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920. JOAQUÍN TORRES-GARCÍA (Montevideo, Uruguay, 1874 - 1949)Rue du Marché au Charbon (Bruselas), 1910

Óleo sobre lienzo.
32 x 49 cm.
Firmado áng.inf.izq.
Escrito en el áng.inf.dcha: “Bruxelles”.
 
PROCEDENCIA:
Colección particular, Barcelona.
Colección particular, Terrassa.
Colección particular, Estados Unidos.
Colección particular.
 
EXPOSICIONES:
Barcelona, Faianç Catalá, “XIII Exposició J. Torres Garcia”, octubre 1910.
Barcelona, Galerias Dalmau, “Exposició de dibuixos y pintures de J. Torres-García”, 20 de enero - 11 de febrero, 1912, no. 50, ill.
Barcelona, Galerias Layetanas, “Exposición Homenaje a Joaquin Torres-García”, 24 de diciembre de 1949 - 6 de enero de 1950, no. 15.
Barcelona, “III Bienal Hispanoamericana del Arte”, septiembre de 1955, no. 2, ill.
 
BIBLIOGRAFÍA:
Joaquín Folch y Torres, "Joaquín Torres García." La Cataluña (February 3, 1912), rep.pág. 64.
Enric Jardí, “Joaquín Torres-García”,  Barcelona, Ed.Polígrafa, 1973, rep.col.pág. 30 y 31, cat.nº. 41.
Adolfo Maslach, “Joaquín Torres-García: sol y luna del arcano”, Caracas: UNESCO, 1998, rep.pág. 124, cat.nº. 25.
Joan Sureda Pons, “Torres-García: Pasión Clásica”, Madrid: Akal Arte Contemporáneo, 1998, rep.pág.88.
Cecilia de Torres, “Joaquín Torres-García. Catalogue raisonné”, www.torresgarcia.com, nº.cat.: 1910.17.
 
1910 es un año importante en la vida de Torres-García. Tras decorar en 1908 la capilla del Santísimo de la iglesia neoclásica de San Agustín de Barcelona, el ábside de la iglesia de La Divina Pastora de Sarriá y unos plafones para el despacho de Pere Corominas en el Ayuntamiento de Barcelona se había ganado una buena reputación como pintor muralista. Por ello, en ese año recibió un importante encargo, la decoración de dos grandes lunetos para el Pabellón uruguayo de la Exposición Universal de Bruselas.
 
El encargo le llegó a través del escritor argentino Roberto J.Payró, que en aquella época vivía en Bruselas y era muy cercano al representante uruguayo, el Dr.Carlos Fein. Roberto Payró había conocido a Torres-García en Barcelona cuando éste dio clases de dibujo al hijo de Payró y así le recomendó al Dr.Fein: “Lástima, que no estemos en Barcelona. Vive allí un decorador uruguayo, realmente notable y que haría maravillas, por tratarse de su patria - Llámelo le dijo Fein - ¿Lo llamo?  -¡Llámelo!”[1]
 
Fein le escribe al presidente Williman en una carta: “he conseguido que se contrate a un distinguido compatriota, pintor decorador, el señor Torres García que ha estudiado en Barcelona, e interpretará los reflejos del terruño con sentimiento. Los panneaux representarán nuestras industrias principales.”[2]
 
El propio Torres comenta en su autobiografía escrita en tercera persona la ilusión que le hizo el viaje a Bruselas junto a su mujer, Manolita Piña-Rubiés: “Salieron Manolita y Torres de Barcelona como pájaros a quienes se abre la jaula- y perdónese esta comparación pajaril, en gracia de lo justo, aunque sea poco respetuosa- porque el ambiente de Barcelona ya les aplastaba, ansiaban ver otras tierras, otras gentes, algo que presentía que no estaba allí (y que más tarde confirmarían) y además, olvidar un largo calvario sufrido en silencio, demasiado reciente y que lastimaba aún. ¡Y sobre todo, sentirse libres!.”[3]
 
Así, Torres-García y su mujer, tras pasar por Paris, llegaron a Bruselas y se instalaron en la misma pensión que vivián los Payró, con los que hicieron una gran amistad. El artista montó su estudio en un desván sobre un establo de la Chausée de Waterloo. Allí se dedicó a pintar sobre lienzo los dos grandes lunetos para el Pabellón uruguayo, una alegoría de la Ganadería y otra de la Agricultura, las dos principales fuentes de riqueza de Uruguay en aquella época. Ambos de gusto clasicista, con figuras femeninas y masculinas semidesnudas en un ambiente bucólico.
 
