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935. SARAH GRILO (Buenos Aires, 1917 - Madrid, 2007)Sin título

Óleo sobre lienzo.
46 x 55 cm.
Firmado abajo dcha.
PROCEDENCIA:
Galería Jorge Mara, Madrid.
Colección particular.
 
Sarah Grilo nació en Buenos Aires en 1917 y estudió pintura en el taller del artista catalán Vicente Puig. Allí conoció al también artista José Antonio Fernández-Muro, con quien se casó en 1944.
 
En 1947, Sarah Grilo se trasladó con su marido y sus dos hijos a Madrid con intención de instalarse más tarde en París y en 1949 tuvo su primera exposición individual en la Galería Palma de Madrid, todavía en un estilo figurativo con rasgos cubistas.
 
En 1950 tuvieron que volver a Buenos Aires y en 1952, Grilo formó parte del “Grupo de Artistas Modernos de la Argentina”, creado por Aldo Pellegrini y en el que participaron los artistas más relevantes del arte concreto como: Enio Iommi, Tomás Maldonado, José Antonio Fernández-Muro, Lidy Prati, etc… exponiendo ese mismo año en la Galería Viau de Buenos Aires. También expuso en la II Exhibición Internacional Contemporánea de Nueva Delhi y en 1953 en el Museo Stedelijk de Ámsterdam, el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro y la II Bienal de São Paulo, Brasil.
 
En 1956 Sarah Grilo participó en la XXVIII Bienal de Venecia y en 1957 se trasladó a París, donde residió unos años.
 
En 1961, animada por Thomas Messer, director del Instituto de Arte Contemporáneo de Boston, Sarah Grilo solicitó una beca a la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, que le fue concedida y en 1962 se trasladó a Nueva York con su familia. Durante aquel tiempo expuso en la Paul Bianchini Gallery y la Byron Gallery de Nueva York, así como en la Obelisk Gallery en Washington D.C.
En Estados Unidos, Grilo abandonó su estilo abstracto concreto de los años 50 y comenzó a añadir a sus obras elementos del paisaje urbano que le rodeaba: desde los grafitis y garabatos que cubrían los muros de la ciudad, hasta los trazos de letras, números y símbolos de distintas fuentes y tipografías que se podían observar en los carteles publicitarios.
Una técnica que empezó a utilizar en esta época fue la de la transferencia al óleo. Grilo utilizó páginas arrancadas de las revistas (en particular de la famosa revista Life), las pintaba en el reverso con óleo, luego las colocaba sobre el lienzo y con ayuda de un objeto puntiagudo (posiblemente el dorso de su pincel) repasaba las siluetas de las tipografías impresas para transferir las formas a la superficie.
El uso de la técnica de la transferencia, utilizada extensamente por Robert Rauschenberg y Andy Warhol (en su caso con serigrafías), acerca la obra de Grilo, no solo a la abstracción sino también al arte pop.
 
En 1970 Grilo se mudó con su familia al sur de España, donde permaneció hasta 1979, alternando después sus estancias entre París y Madrid, ciudad a la que se trasladó definitivamente en 1985. En Madrid tuvo su primera exposición individual en 1972, en la Galería Juana Mordó, y posteriormente expuso en la Galería Iolas-Velasco (1974), la Galería Ruiz Castillo (1976) y la Galería Durban (1977), entre otras. También expuso en Buenos Aires, en la Galería Art (1977), y participó en una importante muestra en el San Francisco Museum of Modern Art titulada *Aesthetics of Graffiti* (1978).
 
En 1974, Damián Bayón, buen conocedor de su trabajo, escribió que Sarah Grilo “fue siempre la representante de la extrema sensibilidad cromática. Inventora de un sistema particular de signos que la situaba a mitad de camino entre lo que entonces empezaba a llamarse «abstracción lírica» y el rigor más descarnado de sus compañeros concretos”.
 
