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1145. Alonso Cano? (Granada, 1601 - 1667).Virgen Inmaculada.Madera de cedro tallada y policromada.

Altura (sin peana): 54 cm.
 
Esta escultura inédita que aquí presentamos mantiene una estrecha relación con la llamada Inmaculada del facistol, realizada por el pintor, escultor y arquitecto Alonso Cano entre 1655 y 1656 para la Catedral de Granada y que constituye una de las obras cumbre de la escultura española del siglo de Oro.
 
La Inmaculada que subastamos, realizada en madera de cedro y de 0.54 m de altura, se puede comparar con la obra citada debido a su similitud plástica y a sus dimensiones. Un estudio detallado de la obra permite advertir que, en su fuerte plasticidad, no copia exactamente los volúmenes y plegados de la obra original, sino que muestra ligeras variantes igualmente patentes en la expresión del rostro.
 
La obra granadina es el mejor fruto de madurez de un artista que muestra una asombrosa evolución estilística en sus versiones inmaculistas, desde la creación de sus primeros modelos escultóricos en Sevilla, realizadas bajo el influjo de Martínez Montañés y Pacheco con grandes masas de material, volúmenes robustos y pliegues rígidos.
 
Un hilo conductor relaciona en realidad todas sus creaciones marianas. Alonso Cano las dota de un leve contraposto, orientando cabezas y manos hacia lados opuestos en un bello escorzo, que rompe la rigidez columnaria, junto a rostros perfectamente ovalados, grandes ojos de mirada profunda dirigida a los fieles y bocas pequeñas. Ya desde su época sevillana había trabajado el tema de la Inmaculada, encontrando ejemplos en las iglesias de la Concepción de la concepción que se le atribuye (h. 1628-29) o la documentada en Santa María La Blanca de La Campana (1632). De su etapa madrileña no conocemos esculturas sobre el tema, pero sí pinturas, como la de la Real Colegiata de San Isidro, perdida en 1936, o la del Museo de Arte Sacro de Vitoria. En ese periodo (1637-1652) se definen sus rasgos definitivos, con un profundo modelado de los paños, anticipando el modelo cerrado en forma de huso que el maestro culminará en la talla de Granada.
 
Vuelto a su ciudad natal en 1652, Alonso Cano depura su técnica y desarrolla una serie de esculturas de pequeño formato en las que prima la organicidad a partir del juego de planos cóncavos y convexos. Con ello parece trasladar a la madera la blandura del barro, tal como evidencia esta obra que aquí estudiamos, cuidadosamente tallada también en su reverso. Con la Inmaculada del Facistol, esa obra comparte el modelo de rostro adolescente que no pretende ser un reflejo del natural sino una idealización neoplatónica de la belleza femenina.  En contraposición a la serenidad y contención del rostro mariano, la talla del manto azul es volátil y cuelga de un hombro, con profundos y menudos pliegues curvos que dotan al manto de una ductilidad excepcional. La túnica blanca, en contraste con el manto azul, cae sobre el cuerpo de la Virgen, fundiéndose con el cúmulo de nubes que conforma la base, de la cual emergen tres querubines alados sobre una media luna invertida.
 
Por su parte, la policromía acentúa los volúmenes de la gubia. Las diferencias que se advierten en las dos obras que estamos comparando podrían deberse a que la talla de Granada fue repolicromada posteriormente, de hecho, conocemos una intervención importante del pintor José Risueño ya en 1716. La obra que presentamos ha sido recientemente restaurada, pero mantiene gran parte de sus tonalidades originales en blanco y azul, siguiendo el canon que establece Pacheco en 1649.
 
Dada la calidad de la obra, pensamos que la escultura en examen debió ser tallada por Alonso Cano, o bien por el maestro con la colaboración del joven Pedro de Mena, en cuyo taller trabajó con Cano que carecía de uno propio. Dada la fortuna de la Inmaculada del facistol, bien pudieron encargarle una réplica entre 1655, fecha de la creación de esta última, y 1657, antes de su vuelta a Madrid. Tampoco puede descartarse que fuese realizada por Pedro de Mena con la colaboración y/o supervisión de Cano después de la vuelta de este ultimo de Madrid, a partir de 1660, cuando este se instala en su propio taller en la torre de la catedral de Granada.
 
Falta una de las alas del querubín central.
 
Procedencia: familia aristocrática del sur de España.