Pese a que también tuvo momentos malos debido al frio intenso del país y que sufrió de ciática, Torres recuerda así su estancia en Bruselas: “¡De todo hay y abunda! Tabacos de todas clases, en lujosísimas tiendas - casas donde venden pescados como ballenas - otras donde venden caza y se ven ciervos, gamos y jabalíes, allí colgados- salchicherías, hay que imaginarse que cosa fantástica - y así... La vida material es pantagruélica: se bebe de continuo, y buen chocolate y buena cerveza, ¡el cuerpo está regalado! Quieran o no, los Torres van a engordar, porque ¡la cosa es contagiosa! ¡Allí se vive! Todo esto, trae buen humor, optimismo. Por esto los belgas son muy hospitalarios y buenos amigos- y sobre todo - si se tiene estómago fuerte para todo.”[4]
 
Además de trabajar en los lunetos del Pabellón uruguayo de la Exposición Universal (inaugurado el 8 de julio de 1910), Torres-García también tuvo tiempo para realizar algunas pinturas de paisaje urbano como el lienzo que presentamos, “Rue du Marché au Charbon (Bruselas)”. A diferencia de los lunetos del Pabellón, de ese estilo clasicista y bucólico tan demandado en la época, las vistas de Bruselas nos muestran a un Torres mucho más libre.
 
Al no tener que complacer a ninguno de sus patrones burgueses con temáticas impuestas, en estas obras puede mostrar algunos lugares de la ciudad tal y como los veía, recreándose en captar el momento. Son pinturas en las que la arquitectura se impone sobre las figuras humanas, que raramente aparecen y si lo hacen suelen ser manchas borrosas. El estilo es suelto y abundan los tonos ocres con líneas negras muy marcadas, algo que será característico de su obra posterior. En el caso de esta obra, es curioso la comparativa con otra pintura que hizo Torres del mismo lugar 35 años después, en 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Pese al tiempo transcurrido y la guerra, parece que nada ha cambiado. Incluso el gran cartel resiste inalterable al paso del tiempo.
 
Joaquín Torres-García (Montevideo, Uruguay, 1874-1949) es internacionalmente reconocido como uno de los grandes creadores de la primera mitad del s.XX.
Artista multidisciplinar, destacó en la pintura, el dibujo y la escultura. También realizó diseños de juguetes, vidrieras y mobiliario; creó anuncios publicitarios e ilustró libros. Muy importante también fue su labor como teórico del arte y docente. Escribió numerosos libros y ensayos, de los cuales el más destacado fue Universalismo Constructivo (1944) y editó varias revistas como Círculo y cuadrado.
Como docente fundó en 1934 en Montevideo la Asociación de Arte Constructivo (AAC) y posteriormente el Taller Torres García, que dio origen a la denominada “Escuela del Sur”, influyendo en futuras generaciones de artistas de su país.
Nacido en Montevideo de padre emigrante catalán y madre uruguaya, en su vida tuvo que luchar por la supervivencia y el reconocimiento de su arte, lo que le llevó a residir en numerosos lugares del mundo: Barcelona, Nueva York, Italia, Francia, Madrid y finalmente Montevideo.
 
 
[1] Joaquín Torres García, “Historia de mi vida”, Montevideo, Arca, 2000. p.72.
[2] Didier Calvar, “La Exposición Universal de Bruselas (1910): Una Vidriera Para los Logros del Batllismo”, Revista Encuentros Uruguayos, Vol.XIV, nº2, diciembre 2021, pág.18
[3] Joaquín Torres García, op. cit. p. 73
[4] Ibídem, p. 74

Precio salida

10.000 €

920. JOAQUÍN TORRES-GARCÍA (Montevideo, Uruguay, 1874 - 1949)Rue du Marché au Charbon (Bruselas), 1910

Óleo sobre lienzo.
32 x 49 cm.
Firmado áng.inf.izq.
Escrito en el áng.inf.dcha: “Bruxelles”.
 
PROCEDENCIA:
Colección particular, Barcelona.
Colección particular, Terrassa.
Colección particular, Estados Unidos.
Colección particular.
 
EXPOSICIONES:
Barcelona, Faianç Catalá, “XIII Exposició J. Torres Garcia”, octubre 1910.
Barcelona, Galerias Dalmau, “Exposició de dibuixos y pintures de J. Torres-García”, 20 de enero - 11 de febrero, 1912, no. 50, ill.
Barcelona, Galerias Layetanas, “Exposición Homenaje a Joaquin Torres-García”, 24 de diciembre de 1949 - 6 de enero de 1950, no. 15.
Barcelona, “III Bienal Hispanoamericana del Arte”, septiembre de 1955, no. 2, ill.
 