Grilo ha realizado exposiciones individuales y colectivas en numerosas galerías e instituciones de Estados Unidos, América Latina y Europa. Entre ellos se encuentran: el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires; el Museo de Bellas Artes, Caracas; el Instituto de Arte Contemporáneo, Lima; el Museo Solomon R. Guggenheim, Nueva York; la Fundación de Arte Cisneros Fontanals (CIFO), Miami; el Museo de Arte de las Américas, Washington D.C.; Colección Nelson Rockefeller, Nueva York; el Museo de Arte Blanton, Austin; el Museo de Arte Stedelijk, Ámsterdam; el Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid; y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, entre otros. En 2017, la obra de Grilo se mostró en la innovadora exposición del Museo de Arte Moderno (MoMA), Making Space: Women Artists and Postwar Abstraction. Más recientemente, su trabajo ha sido incluido en Action, Gesture, Paint | Women Artists and Global Abstraction 1940-70 en la Whitechapel Gallery de Londres y ahora se exhibe en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y en el MoMA, como parte de Calligraphic Abstraction, una de las galerías de la colección rotativa del museo.
 

Precio salida

15.000 €

935. SARAH GRILO (Buenos Aires, 1917 - Madrid, 2007)Sin título

Óleo sobre lienzo.
46 x 55 cm.
Firmado abajo dcha.
PROCEDENCIA:
Galería Jorge Mara, Madrid.
Colección particular.
 
Sarah Grilo nació en Buenos Aires en 1917 y estudió pintura en el taller del artista catalán Vicente Puig. Allí conoció al también artista José Antonio Fernández-Muro, con quien se casó en 1944.
 
En 1947, Sarah Grilo se trasladó con su marido y sus dos hijos a Madrid con intención de instalarse más tarde en París y en 1949 tuvo su primera exposición individual en la Galería Palma de Madrid, todavía en un estilo figurativo con rasgos cubistas.
 
En 1950 tuvieron que volver a Buenos Aires y en 1952, Grilo formó parte del “Grupo de Artistas Modernos de la Argentina”, creado por Aldo Pellegrini y en el que participaron los artistas más relevantes del arte concreto como: Enio Iommi, Tomás Maldonado, José Antonio Fernández-Muro, Lidy Prati, etc… exponiendo ese mismo año en la Galería Viau de Buenos Aires. También expuso en la II Exhibición Internacional Contemporánea de Nueva Delhi y en 1953 en el Museo Stedelijk de Ámsterdam, el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro y la II Bienal de São Paulo, Brasil.
 
En 1956 Sarah Grilo participó en la XXVIII Bienal de Venecia y en 1957 se trasladó a París, donde residió unos años.
 
En 1961, animada por Thomas Messer, director del Instituto de Arte Contemporáneo de Boston, Sarah Grilo solicitó una beca a la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, que le fue concedida y en 1962 se trasladó a Nueva York con su familia. Durante aquel tiempo expuso en la Paul Bianchini Gallery y la Byron Gallery de Nueva York, así como en la Obelisk Gallery en Washington D.C.
En Estados Unidos, Grilo abandonó su estilo abstracto concreto de los años 50 y comenzó a añadir a sus obras elementos del paisaje urbano que le rodeaba: desde los grafitis y garabatos que cubrían los muros de la ciudad, hasta los trazos de letras, números y símbolos de distintas fuentes y tipografías que se podían observar en los carteles publicitarios.
Una técnica que empezó a utilizar en esta época fue la de la transferencia al óleo. Grilo utilizó páginas arrancadas de las revistas (en particular de la famosa revista Life), las pintaba en el reverso con óleo, luego las colocaba sobre el lienzo y con ayuda de un objeto puntiagudo (posiblemente el dorso de su pincel) repasaba las siluetas de las tipografías impresas para transferir las formas a la superficie.
El uso de la técnica de la transferencia, utilizada extensamente por Robert Rauschenberg y Andy Warhol (en su caso con serigrafías), acerca la obra de Grilo, no solo a la abstracción sino también al arte pop.
 
En 1970 Grilo se mudó con su familia al sur de España, donde permaneció hasta 1979, alternando después sus estancias entre París y Madrid, ciudad a la que se trasladó definitivamente en 1985. En Madrid tuvo su primera exposición individual en 1972, en la Galería Juana Mordó, y posteriormente expuso en la Galería Iolas-Velasco (1974), la Galería Ruiz Castillo (1976) y la Galería Durban (1977), entre otras. También expuso en Buenos Aires, en la Galería Art (1977), y participó en una importante muestra en el San Francisco Museum of Modern Art titulada *Aesthetics of Graffiti* (1978).
 
