Óleo sobre lienzo.
32 x 49 cm.
Firmado áng.inf.izq.
Escrito en el áng.inf.dcha: “Bruxelles”.
PROCEDENCIA:
Colección particular, Barcelona.
Colección particular, Terrassa.
Colección particular, Estados Unidos.
Colección particular.
EXPOSICIONES:
Barcelona, Faianç Catalá, “XIII Exposició J. Torres Garcia”, octubre 1910.
Barcelona, Galerias Dalmau, “Exposició de dibuixos y pintures de J. Torres-García”, 20 de enero - 11 de febrero, 1912, no. 50, ill.
Barcelona, Galerias Layetanas, “Exposición Homenaje a Joaquin Torres-García”, 24 de diciembre de 1949 - 6 de enero de 1950, no. 15.
Barcelona, “III Bienal Hispanoamericana del Arte”, septiembre de 1955, no. 2, ill.
BIBLIOGRAFÍA:
Joaquín Folch y Torres, "Joaquín Torres García." La Cataluña (February 3, 1912), rep.pág. 64.
Enric Jardí, “Joaquín Torres-García”, Barcelona, Ed.Polígrafa, 1973, rep.col.pág. 30 y 31, cat.nº. 41.
Adolfo Maslach, “Joaquín Torres-García: sol y luna del arcano”, Caracas: UNESCO, 1998, rep.pág. 124, cat.nº. 25.
Joan Sureda Pons, “Torres-García: Pasión Clásica”, Madrid: Akal Arte Contemporáneo, 1998, rep.pág.88.
Cecilia de Torres, “Joaquín Torres-García. Catalogue raisonné”, www.torresgarcia.com, nº.cat.: 1910.17.
1910 es un año importante en la vida de Torres-García. Tras decorar en 1908 la capilla del Santísimo de la iglesia neoclásica de San Agustín de Barcelona, el ábside de la iglesia de La Divina Pastora de Sarriá y unos plafones para el despacho de Pere Corominas en el Ayuntamiento de Barcelona se había ganado una buena reputación como pintor muralista. Por ello, en ese año recibió un importante encargo, la decoración de dos grandes lunetos para el Pabellón uruguayo de la Exposición Universal de Bruselas.
El encargo le llegó a través del escritor argentino Roberto J.Payró, que en aquella época vivía en Bruselas y era muy cercano al representante uruguayo, el Dr.Carlos Fein. Roberto Payró había conocido a Torres-García en Barcelona cuando éste dio clases de dibujo al hijo de Payró y así le recomendó al Dr.Fein: “Lástima, que no estemos en Barcelona. Vive allí un decorador uruguayo, realmente notable y que haría maravillas, por tratarse de su patria - Llámelo le dijo Fein - ¿Lo llamo? -¡Llámelo!”[1]
Fein le escribe al presidente Williman en una carta: “he conseguido que se contrate a un distinguido compatriota, pintor decorador, el señor Torres García que ha estudiado en Barcelona, e interpretará los reflejos del terruño con sentimiento. Los panneaux representarán nuestras industrias principales.”[2]
El propio Torres comenta en su autobiografía escrita en tercera persona la ilusión que le hizo el viaje a Bruselas junto a su mujer, Manolita Piña-Rubiés: “Salieron Manolita y Torres de Barcelona como pájaros a quienes se abre la jaula- y perdónese esta comparación pajaril, en gracia de lo justo, aunque sea poco respetuosa- porque el ambiente de Barcelona ya les aplastaba, ansiaban ver otras tierras, otras gentes, algo que presentía que no estaba allí (y que más tarde confirmarían) y además, olvidar un largo calvario sufrido en silencio, demasiado reciente y que lastimaba aún. ¡Y sobre todo, sentirse libres!.”[3]
Así, Torres-García y su mujer, tras pasar por Paris, llegaron a Bruselas y se instalaron en la misma pensión que vivián los Payró, con los que hicieron una gran amistad. El artista montó su estudio en un desván sobre un establo de la Chausée de Waterloo. Allí se dedicó a pintar sobre lienzo los dos grandes lunetos para el Pabellón uruguayo, una alegoría de la Ganadería y otra de la Agricultura, las dos principales fuentes de riqueza de Uruguay en aquella época. Ambos de gusto clasicista, con figuras femeninas y masculinas semidesnudas en un ambiente bucólico.