BIBLIOGRAFÍA:
Joaquín Folch y Torres, "Joaquín Torres García." La Cataluña (February 3, 1912), rep.pág. 64.
Enric Jardí, “Joaquín Torres-García”,  Barcelona, Ed.Polígrafa, 1973, rep.col.pág. 30 y 31, cat.nº. 41.
Adolfo Maslach, “Joaquín Torres-García: sol y luna del arcano”, Caracas: UNESCO, 1998, rep.pág. 124, cat.nº. 25.
Joan Sureda Pons, “Torres-García: Pasión Clásica”, Madrid: Akal Arte Contemporáneo, 1998, rep.pág.88.
Cecilia de Torres, “Joaquín Torres-García. Catalogue raisonné”, www.torresgarcia.com, nº.cat.: 1910.17.
 
1910 es un año importante en la vida de Torres-García. Tras decorar en 1908 la capilla del Santísimo de la iglesia neoclásica de San Agustín de Barcelona, el ábside de la iglesia de La Divina Pastora de Sarriá y unos plafones para el despacho de Pere Corominas en el Ayuntamiento de Barcelona se había ganado una buena reputación como pintor muralista. Por ello, en ese año recibió un importante encargo, la decoración de dos grandes lunetos para el Pabellón uruguayo de la Exposición Universal de Bruselas.
 
El encargo le llegó a través del escritor argentino Roberto J.Payró, que en aquella época vivía en Bruselas y era muy cercano al representante uruguayo, el Dr.Carlos Fein. Roberto Payró había conocido a Torres-García en Barcelona cuando éste dio clases de dibujo al hijo de Payró y así le recomendó al Dr.Fein: “Lástima, que no estemos en Barcelona. Vive allí un decorador uruguayo, realmente notable y que haría maravillas, por tratarse de su patria - Llámelo le dijo Fein - ¿Lo llamo?  -¡Llámelo!”[1]
 
Fein le escribe al presidente Williman en una carta: “he conseguido que se contrate a un distinguido compatriota, pintor decorador, el señor Torres García que ha estudiado en Barcelona, e interpretará los reflejos del terruño con sentimiento. Los panneaux representarán nuestras industrias principales.”[2]
 
El propio Torres comenta en su autobiografía escrita en tercera persona la ilusión que le hizo el viaje a Bruselas junto a su mujer, Manolita Piña-Rubiés: “Salieron Manolita y Torres de Barcelona como pájaros a quienes se abre la jaula- y perdónese esta comparación pajaril, en gracia de lo justo, aunque sea poco respetuosa- porque el ambiente de Barcelona ya les aplastaba, ansiaban ver otras tierras, otras gentes, algo que presentía que no estaba allí (y que más tarde confirmarían) y además, olvidar un largo calvario sufrido en silencio, demasiado reciente y que lastimaba aún. ¡Y sobre todo, sentirse libres!.”[3]
 
Así, Torres-García y su mujer, tras pasar por Paris, llegaron a Bruselas y se instalaron en la misma pensión que vivián los Payró, con los que hicieron una gran amistad. El artista montó su estudio en un desván sobre un establo de la Chausée de Waterloo. Allí se dedicó a pintar sobre lienzo los dos grandes lunetos para el Pabellón uruguayo, una alegoría de la Ganadería y otra de la Agricultura, las dos principales fuentes de riqueza de Uruguay en aquella época. Ambos de gusto clasicista, con figuras femeninas y masculinas semidesnudas en un ambiente bucólico.
 
Pese a que también tuvo momentos malos debido al frio intenso del país y que sufrió de ciática, Torres recuerda así su estancia en Bruselas: “¡De todo hay y abunda! Tabacos de todas clases, en lujosísimas tiendas - casas donde venden pescados como ballenas - otras donde venden caza y se ven ciervos, gamos y jabalíes, allí colgados- salchicherías, hay que imaginarse que cosa fantástica - y así... La vida material es pantagruélica: se bebe de continuo, y buen chocolate y buena cerveza, ¡el cuerpo está regalado! Quieran o no, los Torres van a engordar, porque ¡la cosa es contagiosa! ¡Allí se vive! Todo esto, trae buen humor, optimismo. Por esto los belgas son muy hospitalarios y buenos amigos- y sobre todo - si se tiene estómago fuerte para todo.”[4]
 
Además de trabajar en los lunetos del Pabellón uruguayo de la Exposición Universal (inaugurado el 8 de julio de 1910), Torres-García también tuvo tiempo para realizar algunas pinturas de paisaje urbano como el lienzo que presentamos, “Rue du Marché au Charbon (Bruselas)”. A diferencia de los lunetos del Pabellón, de ese estilo clasicista y bucólico tan demandado en la época, las vistas de Bruselas nos muestran a un Torres mucho más libre.
 