Precio salida

75.000 €

NO VENDIDO

1145. Alonso Cano? (Granada, 1601 - 1667).Virgen Inmaculada.Madera de cedro tallada y policromada.

Altura (sin peana): 54 cm.
 
Esta escultura inédita que aquí presentamos mantiene una estrecha relación con la llamada Inmaculada del facistol, realizada por el pintor, escultor y arquitecto Alonso Cano entre 1655 y 1656 para la Catedral de Granada y que constituye una de las obras cumbre de la escultura española del siglo de Oro.
 
La Inmaculada que subastamos, realizada en madera de cedro y de 0.54 m de altura, se puede comparar con la obra citada debido a su similitud plástica y a sus dimensiones. Un estudio detallado de la obra permite advertir que, en su fuerte plasticidad, no copia exactamente los volúmenes y plegados de la obra original, sino que muestra ligeras variantes igualmente patentes en la expresión del rostro.
 
La obra granadina es el mejor fruto de madurez de un artista que muestra una asombrosa evolución estilística en sus versiones inmaculistas, desde la creación de sus primeros modelos escultóricos en Sevilla, realizadas bajo el influjo de Martínez Montañés y Pacheco con grandes masas de material, volúmenes robustos y pliegues rígidos.
 
Un hilo conductor relaciona en realidad todas sus creaciones marianas. Alonso Cano las dota de un leve contraposto, orientando cabezas y manos hacia lados opuestos en un bello escorzo, que rompe la rigidez columnaria, junto a rostros perfectamente ovalados, grandes ojos de mirada profunda dirigida a los fieles y bocas pequeñas. Ya desde su época sevillana había trabajado el tema de la Inmaculada, encontrando ejemplos en las iglesias de la Concepción de la concepción que se le atribuye (h. 1628-29) o la documentada en Santa María La Blanca de La Campana (1632). De su etapa madrileña no conocemos esculturas sobre el tema, pero sí pinturas, como la de la Real Colegiata de San Isidro, perdida en 1936, o la del Museo de Arte Sacro de Vitoria. En ese periodo (1637-1652) se definen sus rasgos definitivos, con un profundo modelado de los paños, anticipando el modelo cerrado en forma de huso que el maestro culminará en la talla de Granada.
 
Vuelto a su ciudad natal en 1652, Alonso Cano depura su técnica y desarrolla una serie de esculturas de pequeño formato en las que prima la organicidad a partir del juego de planos cóncavos y convexos. Con ello parece trasladar a la madera la blandura del barro, tal como evidencia esta obra que aquí estudiamos, cuidadosamente tallada también en su reverso. Con la Inmaculada del Facistol, esa obra comparte el modelo de rostro adolescente que no pretende ser un reflejo del natural sino una idealización neoplatónica de la belleza femenina.  En contraposición a la serenidad y contención del rostro mariano, la talla del manto azul es volátil y cuelga de un hombro, con profundos y menudos pliegues curvos que dotan al manto de una ductilidad excepcional. La túnica blanca, en contraste con el manto azul, cae sobre el cuerpo de la Virgen, fundiéndose con el cúmulo de nubes que conforma la base, de la cual emergen tres querubines alados sobre una media luna invertida.
 
Por su parte, la policromía acentúa los volúmenes de la gubia. Las diferencias que se advierten en las dos obras que estamos comparando podrían deberse a que la talla de Granada fue repolicromada posteriormente, de hecho, conocemos una intervención importante del pintor José Risueño ya en 1716. La obra que presentamos ha sido recientemente restaurada, pero mantiene gran parte de sus tonalidades originales en blanco y azul, siguiendo el canon que establece Pacheco en 1649.
 
Dada la calidad de la obra, pensamos que la escultura en examen debió ser tallada por Alonso Cano, o bien por el maestro con la colaboración del joven Pedro de Mena, en cuyo taller trabajó con Cano que carecía de uno propio. Dada la fortuna de la Inmaculada del facistol, bien pudieron encargarle una réplica entre 1655, fecha de la creación de esta última, y 1657, antes de su vuelta a Madrid. Tampoco puede descartarse que fuese realizada por Pedro de Mena con la colaboración y/o supervisión de Cano después de la vuelta de este ultimo de Madrid, a partir de 1660, cuando este se instala en su propio taller en la torre de la catedral de Granada.
 
Falta una de las alas del querubín central.
 
Procedencia: familia aristocrática del sur de España.

Precio salida: 75.000 €

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