En 1974, Damián Bayón, buen conocedor de su trabajo, escribió que Sarah Grilo “fue siempre la representante de la extrema sensibilidad cromática. Inventora de un sistema particular de signos que la situaba a mitad de camino entre lo que entonces empezaba a llamarse «abstracción lírica» y el rigor más descarnado de sus compañeros concretos”.
 
Grilo ha realizado exposiciones individuales y colectivas en numerosas galerías e instituciones de Estados Unidos, América Latina y Europa. Entre ellos se encuentran: el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires; el Museo de Bellas Artes, Caracas; el Instituto de Arte Contemporáneo, Lima; el Museo Solomon R. Guggenheim, Nueva York; la Fundación de Arte Cisneros Fontanals (CIFO), Miami; el Museo de Arte de las Américas, Washington D.C.; Colección Nelson Rockefeller, Nueva York; el Museo de Arte Blanton, Austin; el Museo de Arte Stedelijk, Ámsterdam; el Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid; y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, entre otros. En 2017, la obra de Grilo se mostró en la innovadora exposición del Museo de Arte Moderno (MoMA), Making Space: Women Artists and Postwar Abstraction. Más recientemente, su trabajo ha sido incluido en Action, Gesture, Paint | Women Artists and Global Abstraction 1940-70 en la Whitechapel Gallery de Londres y ahora se exhibe en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y en el MoMA, como parte de Calligraphic Abstraction, una de las galerías de la colección rotativa del museo.
 

Precio salida: 15.000 €

941. SALVADOR DALÍ (Figueras, 1904 - 1989)Estudio para la Divina Comedia, 1952

Acuarela sobre papel.
43 x 32,5 cm.
Firmado y fechado centro dcha.
EXPOSICIONES:
Madrid, Museo Español de Arte Contemporáneo y Barcelona, Palau Reial de Pedralbes, "400 obras de Salvador Dalí de 1914 a 1983", marzo - mayo 1983.
BIBLIOGRAFÍA:
Cat.exp. "400 obras de Salvador Dalí de 1914 a 1983", Ed.Ministerio de Cultura, Generalitat de Catalunya y Obra Cultural Caja de Pensiones, 1983, rep.col.pág.202, nºcat.358.
 