Al no tener que complacer a ninguno de sus patrones burgueses con temáticas impuestas, en estas obras puede mostrar algunos lugares de la ciudad tal y como los veía, recreándose en captar el momento. Son pinturas en las que la arquitectura se impone sobre las figuras humanas, que raramente aparecen y si lo hacen suelen ser manchas borrosas. El estilo es suelto y abundan los tonos ocres con líneas negras muy marcadas, algo que será característico de su obra posterior. En el caso de esta obra, es curioso la comparativa con otra pintura que hizo Torres del mismo lugar 35 años después, en 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Pese al tiempo transcurrido y la guerra, parece que nada ha cambiado. Incluso el gran cartel resiste inalterable al paso del tiempo.
 
Joaquín Torres-García (Montevideo, Uruguay, 1874-1949) es internacionalmente reconocido como uno de los grandes creadores de la primera mitad del s.XX.
Artista multidisciplinar, destacó en la pintura, el dibujo y la escultura. También realizó diseños de juguetes, vidrieras y mobiliario; creó anuncios publicitarios e ilustró libros. Muy importante también fue su labor como teórico del arte y docente. Escribió numerosos libros y ensayos, de los cuales el más destacado fue Universalismo Constructivo (1944) y editó varias revistas como Círculo y cuadrado.
Como docente fundó en 1934 en Montevideo la Asociación de Arte Constructivo (AAC) y posteriormente el Taller Torres García, que dio origen a la denominada “Escuela del Sur”, influyendo en futuras generaciones de artistas de su país.
Nacido en Montevideo de padre emigrante catalán y madre uruguaya, en su vida tuvo que luchar por la supervivencia y el reconocimiento de su arte, lo que le llevó a residir en numerosos lugares del mundo: Barcelona, Nueva York, Italia, Francia, Madrid y finalmente Montevideo.
 
 
[1] Joaquín Torres García, “Historia de mi vida”, Montevideo, Arca, 2000. p.72.
[2] Didier Calvar, “La Exposición Universal de Bruselas (1910): Una Vidriera Para los Logros del Batllismo”, Revista Encuentros Uruguayos, Vol.XIV, nº2, diciembre 2021, pág.18
[3] Joaquín Torres García, op. cit. p. 73
[4] Ibídem, p. 74

Precio salida: 10.000 €

921. PABLO GARGALLO (Maella, Zaragoza, 1881-Reus, Tarragona, 1934)Petite bacchante sans feuille

Bronce
17,4 x 19,5 x 9 cm.
Firma inscrita.
Sin numerar.
Esta obra, concebida en 1932, es una primera fundición sin numerar realizada en tiempos del artista y se acompaña de un certificado de autenticidad firmado por Camille Anguera, bisnieta del artista, el 9 de junio de 2024.
PROCEDENCIA:
Galería Paco Rebes, Barcelona.
Colección particular, Francia.
Colección particular, Barcelona.
BIBLIOGRAFÍA:
Pierre Courthion, “L'oeuvre complet de Pablo Gargallo”,  Ed. XX siècle.,1973, rep.pág.150. (alguno de los ejemplares).
Pierrette Gargallo-Anguera, "Pablo Gargallo. Catalogue raisonné", Les Éditions de L'amateur, 1998., nº194.(alguno de los ejemplares). 
 
Las obras que realizó Pablo Gargallo en la década de los 30, antes de su temprana muerte por neumonía en 1934, son seguramente las más reconocidas del escultor. Esta etapa es conocida como la “época del hierro”, ya que, gracias a su amigo Julio González, Gargallo aprendió la técnica de la soldadura y a partir de 1929 comenzó a trabajar el hierro, material con el que realizó numerosas esculturas, en chapa y en plancha. Algunas de las más conocidas son: “Greta Garbo con mechón” (1930) y “Greta Garbo con pestañas” (1930-31), “Gran bacante” (1931), “Urano” (1933) y sobre todo “El gran profeta” (1933).
 