Pese a que también tuvo momentos malos debido al frio intenso del país y que sufrió de ciática, Torres recuerda así su estancia en Bruselas: “¡De todo hay y abunda! Tabacos de todas clases, en lujosísimas tiendas - casas donde venden pescados como ballenas - otras donde venden caza y se ven ciervos, gamos y jabalíes, allí colgados- salchicherías, hay que imaginarse que cosa fantástica - y así... La vida material es pantagruélica: se bebe de continuo, y buen chocolate y buena cerveza, ¡el cuerpo está regalado! Quieran o no, los Torres van a engordar, porque ¡la cosa es contagiosa! ¡Allí se vive! Todo esto, trae buen humor, optimismo. Por esto los belgas son muy hospitalarios y buenos amigos- y sobre todo - si se tiene estómago fuerte para todo.”[4]
Además de trabajar en los lunetos del Pabellón uruguayo de la Exposición Universal (inaugurado el 8 de julio de 1910), Torres-García también tuvo tiempo para realizar algunas pinturas de paisaje urbano como el lienzo que presentamos, “Rue du Marché au Charbon (Bruselas)”. A diferencia de los lunetos del Pabellón, de ese estilo clasicista y bucólico tan demandado en la época, las vistas de Bruselas nos muestran a un Torres mucho más libre.
Al no tener que complacer a ninguno de sus patrones burgueses con temáticas impuestas, en estas obras puede mostrar algunos lugares de la ciudad tal y como los veía, recreándose en captar el momento. Son pinturas en las que la arquitectura se impone sobre las figuras humanas, que raramente aparecen y si lo hacen suelen ser manchas borrosas. El estilo es suelto y abundan los tonos ocres con líneas negras muy marcadas, algo que será característico de su obra posterior. En el caso de esta obra, es curioso la comparativa con otra pintura que hizo Torres del mismo lugar 35 años después, en 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Pese al tiempo transcurrido y la guerra, parece que nada ha cambiado. Incluso el gran cartel resiste inalterable al paso del tiempo.
Joaquín Torres-García (Montevideo, Uruguay, 1874-1949) es internacionalmente reconocido como uno de los grandes creadores de la primera mitad del s.XX.
Artista multidisciplinar, destacó en la pintura, el dibujo y la escultura. También realizó diseños de juguetes, vidrieras y mobiliario; creó anuncios publicitarios e ilustró libros. Muy importante también fue su labor como teórico del arte y docente. Escribió numerosos libros y ensayos, de los cuales el más destacado fue Universalismo Constructivo (1944) y editó varias revistas como Círculo y cuadrado.
Como docente fundó en 1934 en Montevideo la Asociación de Arte Constructivo (AAC) y posteriormente el Taller Torres García, que dio origen a la denominada “Escuela del Sur”, influyendo en futuras generaciones de artistas de su país.
Nacido en Montevideo de padre emigrante catalán y madre uruguaya, en su vida tuvo que luchar por la supervivencia y el reconocimiento de su arte, lo que le llevó a residir en numerosos lugares del mundo: Barcelona, Nueva York, Italia, Francia, Madrid y finalmente Montevideo.
[1] Joaquín Torres García, “Historia de mi vida”, Montevideo, Arca, 2000. p.72.
[2] Didier Calvar, “La Exposición Universal de Bruselas (1910): Una Vidriera Para los Logros del Batllismo”, Revista Encuentros Uruguayos, Vol.XIV, nº2, diciembre 2021, pág.18
[3] Joaquín Torres García, op. cit. p. 73
[4] Ibídem, p. 74