En 1949, el Gobierno italiano, a través del Istituto Poligrafico y la Libreria Dello Stato, encargó a Salvador Dalí la realización de una serie de ilustraciones para una edición monumental de la Divina Comedia de Dante Alighieri. El proyecto se inscribía en una larga tradición de interpretación visual del poema, a la que habían contribuido, entre otros, artistas como Sandro Botticelli, Miguel Ángel, William Blake y Gustave Doré. Dalí, profundamente familiarizado con la obra de Dante —en su biblioteca conservaba desde su infancia un volumen dedicado al poeta—, aceptó el encargo con entusiasmo.
Entre 1950 y 1952, el artista trabajó en el proyecto principalmente en su residencia de Portlligat. La importancia que concedía a la empresa queda patente en sus propias palabras:
«Me han encargado el trabajo para una edición italiana monumental y la quiero completar también en Cadaqués durante el verano. Es una obra que me atrae hasta la obsesión porque encuentro en ella los dos aspectos de mi propia vida. El libro me apasiona y ya tengo construido mi trabajo mentalmente». Salvador Dalí
El proyecto dio como resultado un conjunto de 100 acuarelas destinadas a ilustrar los 100 cantos de la Divina Comedia: 34 correspondientes al Infierno, 33 al Purgatorio y 33 al Paraíso. Las obras fueron ejecutadas mediante una técnica de acuarela de extraordinaria riqueza cromática, en la que Dalí combinó su imaginario surrealista con una iconografía estrechamente vinculada al universo dantesco.
En 1954, el conjunto (más una serie de cuadros y otros dibujos) fue presentado al público en el Palazzo Pallavicini de Roma y posteriormente expuesto en Venecia (Palazzo delle Prigioni) y Milán (Palazzo Reale). La recepción de la exposición fue, en términos generales, muy favorable, aunque el proyecto editorial suscitó una importante controversia en Italia. Diversos sectores políticos y medios de comunicación cuestionaron, entre otros aspectos, el elevado coste del encargo, la elección de un artista extranjero para un proyecto de carácter nacional y el supuesto carácter pornográfico de determinadas imágenes. Como consecuencia de la presión pública, el Gobierno italiano decidió finalmente cancelar el proyecto. Las acuarelas fueron devueltas a Dalí y el artista recibió únicamente una parte de la cantidad inicialmente estipulada.
La cancelación del encargo italiano no significó, sin embargo, el abandono del proyecto. Según el contrato firmado el 19 de junio de 1959, Dalí vendió al editor francés Joseph Forêt 103 acuarelas de la Divina Comedia por 35.000 dólares y el derecho a reproducirlas.
Forêt buscó el respaldo de una importante casa editorial y, el 31 de julio de 1959, cedió a Les Heures Claires, dirigida por Jean Estrade, los derechos de reproducción de un conjunto de 100 acuarelas.
Raymond Jacquet, con la colaboración de Jean Taricco, asumió la realización de los grabados en su taller de París, bajo la intervención directa de Dalí. El complejo y minucioso proceso de fotograbado sobre madera de resina requirió, en algunos casos, hasta 30 planchas por cada acuarela. El trabajo concluyó en noviembre de 1963 y, debido al elevado coste de producción de la edición, se decidió realizar una tirada de gran extensión.
La obra se publicó en una edición compuesta por seis volúmenes y un total de 4.765 ejemplares, impresos sobre papel Rives, en los que se reproducían las cien acuarelas: 34 correspondientes al Infierno, 33 al Purgatorio y 33 al Paraíso. La mayoría de los ejemplares se comercializó a un precio de 1.800 francos, aunque determinados ejemplares se ofrecieron a precios considerablemente superiores, que alcanzaron los 10.800 francos.
A esta edición se añadieron, además, 33 ejemplares reservados para Forêt. Entre estos, los numerados del I al XXI se comercializaron acompañados de algunas de las acuarelas originales. Así, el ejemplar identificado con el número I incluía nueve acuarelas originales y se ofrecía a un precio de 210.000 francos. En años posteriores se realizaron otras muchas ediciones de la obra en diferentes idiomas.
Para Dalí, la decisión de aceptar el encargo de la Divina Comedia no fue meramente circunstancial. El poema adquirió una dimensión particularmente personal dentro de su trayectoria artística y espiritual. El artista estableció un paralelismo entre el amor de Dante por Beatriz y el que él profesaba por Gala, convirtiendo así la experiencia amorosa y la figura femenina idealizada en uno de los ejes de su interpretación del poema. Del mismo modo, el viaje de Dante a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso podía ser entendido como una representación simbólica de un proceso de transformación espiritual.
El encargo coincidió, además, con un momento decisivo en la evolución personal y artística de Dalí. Tras los años transcurridos en Estados Unidos, su regreso a Europa estuvo acompañado de un renovado interés por la tradición católica y por la dimensión trascendente de la existencia. En este contexto, la estructura espiritual de la Divina Comedia ofrecía al artista un marco excepcional para proyectar sus propias inquietudes religiosas, filosóficas y existenciales. La obra de Dante se convirtió así no solo en una fuente literaria e iconográfica, sino también en un territorio de identificación personal.
Junto a las 100 acuarelas seleccionadas finalmente para la edición ilustrada, Dalí realizó otras composiciones que no llegaron a incorporarse al proyecto definitivo. Estas obras permiten aproximarse al proceso creativo del artista y documentan algunas de las diferentes soluciones iconográficas que exploró durante la elaboración de la serie. La presente acuarela, realizada en 1952, pertenece a este reducido grupo de composiciones no utilizadas y constituye, por ello, un testimonio particularmente significativo del proceso de concepción de la Divina Comedia daliniana.
La composición presenta un paisaje metafísico tipicamente surrealista. En primer plano aparece el poeta Virgilio, figura-guía de Dante durante su recorrido por el Infierno y el Purgatorio. Más al fondo, Dante se dispone a atravesar una puerta situada en una formación montañosa antropomórfica, cuya estructura recuerda un torso humano coronado con un reloj en el rostro.
La combinación de elementos anatómicos y temporales constituye una de las estrategias características del lenguaje visual de Dalí, en el que las formas reconocibles son sometidas a transformaciones que alteran su significado y generan asociaciones de carácter simbólico. La montaña convertida en cuerpo humano y el rostro-reloj introducen, además, una dimensión temporal y existencial que puede relacionarse con la concepción del viaje dantesco como tránsito y transformación.
Aunque no se ha podido establecer con certeza el canto concreto de la Divina Comedia al que corresponde la escena, la presencia de Virgilio como guía y la configuración de la montaña permiten relacionarla plausiblemente con el tránsito de Dante hacia el Purgatorio. Más allá de su posible identificación literaria precisa, la obra resulta especialmente reveladora por mostrar cómo Dalí no se limita a ilustrar literalmente el texto de Dante, sino que lo somete a un proceso de interpretación y transfiguración visual en el que convergen la iconografía medieval, la tradición artística occidental y los recursos propios del imaginario surrealista.