“Pequeña bacante sin hoja” (1932) es la culminación de una serie de obras con la temática del desnudo femenino que insinúa el cambio formal del artista hacia una mayor abstracción y síntesis. Dicho cambio se truncó debido a su muerte prematura. De esta obra se realizó primero una primera versión titulada “Pequeña bacante con hoja” (1932) y posteriormente decidió suprimir la hoja, lo que indica que Gargallo quería escapar de toda referencia figurativa.
 
Al igual que en otras esculturas como: “Gran bacante”, “Pequeña bacante” o “Pequeña bacante reclinada”, esta obra comparte con las anteriores la postura, consistente en una figura reclinada con un brazo en alto y otro, que en este caso ha desaparecido, apoyado. Aquí, Gargallo elimina casi por completo toda referencia figurativa y solo gracias a la curvatura de la cadera y dos círculos que hacen referencia al ombligo y a un pecho, intuimos que es un cuerpo femenino. Las formas se transforman en círculos, curvas y líneas. La pierna derecha es un plano semicircular y la izquierda se sustituye casi por completo por un vacío que el espectador ha de completar visualmente. Los pechos se transforman en un círculo lleno y otro vacío y la cabeza desaparece o se mimetiza con el brazo izquierdo que termina en una especie de cabellos ondulados. Hay un perfecto equilibrio visual entre el hueco ovalado inferior de la pierna, la parte central llena y el vacío oval que forma el contorno del brazo izquierdo terminado en cabellos. Como indica Arturo Gómez Sánchez: “En el desarrollo de esta pieza, desde un extremo al otro, vemos cómo las formas, los volúmenes, se integran orgánicamente unos con otros, manteniendo y formando una continuidad y un ritmo. Estos volúmenes nos hablan de un crecimiento interior de la forma.”[1]
 
Según indica Camille Anguera, bisnieta del artista, en su certificado, la presente obra es una primera fundición de la obra firmada, pero sin numerar, realizada por Gargallo en vida, previa a la edición numerada.
 
1 Arturo Gómez Sánchez, “La pequeña bacante sin hoja, de Pablo Gargallo: una definición de espacio”, Centro de Estudios Locales de Andorra, en: https://www.celandigital.com/images/pdfs/12_rev_andorra/estudios/la_pequena_bacante_pablo_gargallo.pdf
 
 
 
[1] Arturo Gómez Sánchez, “La pequeña bacante sin hoja, de Pablo Gargallo: una definición de espacio”, Centro de Estudios Locales de Andorra, en: https://www.celandigital.com/images/pdfs/12_rev_andorra/estudios/la_pequena_bacante_pablo_gargallo.pdf

Precio salida

15.000 €

921. PABLO GARGALLO (Maella, Zaragoza, 1881-Reus, Tarragona, 1934)Petite bacchante sans feuille

Bronce
17,4 x 19,5 x 9 cm.
Firma inscrita.
Sin numerar.
Esta obra, concebida en 1932, es una primera fundición sin numerar realizada en tiempos del artista y se acompaña de un certificado de autenticidad firmado por Camille Anguera, bisnieta del artista, el 9 de junio de 2024.
PROCEDENCIA:
Galería Paco Rebes, Barcelona.
Colección particular, Francia.
Colección particular, Barcelona.
BIBLIOGRAFÍA:
Pierre Courthion, “L'oeuvre complet de Pablo Gargallo”,  Ed. XX siècle.,1973, rep.pág.150. (alguno de los ejemplares).
Pierrette Gargallo-Anguera, "Pablo Gargallo. Catalogue raisonné", Les Éditions de L'amateur, 1998., nº194.(alguno de los ejemplares). 
 
Las obras que realizó Pablo Gargallo en la década de los 30, antes de su temprana muerte por neumonía en 1934, son seguramente las más reconocidas del escultor. Esta etapa es conocida como la “época del hierro”, ya que, gracias a su amigo Julio González, Gargallo aprendió la técnica de la soldadura y a partir de 1929 comenzó a trabajar el hierro, material con el que realizó numerosas esculturas, en chapa y en plancha. Algunas de las más conocidas son: “Greta Garbo con mechón” (1930) y “Greta Garbo con pestañas” (1930-31), “Gran bacante” (1931), “Urano” (1933) y sobre todo “El gran profeta” (1933).
 
“Pequeña bacante sin hoja” (1932) es la culminación de una serie de obras con la temática del desnudo femenino que insinúa el cambio formal del artista hacia una mayor abstracción y síntesis. Dicho cambio se truncó debido a su muerte prematura. De esta obra se realizó primero una primera versión titulada “Pequeña bacante con hoja” (1932) y posteriormente decidió suprimir la hoja, lo que indica que Gargallo quería escapar de toda referencia figurativa.
 
