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935. EMILIO SÁNCHEZ PERRIER (Sevilla, 1855-Granada, 1907)
Paseo por el río

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15.000 €

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EMILIO SÁNCHEZ PERRIER (Sevilla, 1855-Granada, 1907)
Paseo por el río

Óleo sobre tabla
31,7 x 41, 2 cm
Firmado áng. inf. dcho: E. Sánchez Perrier
 
PROCEDENCIA:
Christie’s Nueva York, 2013.
Adquirido en la subasta anterior por el actual propietario.
 
Pintor y acuarelista español, especializado en paisajes y temas orientalistas. Fue comendador de la orden de Isabel la Católica, miembro de la Sociedad General de Bellas Artes de Francia y de la Academia de Bellas Artes de Sevilla. Comenzó su formación en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal, donde fue discípulo de Joaquín Domínguez Bécquer y de Eduardo Cano, así como de Carlos de Haes en la de San Fernando de Madrid. Posteriormente, se trasladó a París para ampliar sus estudios, allí entró en contacto con la escuela de Barbizon e ingresó en el taller de Auguste Boulard; además, frecuentó los de Jean-Léon Gérôme y Felix Ziem. Acudió con frecuencia a Alcalá de Guadaira (Sevilla) para reunirse con artistas del círculo del pintor Manuel Ussel de Guimbarda y a Granada, donde trabajó junto a Martín Rico. Participó en numerosas exposiciones, fue galardonado con mención de honor en el Salón parisino de 1886, y con medalla de oro en la de Cádiz de 1879. Asimismo obtuvo segunda medalla en la Nacional de 1890 y en la Universal de París de 1889 (Texto extraido del Museo del Prado).
No se poseen referencias geográficas sobre la ubicación de este rincón fluvial que Sánchez Perrier debió de realizar en torno a 1885-1890, aunque la estrechez del cauce podría remitirnos quizás al Rivera de Huelva en Guillena. La naturaleza que ha descrito el pintor posee un fondo de arbolado con cuyo verdor refleja matices cromáticos propios de la estación veraniega. El artista ha plasmado esta vegetación dando un tratamiento preciso y minucioso al ramaje que contrasta perfectamente con los tonos de otros arbustos con distintas intensidades de verdes en su cromatismo.
Como es habitual en sus paisajes fluviales, Sánchez Perrier ha dividido el espacio en dos zonas contrapuestas de izquierda y derecha. En la primera, la frondosidad y altura de la vegetación producen un intenso efecto de sombra que se proyecta sobre las aguas del cauce otorgándoles unos tonos apagados y oscuros. Sin embargo, el espacio de la derecha está abierto a una dilatada lejanía hacia la cual se dirige el agua serpenteando. Esta zona, libre de arbolado, recibe una intensa luz que incide sobre las aguas y produce sobre ellas intensos reflejos plateados.
En el centro de la escena el artista ha situado junto a la orilla una barca con una pareja de campesinos que parecen hombre y mujer. El primero rema con fuerza para alejar la barca de la orilla y situarse en medio del cauce para poder navegar en medio de aguas con mayor profundidad. Esta mínima incidencia de la actividad rural y cotidiana transcurre en medio de una plácida atmósfera en la que leves nubes teñidas de suaves tonos grisáceos y rosados, reflejan la luz del sol que, ya cumplida la tarde, comienza a decaer (Texto extraído de un estudio por Enrique Valdivieso).