Precio salida

130.000 €

941. SALVADOR DALÍ (Figueras, 1904 - 1989)Estudio para la Divina Comedia, 1952

Acuarela sobre papel.
43 x 32,5 cm.
Firmado y fechado centro dcha.
EXPOSICIONES:
Madrid, Museo Español de Arte Contemporáneo y Barcelona, Palau Reial de Pedralbes, "400 obras de Salvador Dalí de 1914 a 1983", marzo - mayo 1983.
BIBLIOGRAFÍA:
Cat.exp. "400 obras de Salvador Dalí de 1914 a 1983", Ed.Ministerio de Cultura, Generalitat de Catalunya y Obra Cultural Caja de Pensiones, 1983, rep.col.pág.202, nºcat.358.
 
En 1949, el Gobierno italiano, a través del Istituto Poligrafico y la Libreria Dello Stato, encargó a Salvador Dalí la realización de una serie de ilustraciones para una edición monumental de la Divina Comedia de Dante Alighieri. El proyecto se inscribía en una larga tradición de interpretación visual del poema, a la que habían contribuido, entre otros, artistas como Sandro Botticelli, Miguel Ángel, William Blake y Gustave Doré. Dalí, profundamente familiarizado con la obra de Dante —en su biblioteca conservaba desde su infancia un volumen dedicado al poeta—, aceptó el encargo con entusiasmo.
Entre 1950 y 1952, el artista trabajó en el proyecto principalmente en su residencia de Portlligat. La importancia que concedía a la empresa queda patente en sus propias palabras:
«Me han encargado el trabajo para una edición italiana monumental y la quiero completar también en Cadaqués durante el verano. Es una obra que me atrae hasta la obsesión porque encuentro en ella los dos aspectos de mi propia vida. El libro me apasiona y ya tengo construido mi trabajo mentalmente». Salvador Dalí
El proyecto dio como resultado un conjunto de 100 acuarelas destinadas a ilustrar los 100 cantos de la Divina Comedia: 34 correspondientes al Infierno, 33 al Purgatorio y 33 al Paraíso. Las obras fueron ejecutadas mediante una técnica de acuarela de extraordinaria riqueza cromática, en la que Dalí combinó su imaginario surrealista con una iconografía estrechamente vinculada al universo dantesco.
En 1954, el conjunto (más una serie de cuadros y otros dibujos) fue presentado al público en el Palazzo Pallavicini de Roma y posteriormente expuesto en Venecia (Palazzo delle Prigioni) y Milán (Palazzo Reale). La recepción de la exposición fue, en términos generales, muy favorable, aunque el proyecto editorial suscitó una importante controversia en Italia. Diversos sectores políticos y medios de comunicación cuestionaron, entre otros aspectos, el elevado coste del encargo, la elección de un artista extranjero para un proyecto de carácter nacional y el supuesto carácter pornográfico de determinadas imágenes. Como consecuencia de la presión pública, el Gobierno italiano decidió finalmente cancelar el proyecto. Las acuarelas fueron devueltas a Dalí y el artista recibió únicamente una parte de la cantidad inicialmente estipulada.
La cancelación del encargo italiano no significó, sin embargo, el abandono del proyecto. Según el contrato firmado el 19 de junio de 1959, Dalí vendió al editor francés Joseph Forêt 103 acuarelas de la Divina Comedia por 35.000 dólares y el derecho a reproducirlas.
Forêt buscó el respaldo de una importante casa editorial y, el 31 de julio de 1959, cedió a Les Heures Claires, dirigida por Jean Estrade, los derechos de reproducción de un conjunto de 100 acuarelas.
Raymond Jacquet, con la colaboración de Jean Taricco, asumió la realización de los grabados en su taller de París, bajo la intervención directa de Dalí. El complejo y minucioso proceso de fotograbado sobre madera de resina requirió, en algunos casos, hasta 30 planchas por cada acuarela. El trabajo concluyó en noviembre de 1963 y, debido al elevado coste de producción de la edición, se decidió realizar una tirada de gran extensión.
La obra se publicó en una edición compuesta por seis volúmenes y un total de 4.765 ejemplares, impresos sobre papel Rives, en los que se reproducían las cien acuarelas: 34 correspondientes al Infierno, 33 al Purgatorio y 33 al Paraíso. La mayoría de los ejemplares se comercializó a un precio de 1.800 francos, aunque determinados ejemplares se ofrecieron a precios considerablemente superiores, que alcanzaron los 10.800 francos.