Al igual que en otras esculturas como: “Gran bacante”, “Pequeña bacante” o “Pequeña bacante reclinada”, esta obra comparte con las anteriores la postura, consistente en una figura reclinada con un brazo en alto y otro, que en este caso ha desaparecido, apoyado. Aquí, Gargallo elimina casi por completo toda referencia figurativa y solo gracias a la curvatura de la cadera y dos círculos que hacen referencia al ombligo y a un pecho, intuimos que es un cuerpo femenino. Las formas se transforman en círculos, curvas y líneas. La pierna derecha es un plano semicircular y la izquierda se sustituye casi por completo por un vacío que el espectador ha de completar visualmente. Los pechos se transforman en un círculo lleno y otro vacío y la cabeza desaparece o se mimetiza con el brazo izquierdo que termina en una especie de cabellos ondulados. Hay un perfecto equilibrio visual entre el hueco ovalado inferior de la pierna, la parte central llena y el vacío oval que forma el contorno del brazo izquierdo terminado en cabellos. Como indica Arturo Gómez Sánchez: “En el desarrollo de esta pieza, desde un extremo al otro, vemos cómo las formas, los volúmenes, se integran orgánicamente unos con otros, manteniendo y formando una continuidad y un ritmo. Estos volúmenes nos hablan de un crecimiento interior de la forma.”[1]
 
Según indica Camille Anguera, bisnieta del artista, en su certificado, la presente obra es una primera fundición de la obra firmada, pero sin numerar, realizada por Gargallo en vida, previa a la edición numerada.
 
1 Arturo Gómez Sánchez, “La pequeña bacante sin hoja, de Pablo Gargallo: una definición de espacio”, Centro de Estudios Locales de Andorra, en: https://www.celandigital.com/images/pdfs/12_rev_andorra/estudios/la_pequena_bacante_pablo_gargallo.pdf
 
 
 
[1] Arturo Gómez Sánchez, “La pequeña bacante sin hoja, de Pablo Gargallo: una definición de espacio”, Centro de Estudios Locales de Andorra, en: https://www.celandigital.com/images/pdfs/12_rev_andorra/estudios/la_pequena_bacante_pablo_gargallo.pdf

Precio salida: 15.000 €

923. IGOR MITORAJ (Oederan, 1944 - París, 2014) Grepol nero, 2001

Bronce con pátina color marrón.
109 x 63 x 35 cm.
Firma y numeración inscrita: 1/8.
Esta obra se acompaña de un certificado emitido por la Galería Joan Gaspar, Barcelona el 1 de junio de 2011.
PROCEDENCIA:
Galería Joan Gaspar, Barcelona.
Colección particular.
 
Igor Mitoraj nació en Oederan (actual Alemania) el 26 de marzo de 1944. Sus padres se conocieron en trágicas circunstancias en la Alemania nazi. Su madre era polaca y fue deportada a Alemania y su padre, oficial de la legión francesa, internado como prisionero de guerra. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial su madre se trasladó a Polonia, a casa de sus padres. Allí Mitoraj pasó su infancia y juventud y en 1963 inició sus estudios de pintura en la Escuela de Arte y en la Academia de Bellas Artes de Cracovia con Tadeusk Kantor, quien, alejado del gusto oficial comunista, le dio a conocer artistas contemporáneos como Andy Warhol, Lichtenstein, Yves Klein, etc…
Tras algunas exposiciones colectivas y una individual de pintura en 1967 en la Galería Krzysztofory, se trasladó en 1968 a París para continuar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes.
 
En 1974 viajó a México y allí cambió la pintura por la escultura. Un año después volvió a París donde realizó varias exposiciones importantes, especialmente la de la Galería La Hune en 1976, solo con escultura. También viajó regularmente a Italia y Grecia para estudiar la escultura clásica. En 1979 viajó a Carrara, donde empezó a trabajar principalmente con mármol, sin dejar de trabajar en terracota y bronce. En 1983 instaló su estudio en Pietrasanta, Italia. En 1986 participó en la Bienal de Venecia como invitado especial y tuvo importantes exposiciones individuales en Milán (1987) y Nueva York (Academia de Arte de Nueva York, 1989). En los años siguientes, las obras de Mitoraj se exhibieron en numerosas exposiciones individuales y colectivas, incluyendo importantes museos internacionales. Simultáneamente, recibió encargos públicos de esculturas monumentales para exhibirlas en importantes ciudades: Londres en el Museo Británico, París en La Défense, Atlanta y Tokio. En Italia, sus obras se expusieron en Florencia, en el Museo Uffizi y en el Jardín de Bóboli, en Roma y Milán, etc…
 
