (Weesp, 1598- 1655)Triunfo de MordecaiMediados del siglo XVII

Óleo sobre lienzo. 83,3 x 94,6 cm.
En el ángulo inferior derecho con número de inventario de la colección Bosch: "58453"(?).
 
Procedencia:
Antigua colección Joaquin Gari De Sentmenat. 
 
El lienzo representa uno de los episodios más conocidos del Libro de Ester: el triunfo de Mardoqueo sobre Amán. Después de haber descubierto y frustrado un complot contra el rey Asuero, Mardoqueo recibe el honor que hasta entonces había ambicionado su enemigo. Por orden del monarca, Amán debe conducirlo a caballo por las calles de la ciudad y proclamar públicamente su dignidad. La inversión de papeles —el hombre poderoso obligado a honrar a aquel a quien pretendía destruir— constituye el núcleo dramático de la escena.
 
Sibilla concentra la composición en este momento de humillación y triunfo. Mardoqueo ocupa una posición visualmente dominante, montado sobre un caballo ricamente engalanado y presentado con atributos de carácter regio. Frente a él, Amán avanza a pie, convertido paradójicamente en protagonista de su propia derrota. El contraste entre ambos personajes permite al pintor expresar visualmente la inversión de fortuna que estructura el episodio bíblico. La presencia de numerosos espectadores y el escenario urbano amplían la dimensión pública del acontecimiento y convierten la humillación de Amán y la exaltación de Mardoqueo en un auténtico espectáculo ante la comunidad.
 
El interés de Sibilla por las escenas narrativas con numerosos personajes puede relacionarse con otras obras conocidas de su producción, como El juicio de Salomón, conservado en la Galería Nacional Eslovaca y fechado en torno a 1651, y el Servicio reformado neerlandés en la Grote Kerk de Weesp, fechado hacia 1635. La comparación con El juicio de Salomón resulta especialmente significativa: aunque ambos cuadros representan episodios diferentes del Antiguo Testamento, Sibilla recurre en ellos a una composición poblada, a la gestualidad de los personajes y a la organización de la escena para hacer comprensible visualmente el desarrollo de la historia.
 
El asunto de Mardoqueo adquirió además una particular resonancia en la cultura visual de los Países Bajos del siglo XVII. La historia de Ester fue interpretada en la República neerlandesa en relación con la experiencia de conflicto y emancipación frente a la Monarquía Hispánica. Diversas fuentes museísticas y estudios señalan que los neerlandeses podían identificarse con los judíos perseguidos de la historia bíblica, mientras que Amán podía ser entendido como una figura análoga al tirano enemigo. Esta lectura política contribuyó a la popularidad de los episodios de Ester en la pintura, el grabado y el teatro neerlandeses.
 
La obra mantiene además una relación particularmente interesante con la tradición de Rembrandt. El maestro de Leiden realizó hacia 1641 un conocido aguafuerte titulado El triunfo de Mardoqueo, en el que representa igualmente a Mardoqueo sobre el caballo del rey mientras Amán lo conduce por la ciudad.
 
La biografía conocida de Sibilla es relativamente escasa. Nacido en Weesp hacia 1598, desarrolló parte de su actividad en Ámsterdam y posteriormente regresó a su ciudad natal. La documentación conservada indica que en 1631 se encontraba nuevamente en Weesp y que ejerció en varias ocasiones como burgomaestre de la ciudad —en 1634, 1637, 1640, 1644 y 1647—, lo que revela que, además de su actividad artística, participó activamente en la vida cívica local. Una fuente biográfica neerlandesa del siglo XX señala asimismo que probablemente se formó en Ámsterdam en el entorno de Pieter Lastman.

Precio salida

9.000 €

757. GIJSBERT JANSZ SIBILLA (Weesp, 1598- 1655)Triunfo de MordecaiMediados del siglo XVII

Óleo sobre lienzo. 83,3 x 94,6 cm.
En el ángulo inferior derecho con número de inventario de la colección Bosch: "58453"(?).
 
Procedencia:
Antigua colección Joaquin Gari De Sentmenat. 
 
El lienzo representa uno de los episodios más conocidos del Libro de Ester: el triunfo de Mardoqueo sobre Amán. Después de haber descubierto y frustrado un complot contra el rey Asuero, Mardoqueo recibe el honor que hasta entonces había ambicionado su enemigo. Por orden del monarca, Amán debe conducirlo a caballo por las calles de la ciudad y proclamar públicamente su dignidad. La inversión de papeles —el hombre poderoso obligado a honrar a aquel a quien pretendía destruir— constituye el núcleo dramático de la escena.
 
Sibilla concentra la composición en este momento de humillación y triunfo. Mardoqueo ocupa una posición visualmente dominante, montado sobre un caballo ricamente engalanado y presentado con atributos de carácter regio. Frente a él, Amán avanza a pie, convertido paradójicamente en protagonista de su propia derrota. El contraste entre ambos personajes permite al pintor expresar visualmente la inversión de fortuna que estructura el episodio bíblico. La presencia de numerosos espectadores y el escenario urbano amplían la dimensión pública del acontecimiento y convierten la humillación de Amán y la exaltación de Mardoqueo en un auténtico espectáculo ante la comunidad.
 
El interés de Sibilla por las escenas narrativas con numerosos personajes puede relacionarse con otras obras conocidas de su producción, como El juicio de Salomón, conservado en la Galería Nacional Eslovaca y fechado en torno a 1651, y el Servicio reformado neerlandés en la Grote Kerk de Weesp, fechado hacia 1635. La comparación con El juicio de Salomón resulta especialmente significativa: aunque ambos cuadros representan episodios diferentes del Antiguo Testamento, Sibilla recurre en ellos a una composición poblada, a la gestualidad de los personajes y a la organización de la escena para hacer comprensible visualmente el desarrollo de la historia.
 
El asunto de Mardoqueo adquirió además una particular resonancia en la cultura visual de los Países Bajos del siglo XVII. La historia de Ester fue interpretada en la República neerlandesa en relación con la experiencia de conflicto y emancipación frente a la Monarquía Hispánica. Diversas fuentes museísticas y estudios señalan que los neerlandeses podían identificarse con los judíos perseguidos de la historia bíblica, mientras que Amán podía ser entendido como una figura análoga al tirano enemigo. Esta lectura política contribuyó a la popularidad de los episodios de Ester en la pintura, el grabado y el teatro neerlandeses.
 
La obra mantiene además una relación particularmente interesante con la tradición de Rembrandt. El maestro de Leiden realizó hacia 1641 un conocido aguafuerte titulado El triunfo de Mardoqueo, en el que representa igualmente a Mardoqueo sobre el caballo del rey mientras Amán lo conduce por la ciudad.
 
La biografía conocida de Sibilla es relativamente escasa. Nacido en Weesp hacia 1598, desarrolló parte de su actividad en Ámsterdam y posteriormente regresó a su ciudad natal. La documentación conservada indica que en 1631 se encontraba nuevamente en Weesp y que ejerció en varias ocasiones como burgomaestre de la ciudad —en 1634, 1637, 1640, 1644 y 1647—, lo que revela que, además de su actividad artística, participó activamente en la vida cívica local. Una fuente biográfica neerlandesa del siglo XX señala asimismo que probablemente se formó en Ámsterdam en el entorno de Pieter Lastman.

Precio salida: 9.000 €

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