A esta edición se añadieron, además, 33 ejemplares reservados para Forêt. Entre estos, los numerados del I al XXI se comercializaron acompañados de algunas de las acuarelas originales. Así, el ejemplar identificado con el número I incluía nueve acuarelas originales y se ofrecía a un precio de 210.000 francos. En años posteriores se realizaron otras muchas ediciones de la obra en diferentes idiomas.
Para Dalí, la decisión de aceptar el encargo de la Divina Comedia no fue meramente circunstancial. El poema adquirió una dimensión particularmente personal dentro de su trayectoria artística y espiritual. El artista estableció un paralelismo entre el amor de Dante por Beatriz y el que él profesaba por Gala, convirtiendo así la experiencia amorosa y la figura femenina idealizada en uno de los ejes de su interpretación del poema. Del mismo modo, el viaje de Dante a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso podía ser entendido como una representación simbólica de un proceso de transformación espiritual.
El encargo coincidió, además, con un momento decisivo en la evolución personal y artística de Dalí. Tras los años transcurridos en Estados Unidos, su regreso a Europa estuvo acompañado de un renovado interés por la tradición católica y por la dimensión trascendente de la existencia. En este contexto, la estructura espiritual de la Divina Comedia ofrecía al artista un marco excepcional para proyectar sus propias inquietudes religiosas, filosóficas y existenciales. La obra de Dante se convirtió así no solo en una fuente literaria e iconográfica, sino también en un territorio de identificación personal.
Junto a las 100 acuarelas seleccionadas finalmente para la edición ilustrada, Dalí realizó otras composiciones que no llegaron a incorporarse al proyecto definitivo. Estas obras permiten aproximarse al proceso creativo del artista y documentan algunas de las diferentes soluciones iconográficas que exploró durante la elaboración de la serie. La presente acuarela, realizada en 1952, pertenece a este reducido grupo de composiciones no utilizadas y constituye, por ello, un testimonio particularmente significativo del proceso de concepción de la Divina Comedia daliniana.
La composición presenta un paisaje metafísico tipicamente surrealista. En primer plano aparece el poeta Virgilio, figura-guía de Dante durante su recorrido por el Infierno y el Purgatorio. Más al fondo, Dante se dispone a atravesar una puerta situada en una formación montañosa antropomórfica, cuya estructura recuerda un torso humano coronado con un reloj en el rostro.
La combinación de elementos anatómicos y temporales constituye una de las estrategias características del lenguaje visual de Dalí, en el que las formas reconocibles son sometidas a transformaciones que alteran su significado y generan asociaciones de carácter simbólico. La montaña convertida en cuerpo humano y el rostro-reloj introducen, además, una dimensión temporal y existencial que puede relacionarse con la concepción del viaje dantesco como tránsito y transformación.
Aunque no se ha podido establecer con certeza el canto concreto de la Divina Comedia al que corresponde la escena, la presencia de Virgilio como guía y la configuración de la montaña permiten relacionarla plausiblemente con el tránsito de Dante hacia el Purgatorio. Más allá de su posible identificación literaria precisa, la obra resulta especialmente reveladora por mostrar cómo Dalí no se limita a ilustrar literalmente el texto de Dante, sino que lo somete a un proceso de interpretación y transfiguración visual en el que convergen la iconografía medieval, la tradición artística occidental y los recursos propios del imaginario surrealista.

Precio salida: 130.000 €

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