En 2001, el presidente italiano le otorgó a Mitoraj el “Premio Vittorio de Sica”. En 2002 y 2006, preparó los diseños de escenografía y vestuario para la producción de Manon Lescaut y Tosca de Puccini durante el Festival Puccini en Torre del Lago (Viareggio, Italia). Sus obras monumentales “Dea Roma” y las puertas de la iglesia de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri se instalaron en Roma en 2003 y 2006, respectivamente. En 2004, sus esculturas monumentales se exhibieron en los Jardines de las Tullerías en París, en el Mercado de Trajano en Roma y en el Palacio Real de Varsovia. Al año siguiente, sus obras se exhibieron en toda la ciudad de Venecia para la exposición “Mitoraj a Venezia”.
En 2009 completó dos grandes proyectos, los diseños de escenarios y vestuario para la producción de Aida de Verdi en el Jardín de Boboli en Florencia, y las puertas monumentales para la iglesia jesuita en Varsovia. En 2011, las esculturas de Mitoraj se exhibieron en el Valle dei Templi en Agrigento (Sicilia, Italia) y en el Museo Arqueológico de Sarteano (Toscana, Italia). Al año siguiente, sus obras se mostraron en Ravello (Italia), en la Capilla de Villa Rufolo y en el Auditorio Oscar Niemeyer. En 2013 celebró el centenario de la Fundación Arena di Verona con los diseños de escenarios para la Messa da Requiem de Verdi. En 2014, sus obras se expusieron en la Piazza dei Miracoli y el Museo de Pisa, con motivo del 950.º aniversario de la fundación de la Catedral.
Igor Mitoraj falleció en París el 6 de octubre de 2014 pero sus obras monumentales se siguen exhibiendo hoy en día en numerosos países de todo el mundo.
 
La obra de Mitoraj aúna el gusto por la armonía, la proporción, el equilibrio y la belleza idealizada de la tradición clásica con una visión crítica más contemporánea.
La presente obra, “Grepol nero” de 2001, muestra el majestuoso torso fragmentado de un guerrero de la antigüedad, evocando los restos de esculturas griegas y romanas halladas en las excavaciones arqueológicas. Sin embargo, a diferencia de las esculturas clásicas, Mitoraj no busca una belleza plácida, una oda a héroes antiguos. A través de esta imagen, que parece rescatada de tiempos remotos, Mitoraj nos hace reflexionar sobre el devenir del tiempo, el abandono y la fragilidad humana.
 
Se podría decir que Mitoraj hace creíble el clasicismo al presentarlo como una verdad devastada: el momento de lo geométrico, ilógico en sus figuras, es su epítome. También puede decirse que sus obras son tanto “objetos inquietos” altamente modernos, en el sentido que le da Harold Rosenberg al término -”objetos de arte... carentes de cierta identidad clásica”-, como objetos inquietos clásicos, carentes de una identidad moderna segura. Son extraordinarias “formaciones de compromiso”: sueños que expresan un anhelo de integridad y plenitud clásicas, distorsionados por la aparente imposibilidad de la plenitud y la realidad de la desintegración interna de la modernidad. (Donald Kuspit, “L’integrità classica nella condizione della moderna perdita dell’integrità”, 1991).
 
 

Precio salida

110.000 €

923. IGOR MITORAJ (Oederan, 1944 - París, 2014) Grepol nero, 2001

Bronce con pátina color marrón.
109 x 63 x 35 cm.
Firma y numeración inscrita: 1/8.
Esta obra se acompaña de un certificado emitido por la Galería Joan Gaspar, Barcelona el 1 de junio de 2011.
PROCEDENCIA:
Galería Joan Gaspar, Barcelona.
Colección particular.
 
Igor Mitoraj nació en Oederan (actual Alemania) el 26 de marzo de 1944. Sus padres se conocieron en trágicas circunstancias en la Alemania nazi. Su madre era polaca y fue deportada a Alemania y su padre, oficial de la legión francesa, internado como prisionero de guerra. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial su madre se trasladó a Polonia, a casa de sus padres. Allí Mitoraj pasó su infancia y juventud y en 1963 inició sus estudios de pintura en la Escuela de Arte y en la Academia de Bellas Artes de Cracovia con Tadeusk Kantor, quien, alejado del gusto oficial comunista, le dio a conocer artistas contemporáneos como Andy Warhol, Lichtenstein, Yves Klein, etc…
Tras algunas exposiciones colectivas y una individual de pintura en 1967 en la Galería Krzysztofory, se trasladó en 1968 a París para continuar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes.
 
En 1974 viajó a México y allí cambió la pintura por la escultura. Un año después volvió a París donde realizó varias exposiciones importantes, especialmente la de la Galería La Hune en 1976, solo con escultura. También viajó regularmente a Italia y Grecia para estudiar la escultura clásica. En 1979 viajó a Carrara, donde empezó a trabajar principalmente con mármol, sin dejar de trabajar en terracota y bronce. En 1983 instaló su estudio en Pietrasanta, Italia. En 1986 participó en la Bienal de Venecia como invitado especial y tuvo importantes exposiciones individuales en Milán (1987) y Nueva York (Academia de Arte de Nueva York, 1989). En los años siguientes, las obras de Mitoraj se exhibieron en numerosas exposiciones individuales y colectivas, incluyendo importantes museos internacionales. Simultáneamente, recibió encargos públicos de esculturas monumentales para exhibirlas en importantes ciudades: Londres en el Museo Británico, París en La Défense, Atlanta y Tokio. En Italia, sus obras se expusieron en Florencia, en el Museo Uffizi y en el Jardín de Bóboli, en Roma y Milán, etc…
 
En 2001, el presidente italiano le otorgó a Mitoraj el “Premio Vittorio de Sica”. En 2002 y 2006, preparó los diseños de escenografía y vestuario para la producción de Manon Lescaut y Tosca de Puccini durante el Festival Puccini en Torre del Lago (Viareggio, Italia). Sus obras monumentales “Dea Roma” y las puertas de la iglesia de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri se instalaron en Roma en 2003 y 2006, respectivamente. En 2004, sus esculturas monumentales se exhibieron en los Jardines de las Tullerías en París, en el Mercado de Trajano en Roma y en el Palacio Real de Varsovia. Al año siguiente, sus obras se exhibieron en toda la ciudad de Venecia para la exposición “Mitoraj a Venezia”.
En 2009 completó dos grandes proyectos, los diseños de escenarios y vestuario para la producción de Aida de Verdi en el Jardín de Boboli en Florencia, y las puertas monumentales para la iglesia jesuita en Varsovia. En 2011, las esculturas de Mitoraj se exhibieron en el Valle dei Templi en Agrigento (Sicilia, Italia) y en el Museo Arqueológico de Sarteano (Toscana, Italia). Al año siguiente, sus obras se mostraron en Ravello (Italia), en la Capilla de Villa Rufolo y en el Auditorio Oscar Niemeyer. En 2013 celebró el centenario de la Fundación Arena di Verona con los diseños de escenarios para la Messa da Requiem de Verdi. En 2014, sus obras se expusieron en la Piazza dei Miracoli y el Museo de Pisa, con motivo del 950.º aniversario de la fundación de la Catedral.
Igor Mitoraj falleció en París el 6 de octubre de 2014 pero sus obras monumentales se siguen exhibiendo hoy en día en numerosos países de todo el mundo.
 
La obra de Mitoraj aúna el gusto por la armonía, la proporción, el equilibrio y la belleza idealizada de la tradición clásica con una visión crítica más contemporánea.
La presente obra, “Grepol nero” de 2001, muestra el majestuoso torso fragmentado de un guerrero de la antigüedad, evocando los restos de esculturas griegas y romanas halladas en las excavaciones arqueológicas. Sin embargo, a diferencia de las esculturas clásicas, Mitoraj no busca una belleza plácida, una oda a héroes antiguos. A través de esta imagen, que parece rescatada de tiempos remotos, Mitoraj nos hace reflexionar sobre el devenir del tiempo, el abandono y la fragilidad humana.
 
Se podría decir que Mitoraj hace creíble el clasicismo al presentarlo como una verdad devastada: el momento de lo geométrico, ilógico en sus figuras, es su epítome. También puede decirse que sus obras son tanto “objetos inquietos” altamente modernos, en el sentido que le da Harold Rosenberg al término -”objetos de arte... carentes de cierta identidad clásica”-, como objetos inquietos clásicos, carentes de una identidad moderna segura. Son extraordinarias “formaciones de compromiso”: sueños que expresan un anhelo de integridad y plenitud clásicas, distorsionados por la aparente imposibilidad de la plenitud y la realidad de la desintegración interna de la modernidad. (Donald Kuspit, “L’integrità classica nella condizione della moderna perdita dell’integrità”, 1991).
 
 

Precio salida: 110.000 €

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